El calor es algo real y tangible, especialmente cuando vives en Madrid. Programar un festival en la capital en la segunda semana de julio parece tentar a la suerte un poco más de lo necesario y hasta ahora el festival ha sobrevivido sin lamentar ninguna catástrofe a causa de las altas temperaturas. Cada año volvemos con energías renovadas y olvidamos las penurias del año anterior, lo que no quita que este Mad Cool comenzara con temperaturas nada recomendables para asistir al festival. La cosa mejoró a partir de la tercera jornada, pero las dos primeras fueron especialmente duras. Honor y gloria a los supervivientes.
Miércoles 8 de julio
Como hace dos años The Warning tocaron a hora temprana en un concierto bañado por el sol (es un decir). Las hermanas Villarreal se bastan y se sobran en el escenario para desplegar toda su energía y presentarnos un setlist basado en su anterior álbum, Keep me Fed, además de presentar algún tema nuevo, como los muy celebrados “Rituals” y “Ego” (este último en español, algo poco habitual en The Warning). Con esta banda me pasa como con Maneskin: “¿De verdad tocan tan bien? ¿No hay retoques?” El sonido es simplemente atronador. En cualquier caso, bien por ellas, por aguantar tan bien ante la que estaba cayendo.

The Last Dinner Party ya son una banda suficientemente conocida para crear una gran expectación. También a pleno sol fueron entregando una buena parte de las canciones que les han llevado a la fama en los últimos años. Cabe destacar la complicidad entre sus miembros y la presencia escénica de su cantante, Abigail Morris, que, con su extraña manera de bailar y su interacción con el público, lideraba la banda con maestría. En este concierto empecé a notar lo que sería el mayor problema de esta edición. En el escenario Orange, el segundo en importancia y tamaño, se cuela sonido del escenario principal. Los quince minutos que en que se solaparon The Last Dinner Party con The Warning se podía escuchar las segundas, especialmente cuando las británicas tocaban alguna canción un poco más pausada.
Volvimos al principal para ver a Wolf Alice para constatar lo mucho que ha crecido la banda y que su cantante, Ellie Roswell, es una frontwoman como una catedral. Tocaron muchas canciones de su nuevo álbum, The Clearing, pero fueron las antiguas las que se llevaron más aplausos, con mención especial a la última del setlist: “Don’t delete the kisses”.
Después decidimos ejecutar una jugada arriesgada. Sacrificamos a The War on Drugs, que ya habían empezado, para acercarnos al escenario The Loop para ver a Dogstar y su famosísimo bajista Keanu Reeves. Tengo que decir que alejarme de un escenario donde están tocando “An Ocean between the Waves” es una de las cosas más difíciles que he hecho en un festival. Salieron Dogstar al escenario con gritos de alegría del público al comprobar que sí, que el verdadero Keanu Reeves era el que se encargaba del bajo en la banda. Pero claro, esa emoción dura lo que dura, y después de un par de canciones la carpa se empezó a vaciar. Dogstar estaban presentando su nuevo álbum All in Now, el cual tocaron casi entero. Canciones como el tema homónimo y “Shallow Easy” nos muestra como la banda realmente se ha trabajado las canciones, y que tienen de verdad algo que ofrecer. Solo espero que los que fueron por la anécdota se hayan dado cuenta de lo buena banda que son estos Dogstar.

Poco antes del final del concierto fuimos a ver a Foo Fighters, que ya estaban abriendo fuego con “All my Life”. El concierto de los de Dave Grohl era exactamente lo que puedes esperar de una banda de estadios. Todo, salvo una cosa: o son los mejores actores del mundo o estos tíos de verdad disfrutan tocando. Las caras de Grohl y Smear reflejaban pura alegría por estar encima del escenario, y el baterista Illan Rubin, a quien vimos en este mismo escenario el año pasado con Nine Inch Nails, suplió sobradamente al recordado Taylor Hawkins.
Pero no nos quedamos mucho tiempo en Foo Fighters, porque queríamos, después de tantos años, ver el directo de Moby. Y esta fue otra de las constantes del festival: el tremendo solape que nos tenían programado cada día a última hora. Hoy tocaba Foo Fighters y Moby, lo cual es una muy mala combinación, porque en las canciones más melódicas del neoyorquino se colaba el sonido del escenario principal, sobre todo la batería. Especialmente delicado fue el momento en el que sonaba la maravillosa “Why does my heart feel so bad?” con su vídeo sobre animales considerados de granja viviendo libres y felices, y de fondo se oía perfectamente a los Foo Fighters. Y la extraña sensación de estar en un concierto de Moby, mirar a la derecha y ver a Dave Grohl en las pantallas.
