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Pixies son lo que fueron

Por Ignacio Sánchez 0

¡Agarra la palanca y tira! La máquina está “calentita” y el premio está asegurado. La factoría Pixies está de vuelta por España lista para seguir haciendo dinero en una nueva gira que, ahora sí, trae nuevas balas. Pocas reuniones pueden considerarse más exprimidas sin mostrar nada nuevo como la de Frank Black y sus compañeros, pero ahora algo ha cambiado. ¿Será culpa de la no presente Kim Deal? Así, los Pixies del 2013 se presentan con nuevos temas y nueva formación, con Kim Shattuck que hace las veces de la mencionada Deal al bajo, aunque sobra decir que el peso y presencia de la primera sobre el escenario dista bastante de la oronda bajista de Ohio. Y es que hasta bien entrada la actuación apenas tuvo algún momento de protagonismo digno de mención, a pesar del curioso vestido juvenil que llevaba, a años luz de la sobriedad de Deal.

por Ignacio Sánchez
por Ignacio Sánchez

Puede parecer que atrás quedan los conciertos en los que se vivía exclusivamente de los éxitos pasados, aunque a decir verdad todo fan congregado la noche de ayer en la madrileña sala La Riviera lo que quería era escuchar y vibrar con “Where Is My Mind?”, “Debaser”, “Here Comes Your Man” o “Bone Machine” por citar algunos de los imnumerables singles explosivos que los de Boston tienen como arsenal, y poco o nada habría pasado si hubiesen pasado desapercibidos los nuevos temas, pero para más inri todos aparecieron en algún momento de la noche quitándole un espacio vital a otros que sí deberían haber estado, minando la fuerza global del set.

La puesta en escena fue la ya conocida desde que en 2004 el bueno de Frank Black decidiera que el mal rollo no estaba reñido con el dinero y juntara a los tres músicos con los que trabajó a finales de los 80, es decir, salir con la quinta puesta, “The Holiday Song” y “Nimrod’s Son” sirvieron de gasolina, y no parar hasta dejar al personal sin aliento, pero algo falló ayer, y ese algo fueron los temas. La actitud de la banda sigue siendo la misma, o sea, cero muestra de calor a los seguidores exaltados, así como la ejecución acertada de las canciones, que ayer chocó contra la falta de “punch” de dicha selección en momentos concretos.

por Ignacio Sánchez
por Ignacio Sánchez

Ante una sala a reventar (con todo vendido desde hace meses) de un público que mayoritariamente pasaba de la treintena y que lo que quería era quitarse años de encima y sumergirse en un gozoso pogo de hora y media, los norteamericanos decidieron mostrar una cara menos festiva y efervescente como ocurriera en la lejana cita del Festimad 2004 o la más reciente del Primavera Sound 2010. Parecía que había que guardar algo de fuerza para esta noche, segunda fecha en la capital, lo que impidió que anoche cayeran más singles y se optara por relleno en ciertos huecos de la actuación. Nada de “Wave Of Mutulation”, “Debaser”, “Monkey Gone To Heaven” o “Tame”. Una selección que hizo que se vivieran momentos de bostezo con otros de jolgorio. Cuando en otras noches de gloria el cuarteto en una hora se bastaba y sobraba para dibujar una sonrisa en el rostro de los nostálgicos, ayer en algo más de hora y media les costó mantener el ritmo inicial. Fue la principal pega que se le pone a una banda que a pesar de seguir viviendo de las rentas anoche no supo materializar la máxima de lo bueno si breve, dos veces bueno. Aún así nos dejaron algunos momentos para el recuerdo como una “Vamos” que nunca falla, la coreada por encima de las posibilidades de más de uno, “Where Is My Mind?”, “Isla de Encanta” o a vuelta al escenario en el bis con “Hey”, amén del abrazo entre Black y Joey Santiago casi al comienzo de la noche, momentazo paparazzi que puede despejar las dudas de si los miembros siguen sin hablarse.

Sensaciones enfrentadas para una de las citas del otoño que quizá tenga mejor suerte esta noche. A lo mejor muestran su mejor cara y se dejan de experimentos. Y es que como dice un amigo, “Pixies son lo que fueron”.


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