Foals, breve intensidad en Madrid

Por Alexandra Ramírez 0

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El pasado octubre, dos horas después de que saliesen a la venta las entradas para Foals en Madrid, junto con su fecha en Barcelona, agotaban el aforo de la sala La Riviera. Su promotora elegía entonces el BarclayCard Center, un nombre que ni incluso el mismo día del concierto fui capaz de pronunciar bien. Lo que antes se conocía como el Palacio de los Deportes albergaba el pasado sábado 30 de enero el relocalizado concierto de la banda, en su formato “ring”, una suerte de caja negra gigante sin graderío, que reduce el espacio del foso y también la sensación de no encontrarse en la pesadilla de un demente, debido a lo negro del lugar. Las colas que se formaron fuera explicaron por sí solas el cambio de recinto, ya que incluso para esta ocasión, Foals volvió a colgar el cartel de sold out.

Foals @ Barclaycard Center por Iram Martínez
Foals por Iram Martínez

Cuando aún la gente empezaba a encontrar su sitio entre el escenario y la barra, salieron a la palestra Everything Everything, los encargados de abrir el apetito. Sirvieron de bienvenida para aquellos que habían apurado la hora hasta el último momento, el de las nueve y diez más o menos, cuando un zumbido anuncia in crescendo la llegada de la banda, a la que reciben manos al cielo sujetando un millar de teléfonos móviles. O ésa era la sensación: que Foals hacía acto de presencia el tétrico ring frente a un océano nocturno de pequeñas pantallas.

Comenzó a sonar “Snake Oil”, y las pantallas se volvieron minis de cerveza, que quedaban como ofrecidos a la banda para rendirles pleitesía. La gente bailaba y coreaba el estribillo, pero no lo harían con verdadera pasión hasta la siguiente “Mountain At My Gates”, el segundo single de What Went Down, el disco que les ha traído hasta aquí esta vez, demuestra que lejos queda de la ingenua “pachanga” simpática e indie de canciones como “Cassius”, a la que los menos ortodoxos de la banda no echamos de menos en el setlist. En mi caso, tampoco hubiera echado en falta “My Number” por las mismas razones, pero por la arenga de las masas que supuso, tras “Olympic Airways”, tuve que aceptar que puede ser compatible con un concierto en el que también esté “Spanish Sahara” (aunque yo no lo entienda, como me encargué de hacer saber mediante un intensivo tormento a mis interlocutores durante el concierto). “Spanish Sahara” fue, sin duda, uno de los momentos más emotivos de la velada, con ese eufórico crescendo que nos conmovió a más de uno más de lo que nos gustaría reconocer.

Foals @ Barclaycard Center por Iram Martínez
Foals por Iram Martínez

Sin embargo, y para mi desolación, ocurrió algo que me hizo ver mi evidente asincronía con el resto del mundo: para cuando llegó la para mí esperadísima “A Knife in the Ocean”, observé que nadie la recibía con mi misma ilusión. Estatismo. Y no solo eso, noté horrorizada cómo las manos volvían a ascenderse al cielo con el millar de pantallas pequeñas. “A Knife In The Ocean” era, sin lugar a dudas, la canción de “bajona” que todos utilizamos para sacar alguna foto borrosa, grabar algún vídeo que nos deje sordos en su posterior reproducción, o incluso, dejar claro por WhatsApp qué bien nos lo estamos pasando en el concierto. La que yo veía como una clara sucesora al abrazo eufórico o etílico (o ambos) de “Spanish Sahara” era, en realidad, la canción de ir al baño. Lo dicho. Desolación.

Profunda y dolorosa misantropía aparte, lo cierto es que los ingleses consiguieron resucitar a la gente con la macarra “Inhaler”, salvando a la audiencia de lo que, por lo visto, hubiera sido un oscuro y terrible final. Éste es el momento en que se retiraron para hacerse rogar y volver, aún con más energía, para la poderosa “What Went Down”, en la que parece que sí comparto consenso con el resto de los asistentes, afortunadamente. Tras esto, la “bailonga” (de la escuela de “Cassius”) “Two Steps, Twice” ponía el broche final, no sin antes alargarla con distorsiones y baños de masas de Yannis por las primeras filas, ambas para el gozo de los asistentes.

Foals se retiraban tras una cortísima hora y diez minutos de concierto, con un adiós acertado, aunque quizás intercambiable con “Inhaler”, algo menos ligera para dejar un mejor, o al menos más consistente, sabor de boca.

Llegó entonces el encender de luces, el paso de procesión hacia la despejada noche madrileña, con un deseo inconsciente de salir de esa prisión del color, y de compartir impresiones sobre el concierto y quién sabe si no planear la siguiente ocasión de disfrutar de Foals en directo. Para los que quieran reincidir, Foals volverá por estas tierras el 7 de julio al Bilbao BBK Live, una buena oportunidad de disfrutar nuevamente de ellos, sobre todo teniendo en cuenta que el euskera y el nuevo nombre del Palacio de los Deportes están ahí ahí en dificultad.

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