Moby se tomó este problema con humor, y nos contó que conoce a Grohl desde hace mucho tiempo, y que la última vez que habían tocado a la vez fue en los 90 cuando ambos tocaban en bandas de hardcore.
Por lo demás, buen concierto de Moby aunque con una importante cantidad de música grabada (era de esperar). No vino el carismático Jacob Lusk, pero otras cantantes defendieron los temas con gran maestría. Gracias Moby por defender los derechos animales y por ser una estrella atípica.
Jueves 9 de julio
El segundo día presentaba una propuesta musical totalmente diferente, hasta el punto de parecer otro festival. Nada que ver con el primer día y muy poco con los venideros. Desde el primer momento se notaba con un perfil de asistentes mucho más joven y diverso de lo habitual.

El concierto de Lorde fue el primero de los platos fuertes del día. Arrastró a miles de seguidores al escenario principal y eso unido al calor galopante de esas horas hizo un extraño efecto de tremendo sofoco, pero a la vez una cierta hermandad. Más tarde la propia Lorde diría que somos más auténticos cuando sudamos y bailamos, y sobre la dificultad de saber en estos tiempos qué es real y qué no, nos animó a no comprar las gafas con inteligencia artificial que META ha sacado en colaboración con Ray-ban, y que justamente tenían un gran stand dentro del festival.
Empezó la neozelandesa con una intro de electrónica algo obtusa, para continuar desplegando toda clase de coreografías con una ristra de éxitos que había las delicias de sus fans. Había unos músicos que aparentemente tocaban en una esquina, y sonaban una buena cantidad de voces grabadas. Lorde a veces cantaba sobre esas voces. Otras no. No parecía haber gran diferencia. En cualquier caso hay que reconocer que su entrega es encomiable en directo.
El tema de la música grabada y el karaoke continuó después con la megaestrella coreana Jennie, pero nos marchamos del escenario principal para ver a Teddy Swims en el Orange. Qué gran sorpresa, qué gran voz y qué gran banda. Su combinación de rock clásico y soul nos hechizó a todos los que pudimos verlo, siendo el antídoto ideal para la música no-en-directo que habíamos presenciado antes. Entre los momentos álgidos del concierto habría que destacar el potente comienzo con “The Door”, la sobrecogedora “Some things I’ll never know”, la versión de “Jump” de Van Halen y por supuesto su gran éxito “Lose Control”. Una sorpresa.

Para terminar la jornada teníamos uno de los platos fuertes de festival. Florence + The Machine salieron al escenario con su tema “Everybody Scream” y con la maestra de ceremonias Florence Welch encabezando la marcha. Florence la druida, la suma sacerdotisa nos embarcó en un viaje mágico en la noche madrileña y a la vez universal, justo cuando el viento hizo su aparición y el clima empezó a ser más soportable.
Maravillosas canciones, desde los hits más evidentes como “Shake it out”, que la tocó al principio, o “Dog Days are Over” que la tocó al final. Pero también canciones menos evidentes y más profundas, quizás más valiosas, como la preciosa “Witch Dance”. Por poner un pero, también aquí había voces grabadas. Parece que en la jornada del jueves uno no podía escapar de ellas. Que no se me malinterprete, Florence canta mucho y bien, pero esos coros salían de la nada.
Debo añadir que el que escribe no entiende nada de moda en absoluto, pero el vestido de seda de Florence era algo espectacular (me dicen que esto es habitual siempre que sale al escenario). La imagen de ella pasando de puntillas entre su cohorte de bailarinas / brujas es simplemente icónica. Un concierto para recordar de una de las mejores artistas de su generación.
