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Yeah Yeah Yeahs – Mosquito: Picadura de la mosca tse tse

Por Ignacio Sánchez 0

Yeah Yeah Yeahs - Mosquito

Pillamos unos cuantos tomates picados, echamos unos trozos de manzana, algo de leche, un chorreón de aceite y una pizca de sal. Todo esto en la Thermomix, velocidad cuchara, temperatura 90º, giro a la izquierda y 10 minutos. Esta mezcla de sabores y colores es lo que tuvo que tener Karen O a la hora de parir Mosquito, el cuarto álbum de unos Yeah Yeah Yeahs que andaban guardando silencio desde su movidito It’s Blitz del 2009.

Parece que tanto tiempo dedicado a descansar, además de dedicarlo a otros proyectos, no le ha sentado bien del todo al trío neoyorquino en el que es el primer patinazo gordo de su carrera. Y es que la indefinición de la que hace gala Mosquito hace difícil que el disco termine de atraparte por muchas vueltas que le des. El adelanto y primer tema del álbum, “Sacrilege”, puso los ojos como plato y a más de uno nos hacía frotar las manos. Karen volvía a sonar seductora y el acompañamiento góspel no hace sino ensalzar un enorme final. Hasta aquí lo mejor de Mosquito.

A partir de ahí minutaje tirado por la borda, suma de canciones sin alma, sin gancho, temas que dentro de una semana ni recordarás, y te harán pensar dónde cojones se ha ido toda la fuerza con la que hace ya diez años la banda llegó a nuestras vidas. Ya no es pedir una nueva “Date with the night”, “Y Control”, Gold Lion”, “Cheated Hearts” o algún tema bailable como en su anterior entrega, es simplemente tener algo de dignidad y no escupir las cuatro locuras que se te pasan por la cabeza. Así es como debemos entender que tras la expectación de la citada “Sacrilege” nos introduzcamos en el sueño de “Subway”, prosigamos con “Under the earth”, “These Paths”, “Always”… un goteo incesante que rompe los breves giros que nos presenta el disco, como si Karen y compañía no quisieran que despegase la música, colocándole una bola de plomo y tirándola al fondo del mar.

Entre medias observamos restos de un punk edulcorado que no es ni la sombra de su glorioso pasado. Nos referimos a “Mosquito” y “Area 52”, dos canciones que hubieran servido como relleno en anteriores entregas o quizá como caras B en singles y que aquí se presentan como los momentos más desmelenados de la banda. Para echarse a temblar. “Buried Alive”, con la colaboración de Dr. Octagon, a mitad de trayecto ya ni excita ni estimula, llegas tan cansado a esas alturas del álbum que ya como si samplean a una cabra. Al menos, y por intentar verle un rayo de optimismo (en realidad es por el cariño que le tengo a Yeah Yeah Yeahs), al final aparece “Dispair” y su aire optimista, un bofetón tras tanto valium musical.

Esperemos que alguien les dé un toquecito de atención a los tres de Nueva York para que despierten y se dejen de pantomimas, por su bien, que nosotros en este tiempo ya hemos encontrado otros que parece que sí se lo han tomado en serio.

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