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Anna Calvi en Madrid, un sí pero no

Por Ignacio Sánchez 0

Diez de la noche. Una larga fila de personas esperaba este pasado miércoles impaciente y con bastante frío poder entrar al Teatro Lara para ver uno de los últimos grandes conciertos que el 2013 nos dejaba en Madrid. Me estoy refiriendo a la vuelta de Anna Calvi a la capital tras su paso por el Día de la Música en 2011.

por Ignacio Sánchez
por Ignacio Sánchez

Lleno hasta la bandera para ver cómo sonaban en directo los temas de One Breath, el segundo álbum de la señorita Calvi que destila el mismo aroma de rock rocoso y orquestal de su debut. Un álbum, este One Breath, que sigue explotando la fuerza vocal de la tímida artista, una fuerza que a priori se presuponía favorecida por el magnífico espacio del céntrico teatro, pero que finalmente se vio empañada en ciertos momentos por el deje de la misma a subir el volumen de su guitarra hasta niveles algo molestos, llegando a tapar a sus compañeros sobre el escenario y dejando empequeñecida su voz.

Patrick O’Laoghaire o I Have a Tribe fue el encargado de dar calor al principio de la cita con su música delicada y timbre de voz agudo. Acompañado por su guitarra y teclado, el músico irlandés contó con el apoyo de un público que fue respetuoso con su propuesta, donde lo que primaba sobre la música era la voz. Apenas unas pocas notas servían para arropar la desconsolada voz del artista que, entre canción y canción, intentó agradecer el cariño de los presentes. Aperitivo ligero como previo al plato principal.

Casi a medianoche comenzaba la actuación de Anna Calvi y su banda, de manera bastante acertada con una poderosa “Suzanne and I” que parecía servir para calibrar a cada uno de los músicos: batería, teclados y una multiinstrumentista que lo mismo tocaba el xilófono, el bajo, percusión o una especie de acordeón. La maquinaria mostraba signos de estar engrasada y la vitalista “Eliza” dio muestra de ello.

A diferencia de otros muchos artistas Anna Calvi optó por no hacer una versión fiel en muchas de sus canciones con respecto a cómo suenan en el álbum. Los temas se desmenuzan para volverse a ensamblar dotándolos de un nuevo cariz, nuevos matices más crudos y menos brillantes, en los que los arreglos orquestales del disco desaparecen en el directo. Así sonaron especialmente destacables en la parte media de la actuación “Cry” o “Carry Me Over”, ambas con grandes momentos de descontrol y distorsión de Calvi a la guitarra, estirando el minutaje, y dando muestra de la clase que tiene con las seis cuerdas.

por Ignacio Sánchez
por Ignacio Sánchez

Apoyada sobre unos interminables tacones la británica apenas tuvo para con el público guiños de complicidad. Un público que no dejó de celebrar cada uno de los momentos que Calvi iba regalando, saltando de disco casi en cada tema, teniendo incluso tiempo de dejar por el camino una versión de “Fire” de Bruce Springsteen en la que la artista se quedó completamente sola sobre las tablas del teatro. Pero aunque buenas eran las intenciones había algo que no terminaba de encajar, había una chispa que no terminaba de prender y que dejaba un cierto regusto amargo a medida que pasaban los minutos. Es difícil explicarlo con palabras, pero si la primera vez que la vi en directo en el FIB 2011 acabé a sus pies, el miércoles no. Me faltaba alma. A lo que se suma además el ya citado problema con el volumen de su guitarra en momentos puntuales: “I’ll Be Your Man”, “First We Kiss” o “Love Won’t Be Leaving” por citar algunos.

Llegando casi a la hora de concierto y tras presentar a su banda y agradecer tímidamente al público con una dulce voz, Anna decretó que era el momento del “forzado” descanso y volver con un breve bis coronado por “Bleed Into Me” y “Jezebel”, dejándose en el tintero “Blackout” y consumidos poco más de sesenta minutos. Ella sabe dar más de sí, pero el miércoles no fue su noche, ¿o quizás no fue la mía?


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