Viernes 10 de julio
Ya estábamos en el tercer día de festival, y la temperatura nos daba una pequeña tregua. Veraniega, sin duda, pero al menos se podía respirar. Abrimos con los legendarios Pixies, banda largamente escuchada y admirada, aunque con cierta fama de transmitir poco en directo. Y es que ellos van a los suyo, dan la sensación que podrían estar tocando exactamente igual en el local de ensayo, pero es que su punto fuerte son las canciones. Empezaron con el habitual “Gouge Away”, tocaron las dos versiones de “Wave of Mutilation” (una al principio y otra al final) y también nos obsequiaron con sus canciones más famosas: “Debaser”, “Here comes your Man” o “Where is my Mind?”. Mi momento favorito probablemente fue “Caribou”, con esos coros fantasmagóricos.

Kings of Leon sigueron la línea marcada por Pixies. A diferencia de la banda de Frank Black, sí contaron con algunos juegos de luces y efectos en las pantallas, pero me temo que esto se debió únicamente a que ya había caído la noche. Fueron algo más comunicativos que Pixies, pero tampoco muchísimo más. En algún momento Caleb Followhil, su cantante y guitarrista, dijo que Madrid era una de sus ciudades favoritas del mundo. Me contaron que además al final de su actuación informaron de primera mano a los asistentes que la selección española de fútbol había ganado su importante partido contra Bélgica. Solo vimos la primera parte del concierto, pero siempre es un placer escuchar temas como “King of the Rodeo”, “The Bucket”, “Radioactive” y “Closer”.
Precisamente ese era el tema que sonaba cuando no alejábamos, con algo de pena pero también con gran expectación, a hacia el escenario Orange a ver el concierto de A Perfect Circle. El aura que sigue rodeando a esta banda es muy especial, alimentada por las escasas oportunidades que se han tenido de verla en directo. Y qué maravilla, señores. Desde el inicio nos sumergieron en una bruma psicodélica y progresiva, como entidades de otra galaxia tocando al otro lado de una puerta dimensional. Comenzaron con “The Package”. Puede que la batería estuviera demasiado alta, pero eso nos permitía seguir las evoluciones del gran Josh Freese (ex de Foo Fighters, por cierto) sin perder ningún tipo de detalle.
Al igual que en Tool, Maynard James Keenan prefiere quedarse en segundo plano, lanzando sus consignas y desarrollando sus crípticas estrofas desde atrás. Poco que ver con su actitud al frente de Puscifer hace tres años en este mismo festival, cuando no paró de bailar y actuar en medio de aquella performance demencial. Diferentes bandas, diferentes conceptos. “The Doomed” y “The Outsider” sonaron especialmente potentes para mi gusto. No acabo de conectar con el nuevo single “Starless”, pero “Disillusioned” es una canción que me emociona cada vez que escucho. Y el final con “Judith”, con aquel maravilloso vídeo de David Fincher en la cabeza, no dejó a nadie indiferente. Después de aquello, pequeño saludo y retirada. Ninguna interacción en idioma humano, solo una intensa emoción.

Terminamos la jornada con Interpol, banda que me gusta mucho pero que esta vez me dejó un poco frío. En el mismo escenario y poco rato después que A Perfect Circle, salieron perdiendo en la comparación. Lo primero que noté es que no estaba el batería fundador, Sam Fogarino. Más tarde leería que ocupaba su lugar Matt Barrick, de The Walkmen. Para los que todavía tenemos grabado a fuego ese “Banks, Kessler, Dengler and Fogarino” era un pequeño revés el ver solo el 50% de aquellos músicos que nos enamoraron. Pero aún están ahí las canciones y la voz de Paul Banks, así que tenemos que coger lo que nos dan. Fantástico comienzo con “Untitled” de su inolvidable álbum debut Turn on the Bright Lights, pero quizás sería por el cansancio mío o de la banda (habían dado un show sorpresa la noche anterior en una sala de Madrid), el caso es que no estaba viviendo este concierto como merecía la ocasión. Por supuesto, suena “Evil” y te vienes arriba. También “All the Rage Back Home”, favorita personal. Después “Obstacle 1”, “Slow Hands”… Una ristra de grandes canciones con las que esta vez llegué a conectar solo a medias. Asumo la culpa, quizás había ido a más conciertos en los últimos días de los que podía asimilar. Pero por mis sensaciones al día siguiente, parece que ese no era el caso después de todo.
Sábado 11 de julio
Comenzaba la jornada más esperada para mí, esa que me hizo abrir los ojos como platos hace seis meses cuando salió el cartel. Iba a ver a algunos de mis artistas favoritos y mis expectativas estaban por las nubes.
