Entrevista a Casimiro Fernández (Festival del Patio – Diputación Sevilla)
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Entrevistamos al Diputado de cultura y ciudadanía de la Diputación de Sevilla con motivo de una nueva edición del Festival del Patio.
El Festival del Patio + Metrópolis está empezando a construir una identidad propia ¿Podría indicarnos cómo y con qué equipo se concretan las propuestas, con qué línea editorial, con las que trabaja el Festival para la elaboración de carteles de un año a otro?¿Qué debe tener un artista para entrar en vuestro radar? ¿Existe una línea artística reconocible detrás del cartel o buscáis deliberadamente públicos muy diferentes?
Al frente de la organización del Festival del Patio + Metrópolis está el Área de Cultura y Ciudadanía de la Diputación, con nuestras técnicas coordinando toda la maquinaria que hace posible el festival. A partir de ahí, determinados servicios, como la producción o la comunicación, se articulan mediante licitaciones abiertas a las empresas que quieran concurrir. También hemos querido que la identidad visual del festival dialogue con nuestro territorio. Por eso, los carteles de estas tres ediciones han estado en manos de Javier Infante del Rosal, Seleka y María Hesse, tres grandes nombres vinculados de una u otra manera a nuestra provincia.
En cuanto a la programación, creo que basta con mirar el listado de artistas de estas tres ediciones para entender la intención: llegar al mayor número de personas posible, con especial atención a la juventud, pero sin encerrarnos en un único público o estilo. Que en un mismo festival convivan Luz Casal y La Plazuela dice bastante de esa voluntad. Lo que sí tenemos muy claro es la línea de fondo: ofrecer grandes artistas y espectáculos musicales de primer nivel, pero hacerlo fuera de Sevilla capital, acercándolos a distintos rincones de la provincia. Queremos que la cultura también ocurra cerca de la gente, y que el territorio sea parte de esa experiencia.
El eclecticismo como decisión. En una misma edición conviven Los Planetas, Morgan, Repión o La Plazuela con Pablo López, Luz Casal, Abraham Mateo o Café Quijano ¿Hasta dónde puede llegar esa transversalidad sin que el festival pierda personalidad?
Creo que justamente es lo contrario: el eclecticismo es una de las principales fortalezas del festival y forma parte de su personalidad. En solo tres años, EL PATIO + METRÓPOLIS ha conseguido despertar el interés de públicos muy diferentes y de edades muy variadas. La gente está pendiente de cada nueva edición porque sabe que, dentro de una programación tan amplia, probablemente va a encontrar a alguien que le interese. Y eso es algo que nos parece muy positivo. No queremos que el festival tenga una única etiqueta ni que se dirija exclusivamente a un determinado público. Queremos que sea un punto de encuentro de diferentes generaciones. Que puedan convivir Los Planetas, Morgan, Abraham Mateo o La Plazuela con Pablo López, Luz Casal o Café Quijano no diluye la identidad del festival; al contrario, la define.
Los Planetas pertenecen ya a la historia de la música independiente española, pero representan una cultura que durante mucho tiempo estuvo precisamente en los márgenes ¿Qué significa que una institución pública programe hoy a una banda que nació al margen de las instituciones?
Creo que precisamente ahí está una de las cosas interesantes de la cultura y es su propia evolución: los márgenes de ayer pueden acabar formando parte de la cultura “institucional” (por llamarlo de alguna manera) de hoy. Los Planetas son un buen ejemplo. Nacieron en el circuito independiente de los años noventa y terminaron convirtiéndose en una de las bandas fundamentales de la música española. De hecho, en 2024 recibieron la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, un reconocimiento que confirma la dimensión cultural que ha alcanzado su trayectoria.
Que la Diputación de Sevilla les programe no significa que queramos apropiarnos de ese camino recorrido ni transformar su identidad. Significa que somos capaces de reconocer el valor de la cultura que nace fuera de los circuitos tradicionales y que le damos espacio en una programación pública. Y esto encaja perfectamente con la filosofía de EL PATIO + METRÓPOLIS: abrir la programación a propuestas y artistas diferentes, sin establecer fronteras artificiales entre lo institucional, lo independiente, lo popular o lo contemporáneo.
