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El grito de Cronin

Por Ángel García 0

Tras el éxito de su debut homónimo, el protegido de Ty Segall, Mikal Cronin, nos sorprende con su segundo disco MCII y su mezcla de garage-rock, algo de sentimiento pop y psicodelia, en el que nos arrastra por un viaje a través de la vida, sus baches, sus altibajos, sus idas y venidas y la ardua tarea de cómo adaptarse al cambio.

Desde el comienzo del disco, encontramos en Weight a un Mikal Cronin de 27 años, apesadumbrado por su incapacidad de seguir adelante, sintiéndose atascado por el propio peso de sus elucubraciones, deseoso de amor y todos sus altibajos, que se muestran en forma de cambios de ritmo en el tema. ¿Debería gritar todas estas inseguridades al aire o debería guardármelas y dejar que todo pase?, se pregunta en el segundo corte del disco “Shout It Out”. Todos nos hallamos en algún momento de nuestra vida en la encrucijada de no saber quién es quién o si uno mismo es quien quiere creer que es, de modo que entre el frenetismo psicodélico del disco es bueno saber que hay un momento en el que podemos dejar de huir y aprovechar las enseñanzas y la experiencia que nos otorgan los malos ratos, que nos canta calmada, a la par que enérgicamente, en “I´m Done Running From You”.

Entre toda esta euforia hay repartida algo de calma, lo cual es útil, saber que no todo va a ser siempre rabia, desesperación y energía contra los malos tiempos; ayuda encontrarse con momentos de calma, en ocasiones pacífica y etérea como en “Peace of Mind” en la que nos mece un violín o en ocasiones una calma más azul pero en la que ya sabemos que lo mejor será regresar al hogar (“Piano Mantra”) o anti-pérdida, en la que un hombre se desnuda dejando de vestimenta tan solo la guitarra y su voz para que no desaparezca un amor que nunca llegó a crecer del todo. Y si algo deja claro la canción más representativa de la temática del disco, “Change”, es que aunque no tengamos la certeza de que podamos avanzar, podemos aprender a encontrar algo que nos de fe y fuerzas para seguir adelante, con la fuerza con la que nos impulsa una viola esperanzadora entre el frenesí de guitarras confusas.

Así que, si algo podemos sacar en claro de este MCII, es que no debemos dejar que nada nos paralice, que la vida es cambio y somos pasajeros de este tren existencialista; siempre podemos volcar esas desilusiones en el arte para crear algo tan recomendable de escuchar como este disco tan frenético, pacífico y bailable por etapas: como la vida misma.

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