Comenzó la tarde con The Black Crowes, una banda que llevo escuchando desde hace décadas y que nunca había conseguido ver en directo. A pesar del inexorable paso del tiempo, ellos son como los había imaginado. Ya solo quedan los hermanos Robinson a la cabeza, con el carismático Chris ejerciendo de líder y su hermano Rich a la guitarra. Los nuevos músicos y las coristas crean un efecto muy fiel al de la banda original, es decir, una banda de los 90 tocando música de los 60 y 70.

El repertorio es muy clásico (yo lo agradezco) empezando con “Remedy” (una de las canciones de mi vida) y continuando con temas principalmente de sus dos primeros y magistrales álbumes. Solo tocan una canción nueva, “Cruel Streak”, del álbum que ha salido este año. Lo demás, los grandes clásicos de la banda: “Sting Me”, “Soul Singing”, “She talks to Angels” o la versión de “Hard to Handle” de Otis Redding. Me sorprendió una versión bastante larga del “Oh! Sweet Nuthin” de The Velvet Underground, en la que Chris se fue a descansar y se ocupó de las voces su hermano Rich. Terminaron con “Twice as Hard”, como broche para una banda legendaria con una discografía para enmarcar.
Más tarde nos acercamos al escenario Orange para ver parte del concierto de Matt Berninger, en el que tocaba temas de sus dos discos anteriores y alguna canción nueva. Matt mantiene su personalidad expansiva (¿a veces demasiado?), pero sin los carismáticos The National detrás, el resultado no parece ser el mismo. Las canciones son correctas, pero quizás un poco aburridas, especialmente cuando no las conoces mucho. El concierto efectivamente remonta cuando tocan dos temas muy bien escogidos de su banda habitual. Suena primero “Slow Show” y después “Terrible Love” y ahí sí se anima el público. Matt baja e interactúa con los asistentes y por un rato parecería un concierto de The National. Terminan con “Bonnet of Pins” e “Inland Ocean”, dos de los temas más notables de la carrera de Matt en solitario, y nos vamos con la sensación de que Matt Berninger no está mal, pero ojalá hubieran tocado The National.
Este concierto ciertamente relajado nos permitió coger aire para la avalancha que estaba a punto de caernos encima. Empezaron Nick Cave & The Bad Seeds con una salida nula. Algo pasó al principio de su habitual canción de apertura en estos años, “Get Ready for Love”, que tuvieron que parar y empezar de nuevo. Y ya está. Ese fue el único contratiempo del concierto. Todo fue rodado desde ese punto hasta el final. Repasaron canciones de diferentes épocas, una o dos por disco, incluyendo la canción homónima Carnage, el disco de Nick Cave y Warren Ellis sin los Bad Seeds.

Es curioso ver cómo se interpretan temas de épocas tan diferentes pero todo sigue manteniendo una coherencia, algo que creo que se tiene que agradecer a la increíble banda que forman los Bad Seeds hoy en día. En ella podemos encontrar a los habituales Jim Sclavunos en la percusión y a George Vjestica en la guitarra, pero también a Colin Greenwood de Radiohead al bajo, que lleva girando con la banda desde 2024. Y por su puesto, la icónica presencia de Warren Ellis como mano derecha de Nick, el perfecto escudero con su peculiar aspecto de vagabundo con traje caro.
Del repertorio destaco algunos de sus clásicos como “The Mercy Seat” o “The Weeping Song”. Me pareció especialmente emotiva la interpretación de “Joy”, de su último disco. Por supuesto, “Red Right Hand” fue uno de los puntos álgidos del concierto (¿la canción más famosa de su repertorio?). Se me hace extraña la inclusión de “Hollywood” del disco Ghosteen, porque aunque es indudablemente una canción fantástica es quizás demasiado larga y anticlimática, pero en cualquier caso agradezco que Nick se meta en estos terrenos. El broche de oro fue “Into my Arms” con Nick solo al piano.
Hay algo curioso con Nick Cave & The Bad Seeds. Cuando voy a un concierto suyo (y he ido a varios en los últimos años) no me canso de contarle a todo el mundo lo buenísimos que son. Hasta el punto de que me pregunto si no estaré exagerando… pero llega el siguiente concierto y puedo constatar que no, que no estoy exagerando. Ojalá les queden muchos discos y muchas giras.