Cultura a 5 o 10 euros. Habéis defendido la cultura como un derecho. En un momento en el que asistir regularmente a conciertos empieza a convertirse casi en un lujo ¿debe la administración intervenir para corregir esa barrera económica?
Sí, creemos que la administración tiene que intervenir cuando existe una barrera que impide a parte de la ciudadanía acceder a un derecho reconocido como es el derecho a la cultura. Y una de esas barreras, no la única evidentemente, puede ser la económica. Ahora bien, EL PATIO + METRÓPOLIS no nace para competir con las productoras privadas ni creemos que lo esté haciendo. Son ámbitos que pueden convivir y que cumplen funciones diferentes. Nosotros tenemos muy claro cuál es nuestro objetivo: que el precio no sea un impedimento para que cualquier persona de nuestra provincia pueda disfrutar de artistas y espectáculos de primer nivel cerca de su municipio.
El presidente de la Diputación tiene muy claro que la Cultura es uno de los pilares fundamentales de su Gobierno. Y compartimos una idea que para nosotros es esencial: cada euro que se destina a Cultura no es un gasto, sino una inversión. Una inversión en una ciudadanía más crítica, más formada y, en definitiva, en una provincia mejor. Por eso hablamos de cultura como un derecho. Si el precio es una barrera, desde lo público tenemos la responsabilidad de intentar que esa barrera sea lo más baja posible.
Un concierto de un artista importante por cinco o diez euros es extraordinario para el público. Pero un promotor privado difícilmente puede competir con esos precios ¿Dónde está la frontera entre democratizar el acceso a la cultura y distorsionar el mercado?
Como señalábamos antes, EL PATIO + METRÓPOLIS no viene a competir con los promotores privados, sino a complementar la agenda cultural de la provincia. Se está demostrando de hecho que hay espacio para ambas realidades y que la existencia de una no pone en riesgo a la otra. Por contextualizarlo bien, estamos hablando de nueve conciertos repartidos por seis municipios de la provincia, frente a los cientos y cientos de conciertos que programan cada año los promotores privados en nuestra provincia. La dimensión del proyecto deja bastante claro que no existe una voluntad de ocupar ese espacio ni de competir con él.
El objetivo de la Diputación es otro, como ya hemos dicho: utilizar los recursos públicos para garantizar que el precio no sea una barrera y, además, llevar propuestas culturales de primer nivel a lugares donde quizá no llegarían de otra manera. No queremos sustituir la iniciativa privada, queremos sumar y ampliar la oferta cultural de la provincia.
¿Puede una institución pública permitirse programar algo que, en este caso no aplica, sabe de antemano que probablemente no va a llenar? ¿Qué espacio queda para el riesgo artístico cuando se gestiona dinero público?
En este caso, efectivamente, no aplica: la mayoría de las entradas se agotaron en cuestión de minutos en todos los conciertos. Pero la pregunta es oportuna porque, como bien dices, no siempre ocurre así. Personalmente, creo que las administraciones públicas sí deben asumir cierto riesgo a la hora de programar. La cultura evoluciona precisamente porque hay artistas que experimentan, que prueban nuevos lenguajes y nuevos formatos. Si desde lo público no estamos dispuestos a asumir ningún riesgo, ¿Quién lo va a hacer?
Eso sí, arriesgar no significa gestionar sin criterio. Tenemos la obligación de administrar con el máximo respeto cada céntimo de dinero público. Pero también tenemos la responsabilidad de apostar por lo emergente y por propuestas que quizá todavía no tienen un público masivo. Si solo programáramos aquello que sabemos de antemano que va a llenar, estaríamos haciendo otra cosa, no política cultural. Y hay otro factor importante: muchas veces, cuando una propuesta cultural no funciona en términos de público, no significa necesariamente que no interese. En un contexto de sobreinformación como el actual, las administraciones tenemos también el reto de conseguir que nuestra programación llegue a las personas a las que realmente puede interesar. Ahí tenemos mucho margen de mejora todas las administraciones y es una parte de nuestro trabajo que también debemos asumir.
