El rugido lírico de McEnroe en Fun Club Sevilla  

Por Paloma García 0

banner WIR

Un concierto de McEnroe puede ser el plan perfecto para un sábado por la noche. O no. A tres años de la publicación de “Las orillas” (Subterfuge Records), los de Getxo presentaban a medio gas su último disco “Rugen las flores” en la veterana sala Fun Club de Sevilla. Su apuesta sonora, con dos de sus cinco componentes iniciales, no dejaba de crear cierta expectación antes del acústico del pasado 16 de enero.

Hay que recordar que McEnroe es una de esas bandas que declara ensayar poco. Con cada miembro residiendo en una ciudad distinta, el grupo parece permanecer unido por unos acordes más llenos de química y buenas intenciones que de ejecución conjunta. Cuentan que este disco arrancó con un whatsapp. A ver a dónde nos lleva.

Pasadas las 22:00 horas comienza el concierto. Basta un par de minutos de la intro extendida de “La Palma” para demostrar que la singularidad operativa de la banda no es un asunto por el que preocuparse. Además, siendo sinceros, a la mayoría de nosotros nos ha llevado hasta allí ese leve movimiento de sentir que solo es capaz de provocar el aire suave de la guitarra de Ricardo Lezón y unas letras tan hermosas como su voz.

mcenroe-ene-2016-sevilla-1775
Rafael Tovar / El Enano Rabioso

“Cae la noche” sobre la sala y se presentan los primeros temas del nuevo álbum en una cuidada mezcla con otros anteriores. Después de “Arquitecto”, el vocalista pide apagar los focos. La luz rosácea de los neones del fondo envuelve el concierto mientras “El puente”, “La electricidad” y “Los valientes” suenan naturalmente enlazados, como capítulos de un buen libro de aire posmodernista. Casi sin darnos cuenta, nos sumergimos de lleno en la narrativa melancólica del country alternativo McEnroe.

Tras los agradecimientos esperados a la ciudad donde grabaron el disco (Estudio La Mina, Raúl Pérez, The Baltic Sea), llega el zarpazo. Apoyado en los sonidos introspectivos de la guitarra de Gonzalo Eizaga, “El alce” se corta justo a ras del acantilado emocional que supone el último de sus versos: “El amor no existe, tú me lo destruiste”. Una pausa breve y un silencio eterno. Uf. Deben ser ya cerca de las once. Hora de un whiskey doble, por favor. Aún queda concierto y hay que sostener las emociones.

La segunda parte arranca con un tono más brillante. El resto del repertorio viene a dejar claro que el grupo tiene en Sevilla seguidores fieles desde hace años. Cuando llegan “Jazz” e “Islandia”, un respetuoso público que había permanecido en perfecto acompañamiento, funde su voz coreando cada línea de las letras.

Tras hora y media de concierto, “Las mareas” cierra con una ola de luminosidad el bolo de McEnroe en Sevilla. Nos regalan “Como las ballenas” en un bis escueto que hace romper lentamente los esquemas y volver a construirlos al ritmo de la elegante atmósfera creada por la batería de David Cordero (Viento Smith, Úrsula).

Quizás faltó “Vistahermosa” y alguno de esos temas costeros y naturalistas basados en la poesía de lo cotidiano que tanto gusta de Ricardo Lezón. Pero el amor y otros demonios quedaron perfectamente dibujados en una sala deshojada a rugidos líricos por una de las bandas actuales más interesantes de la música indie española.

Laster arte, McEnroe.

banner WIR