Aún asimilando lo que habíamos visto en el escenario grande, fuimos al escenario secundario para ver uno de los conciertos que más he esperado este año. Mucho se ha hablado de la gira de David Byrne y no podía esperar para ver esta actuación en directo. Algo me había informado sobre este show, pero los que no sabían nada se mostraban sorprendidos a ver un escenario vacío, sin ningún instrumento. Una caja negra que no permitía adivinar lo que vendría después. Y es que el señor Byrne, que es un teórico de la música y la puesta en escena, encuentra en cada nueva gira una excusa para hacer algo diferente. Y vaya si lo hizo.
Apareció acompañado primero solo por su bajista y acometieron “Everybody Laughs”, del nuevo disco. Uno a uno fueron saliendo todos los músicos y coristas, hasta contar con 13 personas sobre el escenario. Los instrumentos más voluminosos iban atados con arneses, pero eso no les impedía moverse con una coreografía diferente para cada canción. Todos con un mono naranja, lo cual añadía uniformidad pero no monotonía al conjunto.
En cuanto a lo musical, sonaron algunas canciones de David Byrne en solitario, como “Strange Overtones” de su disco con Brian Eno, o “Like Humans Do”. Pero fueron las canciones de Talking Heads las más celebradas, y no fueron pocas (nueve, si no me equivoco). La más apaludidas, “Psycho Killer” y “Burning Down the House”, por supuesto.
Que David Byrne, un señor de 74 años que podía llevar ya tiempo retirado, siga queriendo sacar nueva música e innovar en cada gira es para mi una declaración de principios, un potente mensaje que va más allá de la música. Creo que son las personas como él las que hacen avanzar el mundo.
Terminamos la jornada con la parte final de la actuación de Pulp. Imaginad cuantas ganas tenía de ver a David Byrne para perderme casi una hora de Pulp, que me parece una banda legendaria. Ya estando en el concierto anterior había girado la cabeza en algún momento para ver a Jarvis vociferando a la pantalla, pero fue cuando volvíamos al escenario principal el momento en que tomé conciencia de que solapar a David Byrne con Pulp era un crimen contra los derechos humanos. A día de hoy no comprendo cómo pensaron que eso era una buena idea.
Cuando llegamos sonaba “Begging for Change”, la canción que sacaron para el álbum benéfico HELP(2) de War Child Records, para ayudar a niños en países en guerra. Ya nos habíamos dado cuenta que la canción era buena, pero en directo resultó ser enorme. Después nos devolvieron a un terreno más familiar con “Do you Remember the First Time” y allí pudimos comprobar el estado de forma de los Pulp actuales, con Jarvis Cocker siendo Jarvis Cocker a la cabeza y con los veteranos Candida Doyle, Nick Banks y Mark Webber acompañándole. Había más músicos (conté un total de nueve) para dar un sonido más completo a la banda.
Y no dio tiempo para mucho más. El esperado fin de fiesta con “Common People” nos dejó un buenísimo sabor de boca, con la sensación de que la música puede con casi todo, o al menos hace que las cosas parezcan mejores.
Con todo esto, el balance general de esta edición deja muchas certezas y algunas dudas. En lo malo, los solapes han sido terroríficos, creo que peor que otros años. Y la nueva disposición del recinto, comiéndose el segundo escenario más grande y haciendo que el tercero sea ahora el secundario, no ha hecho sino empeorar esta realidad. Están claras las razones. No puedes poner conciertos muy pronto, porque el calor es terrible. No puedes poner conciertos muy tarde, por la normativa vecinal. Pero se deben encontrar soluciones para no tener esa sensación de que te estás perdiendo la mitad de los grupos que te interesan.
En lo bueno, sin duda la música. Creo que el cartel tiene muy buen gusto y aglutina un espectro variado de bandas, aunque he de reconocer que una parte importante del target es la gente entre cuarenta y cincuenta y tantos años. Vamos, como yo. Al final de cuentas, si un festival lleva a algunas de las bandas favoritas de tu vida ¿Qué más puedes pedir?
Espero con ganas la presentación del cartel del Mad Cool 2027. Entretanto, tenemos un año para coger fuerzas.
P.D: Si no ven fotos de algunos grupos de nuestro compañero Ignacio es porque este año ha sido especialmente sangrante la criba para poder acceder a los fosos para fotografiar a los principales artistas.
Galería del Mad Cool 2026