Sevilla ha producido escenas musicales extraordinariamente fértiles, desde el flamenco y el rock andaluz hasta la electrónica y el indie. Sin embargo, muchos músicos siguen mirando hacia Madrid para desarrollar profesionalmente sus proyectos ¿Qué cree que le falta al ecosistema musical sevillano? Y ya que estamos ¿entiendo que conocía y ha tenido relación con el tristemente fallecido Ricardo Pachón?
No tuve una relación personal con Ricardo Pachón, pero, por supuesto, conozco su trayectoria y su importancia para la música andaluza. Su fallecimiento es una gran pérdida para nuestra cultura y para la música de nuestro país. Personas como él han demostrado que desde Andalucía se pueden generar discursos musicales con sello propio, innovadores y capaces de quedarse en la memoria colectiva de muchas generaciones. Creo, además, que estamos viviendo un momento interesante. Hay un resurgir de lo andaluz como elemento diferenciador y de calidad, y estamos ganando autoestima cultural, digamos. Nos lo estamos creyendo más. Y eso es importante, porque durante mucho tiempo parecía que para que un proyecto tuviera recorrido había que mirar necesariamente hacia Madrid.
Las nuevas tecnologías también están cambiando mucho ese escenario. Hoy un artista puede producir, promocionar y dar a conocer su trabajo desde Sevilla de una manera que hace unos años era mucho más difícil. Desde las administraciones tenemos que contribuir a que ese ecosistema siga creciendo. No podemos garantizar que nadie tenga que marcharse, porque cada artista debe tomar sus propias decisiones, pero sí debemos trabajar para que marcharse no sea una necesidad.
Hay una diferencia importante entre contratar artistas consolidados y ayudar a construir una escena. ¿Debería un festival financiado con dinero público reservar parte de su programación para artistas emergentes, aunque todavía no tengan capacidad para vender miles de entradas? ¿sería viable un festival “paralelo” donde poder apoyar a esta escena de artistas menos conocidos o integrarlos como “teloneros” de los más conocidos?
Poner en marcha un festival como EL PATIO + METRÓPOLIS para una institución como la Diputación de Sevilla no ha sido sencillo. Hay mucho trabajo detrás y creo que, si comparamos esta tercera edición con la primera, hemos mejorado mucho. Pero el festival no es un producto cerrado: está vivo, abierto a cambios y a mejoras. En una primera etapa teníamos muy claro que lo importante era consolidar el formato, conseguir que el festival funcionara y que el público lo hiciera suyo. Una vez conseguido eso, queremos seguir creciendo, y una de las líneas que tenemos claro que debemos explorar es precisamente dar más cabida a los artistas emergentes de nuestra provincia. Queremos estudiar bien cómo podemos hacerlo.
Además, la Diputación no concentra su programación musical únicamente en EL PATIO + METRÓPOLIS. A través del Circuito 107 Cultural y del CIPAEM llevamos música a todos los municipios y damos cabida a muchas agrupaciones y artistas de la provincia. Por tanto, la apuesta por los nombres consolidados y el apoyo a quienes están empezando no son caminos incompatibles. Tenemos que seguir trabajando para que convivan y, sobre todo, para que los artistas de Sevilla tengan cada vez más oportunidades de mostrar su trabajo y de crecer aquí.
Los grandes festivales han sido fundamentales para popularizar la música independiente, pero también asistimos a una creciente concentración empresarial y a carteles cada vez más similares. ¿Existe el riesgo de que la industria de festivales termine empobreciendo precisamente aquello que hizo interesante a la música independiente?
Creo que el riesgo existe si todos los festivales terminan buscando exactamente al mismo público y construyendo sus carteles con una lógica exclusivamente comercial. Cuando eso ocurre, es evidente que puede producirse una cierta homogeneización y que propuestas más pequeñas o menos conocidas tengan cada vez menos espacio. Pero creo que el formato festival, por sí mismo, no tiene la culpa. Un festival puede ser precisamente una herramienta extraordinaria para descubrir artistas y acercar propuestas diferentes a públicos que quizá nunca se acercarían a ellas por separado.
