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Foals va como un tiro

Por Ross Gallagher 0

En una fecha, 27 de octubre de 2013, que será recordada en la historia de la música por la pérdida de Lou Reed, Foals fueron a lo suyo, completamente ajenos a lo ocurrido, en una Razzmatazz que, en su ciclo de conciertos de 13 aniversario, presentaba un lleno hasta la bandera.

Ya antes de salir ellos, Everything Everything  habían estado calentando al personal, con una afluencia bastante notable de procedencia anglosajona, ofreciendo una actuación correcta, sobre la que no me extenderé.

por Rosario López
por Rosario López

Así, serían las nueve y veinte minutos cuando por fin las luces de la sala se apagaron para ceder el protagonismo a las del colorido juego que llevan Foals sobre el escenario. Primero una musiquita pregrabada que precede al Prelude del último disco, que empieza ya con Jimmy Smith interpretando los primeros punteos, seguido de toda la banda exceptuando a Yannis Philippakis, que aparecería el último entre vítores y aplausos.

El show comenzó fuerte, con poco tiempo entre canciones e hilando algunas en ocasiones a lo largo del mismo; Total Life Forever, Olimpyc Airways y la coreadísima My Number, que se ha acabado alzando como la canción más famosa y reconocible de su último largo. El grupo funciona y de qué manera.

por Rosario López
por Rosario López

Prosiguieron los saltos y aplausos con Blue Blood y Providence, ya con Yannis que se mostraba muy participativo con su primer “stage diving” y sus primeras palabras hacia nosotros, realmente nada de particular, sois geniales, ¡¡¡Barcelonaaaa!!! y demás clichés que se suelen repetir en un concierto sí otro también cuando entonces sobrevino una parte algo más reposada con Late Night y Milk & Black Spiders.

Fue casi una introducción larga a Spanish Sahara, canción que comparte ritmos y recursos con la mencionada Late Night, aunque particularmente pienso que esta pieza de casi 7 minutos justifica la existencia del grupo por sí sola, aunque una vez más en este tipo de conciertos, el público no mostró el deseable respetuoso silencio hacia la música que sonaba.

Tras la catarsis, llegó el momento de Red Sock Pugie, sin más, y el que para mí fue el momento de la noche, una Electric Bloom subida de revoluciones en la que Yannis dejó la guitarra por la percusión y tuvo tiempo de trepar por la sala, juntarse con sus fans y tirarse al público desde unos 3 metros y medio de altura, en medio de una sala expectante por su próximo movimiento.

Con esto llegamos a los bises tras una breve espera, y mereció la pena ya que arrancaron con ese “Bonus Track” reconvertido en imprescindible que es Hummer, seguido de otro de los singles del último disco, Inhaler y por supuesto, Two Steps, Twice para cerrar, con su consabido corito “Papayá papayá” que ya demandaba el público antes de empezar la canción.

En fin, un concierto movido, en el que los músicos se portaron de sobresaliente y en el que nadie se acordó de aquella canción, Cassius, que fue santo y seña del grupo por sus comienzos. La verdad, no creo que le importara demasiado a nadie, visto que la hora y media que duró el concierto fue totalmente apoteósica.

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