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Gotas de sudor caen por Siroco

Por Ignacio Sánchez 1

El trío de Toronto convence en su primera parada en España, reflejando sobre el escenario las buenas sensaciones del disco.

Metz llegaron a Madrid, montaron su equipo, se tomaron apenas un par de cervezas, se fumaron un par de cigarros a las puertas de la sala Siroco mientras un centenar de personas esperaban ansiosos, entraron, tocaron y sudaron durante algo más de media hora y se marcharon. Así de simple, así de rápido, así de eficaz.

La cita con la banda canadiense era más que esperada por una parroquia que consiguió agotar las entradas de la sala madrileña con días de antelación, y eso a pesar de haberse confirmado su presencia en el Primavera Sound, donde tocará ver si su propuesta golpea y caldea el ambiente igual que en las distancias cortas. Y es que Metz consiguieron que la pequeña sala se convirtiera en un horno desde el primer minuto con esa propuesta ruda mezcla entre hardcore y punk, con mucho aroma de los 90.

por Ignacio Sánchez
por Ignacio Sánchez

Sin previo ni ostias, Metz salieron al escenario para darlo todo y más con “Knife in the water” como bomba incendiaria. Con una puesta en escena sin ornamentos, apenas iluminados por unos pequeños focos puestos a sus pies creando un juego de sombras bastante efectista pero una pesadilla para poder hacer fotos, Metz fueron desgranando un debut tan contundente y agresivo como su directo, sin apenas pausas entre temas, sin apenas un respiro que hiciera flaquear una propuesta que se basa principalmente en la pegada dura de unos temas simples e inmediatos. Así fueron cayendo “Negative Space”, “Get Off” o “Dirty Shirt”, esta última incluida en un single aparte del debut. Una pena que se dejaran “Leave me out”.

Con un Alex Edkins hipermotivado (subiéndose un par de veces al bombo de la batería) y comunicativo, que sudó todo lo que tenía dentro llegando a crear un charco al lado de sus pedales, el público sentía aún más cercana la presencia de la banda que tocó alto, como requiere su música. Y mientras Alex se iba secando a cada grito, a cada movimiento, Hayden no dejaba de torturar la batería a base de bien, golpes potentes que en más de una ocasión parecían que iban a disparar las baquetas a unas primeras filas donde los mayores entusiastas de los canadienses volvían a pedir que tocaran “Wasted”, deseo concedido en parte como guiño cuando Alex comenzó a tocarla de nuevo.

“Headache” y “Wet Blanked”, dos de sus mejores temas sirvieron para ir enfilando la recta final de una noche breve pero intensa donde la rabiosa “Rats” sirvió de punto y final a la espera de un bis que nunca llegó y que hubiera sido el culmen, aun en detrimento de nuestros doloridos oídos.

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