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Crónica MulaFest 2016

Por Juan Vázquez 1

Crónica MulaFest 2016

Como ya sabéis Mulafest es ese festival madrileño en el que se presentan bien mezcladas todas las disciplinas artísticas habidas y por haber con la finalidad de conseguir un espacio de inspiración creativa y jolgorio. En dicho espacio, IFEMA, puedes contemplar artistas del grafitti, la ilustración, el diseño, el tattoo o incluso el motor y también dar cuenta de todas y cada una de las tipologías de deporte urbano. Con respecto a la edición anterior este año se ha llevado a cabo una reestructuración del espacio. En este Mulafest 2016 el conjunto de actividades callejeras se ha mantenido en el exterior, con espacios dedicados al skate, slakling o las acrobacias en barras, una zona de confort en forma de playa improvisada y un gran surtido de food trucks dispuestos a saciar el hambre de los allí reunidos. Por otro lado, y suponiendo la mayor diferencia con respecto a la anterior edición, el grueso de actuaciones musicales se han desarrollado resguardadas del exterior en el interior del pabellón número 5, y es justo ahí donde nos interesa profundizar.

Comenzamos la noche musical del viernes con el espacio global reconocido y cargados de todo tipo de influencias artísticas, solo nos queda la música. Son las once de la noche y atravesamos por primera vez las puertas que llevan al escenario Mulafest, es hora de Kelela. La estadounidense de descendencia etíope salió a escena con la firmeza y convicción de las grandes estrellas haciendo alarde de un estilo y presencia que muchos desearían. Su voz fina y desgarradora era fiel compañera de los ritmos que soltaba su Dj, dando como resultado una mezcla suave y profunda. Con temas como “Floor show”, “Rewind” y sobre todo “Bank Head” se produjo una comunión muy intima entre público y artista. Siempre rebosante de gratitud y respeto se hizo muy difícil no adorarla. Fue una de las grandes sorpresas de la noche y se despidió entre los abrazos y los selfies de todos los que quisieron despedirla.

El cambio de estilo que acontecía el momento suponía despertar de los encantos del RnB y preparar la mente para un viaje retro por los dominios house de The Orb. El dúo veterano comenzó su actuación con ritmos alejados del ambiente club, fieles a su estilo y con un rango de bpm´s que dudaba entre el baile o la contemplación terminaron optando por acelerar su sonido. El resultado fue el comienzo de la fiesta como tal con una sesión fresca y divertida.

El final de The Orb suponía la llegada de uno de los grandes alicientes del cartel de Mulafest y cabeza de aquella jornada, ODESZA. Los de Seattle se presentaban ante la masa erguidos en plataformas simétricas, acompañados de percusión y maquinitas que, suponemos, hacían algo. Detrás de ellos y también bajo sospecha, dos músicos aportaban los sonidos trompeta característicos del grupo. ODESZA nos ofrecieron un live milimétricamente calculado, consiguiendo un sonido perfecto, tan perfecto que llegaba a aburrir. Coreografiados hasta el infinito comenzaron con “How Did I Get Here” y siguieron con “All We Need”, ¡ay ODESZA! , menos mal que la calidad onírica de vuestras producciones hizo olvidar lo facilón de vuestro directo. Pese a toda crítica, ¿quién es el listo que no sonríe cuando suena “Bloom” o su último tema “Say My Name”? Con todo el pesar del mundo hemos de aprobarlos.

A los cabezas les siguió un poquito de producto nacional representado por el madrileño Pional. Con mucha menos parafernalia que sus predecesores nos regaló un live fino, serio y auténtico centrado en la presentación de sus temas y su magnifica voz. Bien es cierto que quizá su directo hubiera encajado mejor en horas más tempraneras, pero con independencia a estos aspectos organizativos fue toda una delicia disfrutarle.

El cierre de la noche se presentaba movidito con la llegada de Klangkarussell en formato DJ set y su propuesta electro/house. Los austriacos adoptaron perfectamente el papel de cierre y nos regalaron un mix enérgico alejado de su sonido más puro, con mucha más presencia club que en sus producciones de estudio. Como puntos negativos (porque hubo varios) hemos de decir que no fueron demasiado profesionales. Se preocuparon más de su propia fiesta, montada con dos amiguitas detrás de los platos, que de la del resto y eso desembocó en un cierre de completo anticlímax con su éxito “Netzwerk”.

Con respecto a las actuaciones del sábado la propuesta musical se tornaba de tarde con la actuación de Matthew Herbert a las 20:00h. Con dos horas por delante al productor inglés le dio tiempo a experimentar varios ritmos y sonidos desenvolviéndose como lo que es, un artista polifacético. Hubo momentos en los que, bajo la oscuridad que presentaba el pabellón y lo fuerte de los bombos techno, era difícil adivinar si aquello eran las ocho de la tarde o de la mañana. En lo que fue un cierre apoteósico, Herbert se vio poseído por su propio sonido y nos envolvió en una maraña de sintetizadores, golpes y ruidos extraños. El público en contrapartida le regaló una de las grandes ovaciones de la noche.

Las propuestas más interesantes se servían pronto y el plato fuerte no tardó en llegar, SBTRKT y su bonita máscara pronto iniciarían su actuación. La propuesta de este artista fue lo mejor de la jornada y es que no se puede empezar mejor una sesión que con “Burn the witch” de Radiohead. Con esta bofetada iniciaba un mix repleto de sabiduría y narratividad, jugando con sus temas propios y otros dignos de mención como remixes a Little Dragon, Tame impala con su “Let It Happen” o James Blake por partida doble con “Radio silence” y “Timeless”, ¡Qué selección musical, qué oído! Fue generoso y mezclo con virtuosismo todos y cada uno de sus éxitos en una sesión que acabó alargándose más de lo esperado no sin el infinito agradecimiento de todos los presentes.

A continuación le tocaba al madrileño C. Tangana quien, acompañado de sus dos habituales a los mandos y bajo el lema “AGZ es para siempre”, amenizó la velada con su rap melódico y sentimental. A los pocos instantes ya sonaban las notas de “Drama”, una de sus producciones más potentes y con ello la premisa de no dejar espacio para la duda. La actuación se desarrolló con fluidez y con un Tangana empeñado en conseguir una mayor involucración del público.

A partir de este momento el ritmo de la noche fue en declive con unos Sleaford Mods que, pese a sonar correctos y compactos, no acabaron de encontrar su lugar en el espacio Mulafest. Así y con la propuesta de electrónica india que se nos venía encima optamos por abandonar, después de dos jornadas muy completitas y con lo más interesante ya catado no había fuerzas para engancharnos a una conga estilo bollywood/trap. Terminamos así esta edición de Mulafest con los bolsillos llenos de ideas y con la gratitud que supone seguir encontrando propuestas de este tipo en nuestra querida capital.

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