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Un sereno adiós para J. J. Cale

Por Jose Eduardo Medina 0

El músico americano JJ Cale en el Teatro Carre, Ámsterdam in 1974 / Gijsbert Hanekroot/Redferns/Getty Images

A los 74 años de edad, en un hospital de La Jolla, California, un fallo cardíaco nos dejaba, la mañana del pasado viernes, sin el hombre más tranquilo del sonido Tulsa.

John Weldon Cale siempre había permanecido en la sombra, incluso hasta la noticia de su muerte nos ha llegado de forma esquiva. Nacido en Oklahoma City, a final de los años 30, se crió en la cercana ciudad de Tulsa entre el rock de estilo country y el blues. Inició su carrera en la música por vocación. Sin esperar uno ingresos económicos que le permitieran sobrevivir, a lo largo de la década de los cincuenta compaginó sus conciertos en bares con trabajos como repartidor de flores, cocinero o chico del ascensor.

Aprendió a manejar las cuerdas de la guitarra de forma autodidacta, a través de grabaciones y de otros jóvenes músicos con los que había coincidido en Tulsa. Siguiendo los pasos de dos de ellos, el pianista Leon Russell y el bajista Carl Radie, llegó a Los Ángeles en 1964. Allí comenzó a trabajar de productor de varias bandas, hasta que colaboraría y produciría con varios amigos, agrupados bajo el nombre The Leathercoated Minds, A Trip Down the Sunset Strip (Viva, 1967), un disco muy cercano a la psicodelia.

Fue su último intento, después de haber probado también con el blues o el jazz e incluso como cantante de country, sin obtener recompensa. De vuelta a Tulsa, centrándose en la composición, el inesperado despegue de su música comenzó con After Midnight. Compuesta para el álbum debut de Eric Clapton, su éxito le proporcionó el merecido reconocimiento de la industria y un aval para la grabación del primer disco con el apoyo de Shelter Records. Naturally (Shelter Records, 1971), pieza clave en la historia del rock americano, tuvo un éxito de ventas inmediato, Crazy Mama llegó al número 22 de canciones más escuchadas.

Sólido punto de partida para una carrera en la cual puso voz para sus propias letras, pero siempre prefirió la composición y el trabajo en el estudio a los escenarios. Apasionado de la guitarra, dedicado incluso a fabricarse las suyas propias, dejó una estela de canciones de un difuso estilo cercano al blues, sencillo, basado en cambios entre dos o tres acordes y ritmos pausados, con alguna incursión en las rápidas melodías del country.

Permaneció, por voluntad propia, alejado de las frenéticas carreras de otros amigos músicos. De su mano salió Cocaine, incluida en Troubadour (1976, Shelter Records), pero no convertida en himno para la juventud hasta la versión de Eric Clapton para abrir el Slowhand (RSO, 1977). Por eso, siempre decía que él era una persona destinada a permanecer en segundo plano. ‘La gente ha escuchado mi música, pero todas mis canciones famosas han sido popularizadas por otros‘.

Ocurrió lo mismo con Call Me The Breeze, con una amplia lista de versiones iniciada por Lynyrd Skynyrd, hasta ser rescatada bajo el título de Run, por Jason Pierce, en el primer disco de la recién fundada Spiritualized a principio de los noventa. Su influencia también fue fundamental para el sonido de los ingleses Dire Straits. Sin interés en competir, a él le divertía que otros triunfaran con sus hallazgos.

La despedida ha sido tan calmada como su vida, la cual pasó, rodando de un camping a otro, en la caravana donde le gustaba vivir largas temporadas. Marchándose sin apenas hacer ruido.

 

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