España vive uno de los momentos de mayor consumo de música en directo de su historia y, paradójicamente, muchas salas pequeñas continúan teniendo enormes dificultades. ¿Tenemos realmente una industria musical saludable o tenemos, sobre todo, una industria saludable de grandes eventos? ¿en que medida las instituciones públicas apoyan o pueden apoyar este tipo de emprendimientos de tanto riesgo?
Sin ser un experto en la industria musical, sí tengo la sensación de que existe un desequilibrio importante, no solo entre los grandes nombres y los artistas que están empezando, sino también entre los grandes eventos y las salas pequeñas que sostienen buena parte del tejido musical durante todo el año. El hecho de que vivamos un momento extraordinario de consumo de música en directo no significa necesariamente que todos los que forman parte de esa cadena estén en una situación igual de saludable o se estén beneficiando de las misma manera. Hay una enorme distancia entre los primeros espadas y los grupos que todavía están tocando en bares o salas pequeñas, y creo que ocurre algo parecido con los espacios.
Ahí las administraciones públicas, y hablo en general porque soy consciente que desde Diputación no podemos abarcarlo todo, tenemos que hacer nuestra parte. No podemos sustituir al sector privado ni garantizar el éxito de un proyecto empresarial, pero sí podemos generar condiciones para que quienes asumen ese riesgo tengan más oportunidades: apoyar a los artistas emergentes, facilitar espacios, programar en los municipios y respaldar iniciativas que contribuyan a mantener vivo ese tejido cultural. Al final, creo que el reto es precisamente ese: que pueda convivir el éxito de los grandes eventos con una industria cultural de base digna que permita el florecimiento de proyectos más humildes.
Olvidémonos por un momento del diputado de Cultura ¿Cuál fue el último concierto al que Casimiro Fernández fue pagando su propia entrada y qué disco recuerda haber escuchado obsesivamente durante una época de su vida? ¿Qué escucha Casimiro Fernández actualmente?
El último concierto fue el de Manuel Carrasco en La Cartuja. Lo cierto es que no me decanto por un único género, pero si algún grupo me acompaña desde hace mucho, ese es Coldplay.
Dentro de diez años, ¿qué tendría que haber ocurrido para que usted pudiera decir que el Festival del Patio + Metrópolis cambió realmente la cultura musical de Sevilla y no fue simplemente una sucesión de buenos conciertos?
Sería una buena señal que dentro de diez años EL PATIO + METRÓPOLIS siguiera en marcha. En muchos ámbitos de la vida, y especialmente en el mundo cultural, hay que ser conscientes de que la continuidad nunca está garantizada. Incluso los proyectos que nacen desde las administraciones públicas están sujetos a cambios y a distintas etapas, dependiendo de quiénes estén al frente. En estos tres años hemos avanzado mucho. El festival se ha hecho un hueco en la provincia, la marca se ha asentado y miles de personas esperan ya cada año conocer quiénes van a formar parte de la programación. Creo que conseguir esa expectativa y esa confianza del público es, en sí mismo, un primer paso importante para decir que este festival ha llegado para quedarse.
Pero dentro de diez años me gustaría que pudiéramos decir algo más: que EL PATIO + METRÓPOLIS no solo ha llevado grandes conciertos a la provincia, sino que ha contribuido a generar una mayor conexión con nuestro ecosistema musical, dando oportunidades a artistas, creando nuevos públicos y ayudando a que la música en directo tenga cada vez más presencia en nuestros municipios. Y no tiene que ser la Diputación la protagonista de esto, pueden ser los propios ayuntamientos los que se animen a llevar la batuta. Soy optimista. Creo que vamos en la buena dirección. Ahora tenemos que seguir trabajando para que el público siga confiando en la calidad de lo que ofrecemos y para que el festival siga creciendo sin perder aquello que lo ha hecho reconocible.
Muchas gracias por su tiempo y ¡Que viva la cultura!

