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Los Movimientos

Por Marcos Gendre 2

Solo levemente reconocido a través de los gigantescos Migala, Abel Hernández, ideólogo y corazón de este proyecto, pertenece a ese club selecto de malditos que, como David Fernandez y Tito Pintado, nos han ofrecido algunos de los momentos más importantes de la música nacional durante las últimas décadas. Y es que un tipo con al menos un póker de obras maestras en su haber debería tener, como mínimo, un mayor apoyo por parte de las parroquias indies.

Para esta ocasión, tras el infravaloradísimo Madrileña (2010), El Hijo vuelve a tomar forma pero esta vez movido por una nueva luz, más panorámica y poderosa. Este cambio vital, se basa en un trasvase de los subyugantes aromas acústicos, con voz en primer plano, que poblaban su anterior Lp por una nueva aclimatación instrumental bajo nubes de electricidad sintetizada que, se acoplan como guante blanco al formato de corazón clásico del que parten y queda perfectamente expuesto en las tomas acústicas de cada uno de los cortes por medio de un providencial anexo al disco principal que da mayor sentido a un temario, ya de por sí sobresaliente.

Escapando de los preceptos que limitan a un artista al considerarlo “cantautor”, mediante un derramaje que ni Induráin, para esta ocasión, no solo se pierde la voz entre el fastuoso entramado sonoro perpetrado sino que, además, las letras se vuelven menos narrativas, más simbólicas y de una fisicidad – esas continuas referencias a los elementos naturales – que aportan aún más fuerza a las ondas expansivas de vibrante pop majestuoso que se escapan de “Extereorización del Cuerpo Astral”, “Petrificado”, “Remolino” o “Buscando el Sol”, sin duda, algunos de los cortes más emocionantes que se hayan podido escuchar en estos últimos años.

Una especie de primo lejano del excelso “Desde la Montaña más Alta del Mundo” (2002) de Mercromina, la última prueba discográfica de El Hijo amplia el radio de acción de Abel Hernández hasta niveles dentro de los que solo unos pocos elegidos se pueden mover con paso firme, y para la que se ha acompañado de sus habituales en directo en su elaboradísima confección.

Una de esas obras sin fecha de caducidad, a la que nos tiene tan mal acostumbrados, con “Los Movimientos” hay que agradecerle a Abel, más que nunca, este atrevido paso adelante tras los continuos problemas que sufrió en la publicación de Madrileña, estando nueve meses en la nevera, y que, incluso, le hizo plantearse el seguir dentro del mismo panorama musical que tanto le debe.

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