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The National: La noche que Madrid venció al frío

Por María José Bernáldez 0

Una de las leyendas musicales más aceptadas de Madrid es que casi cualquier concierto en el Palacio de Vistalegre suena a lata. Durante años se han podido ver inventos más o menos efectivos para evitar la dispersión del sonido y había temor en el público ante la actuación de ayer por la noche.

por Ignacio Sánchez
por Ignacio Sánchez

Con unos tibios This is the kit, que resolvieron la papeleta del telonero sin ningún distintivo digno de mención, sobre las 21:15 las luces se apagaron para dar paso al espectáculo. Porque lo de anoche de The National no puede quedarse sólo en el concepto de “un concierto”. Fue un espectáculo.

Las tres parejas de Ohio ( los hermanos Dessner, los hermanos Devendorf, Matt Berninger y su botella de vino) acompañados de una pequeña sección de vientos y “unpocodetodo” salen con pose seria y distante y comienzan con “Don’t swallow the cup” a mostrar parte de lo que esconden bajo la manga. Es su juego, acortar la distancia. Sus letras hablan de pérdidas y vacíos. Sus notas, sin embargo, suben de intensidad hasta llegar a una explosión impredecible.

En la primera parte del concierto, suenan casi exclusivamente temas de sus dos últimos discos (Trouble will find me de este año y High Violet del 2010), pero cada canción, aunque conocida, parece nueva, como recién estrenada. Casi inesperadamente suena “Mistaken for Strangers”, quizá tema bandera de la banda, y el público, que sabe que no siempre entra en el repertorio, comienza a calentarse. A pesar del frío del reciento, caen los primeros abrigos, gorros y bufandas. La voz de Berninger se desgañita con el énfasis proporcionado por las botellas vacías que se apilan entre los instrumentos y las canciones se suceden, llegando hasta un “Sea of Love” cuya intensidad borra todo rastro de timidez en el grupo.

por Ignacio Sánchez
por Ignacio Sánchez

No todo sucede en el escenario: las visualizaciones, al fondo, parecen medidas al milímetro, para que todos los sentidos sucumban. Empiezan a mezclarse canciones de discos con más años, dejando sólo sin tocar los dos primeros.

Guitarras que dan arpegios al estrellarse contra el suelo en “I need my girl”, micrófonos que se encogen en “Sorrow” ( que, esta vez, sólo tocaron una vez), gotas de lluvia que estallan en la pantalla en “England”. Un público que, tras más de una hora completamente enloquecido, de repente, guarda el absoluto recogimiento que necesita una canción como “About today”.

Todo encaja. No hay nada sobreactuado. No queda vino en las botellas a las que anteriormente se les ha tarareado un “All the wine is all for me”. Y el público, que se ha dejado el pellejo aplaudiendo tras un breve receso, que ha olvidado todo rastro de ropa de abrigo, encara la parte final del espectáculo, abierta con  “Fake Empire”.

Entonces Berninger, enfundado en su traje negro, olvida toda elegancia y pose seria y se lanza literalmente al público que lo ve saltar, arrastrarse, dejarse llevar. Recorre toda la pista, micrófono en mano, con “Mr November” e , increíblemente, tras cantar “Terrible love” sin que puedas llegar a verlo, vuelve al escenario con una cerveza que no llevaba al bajar. Y al épico final al sprint, de repente, le sucede la versión en acústico de “Vanderlyle Crybaby Geeks” con la que firman un cierre perfecto.

por Ignacio Sánchez
por Ignacio Sánchez

Dentro de un par de días, el público asistente recordará, de repente, alguna canción olvidada, pero el setlist de esta noche es incuestionable. Mención especial a la actitud que,  pese al in crescendo del concierto fue en todo momento adecuada, rara avis en estos días.

The National no agotaron las entradas. No salen en las noticias. No generan polémica. Son uno de esos grupos que puedes llevar escuchando años sin darte cuenta de que siempre han estado ahí. No venden estribillos pegadizos ni melodías fáciles. Sin embargo, no se le puede poner pegas al material que han publicado (hay quienes les acusan de repetitivos, pero cuál es el sentido de cambiar una fórmula que funciona a la perfección) y, en directo han sabido reinventarse lo necesario, pasando de una gira como la anterior en la que primaba la melancolía y la oscuridad a ser una verdadera apisonadora con unos solos de batería que, puedo asegurar, retumbarán en tu cabeza durante días.

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