Crónica del concierto de The Cure en Madrid

Por Ignacio Sánchez 0

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¿Qué tendrá la música de The Cure que sigue llevando a sus fieles seguidores a llenar cualquier recinto por donde pasen? ¿Cuál es la fórmula del embrujo que es capaz de llevar tanto a una pareja de cincuentones como a un grupo de chavales que rondan los veinticinco? Es la magia de una de las bandas que siempre ha estado ahí pero que personalmente no tuve el placer de descubrir hasta mi adolescencia con el recopilatorio Galore y el Wild Mood Swings, álbum del que precisamente en la noche de ayer pasaron. El concierto de The Cure en Madrid tuvo lo que todo fan de la banda le pediría de rodillas a Robert Smith, su poco de lado oscuro, su cara alegre y pop, y los deseados hits que hasta el que no se haya parado a escuchar a los británicos reconocería. Y es que tres horas dan para mucho, para demasiado, pero aquí el primer gran punto para el grupo fue conseguir que en ningún momento el repertorio se hiciera pesado ni sufriera bajones. La eterna juventud en la que parece vivir Smith enlazando temas como si fuera un crío fue un aspecto bastante sorprendente, al igual que el contorneo teatral con el que nos obsequió en algunos momentos, desatando la locura entre sus fieles, y más siendo él una persona poco dada a la interacción.

Pero vayamos al principio de todo, cuando poco antes de las ocho de la tarde un Barclaycard Center casi desértico recibió a los escoceses The Twilight Sad, formación respetada en el ambiente independiente que regresaba a la capital tras su concierto en la primavera del año pasado. La épica de sus composiciones y la espontaneidad de un James Graham, muy en la onda de Ian Curtis en cuando a la forma de moverse por el escenario, consiguieron ganarse casi de primeras al público. Un aperitivo dignísimo con perlas como “The Wrong Car” y “And She Would Darken the Memory” como broche.

No sabemos si las composiciones de los escoceses envejecerán tan bien como lo han hecho la de sus compañeros de gira; temas algunos con más años a sus espaldas que el que os escribe y que siguen teniendo la misma magia que el primer día, como “Open”, con sus veinticuatro primaveras, que sigue poniendo los pelos de punta. Fue el comienzo de una noche en la que Robert Smith sabía a priori que la jugada le iba a salir redonda. Sin la presión de presentar nuevo disco (¿se le ha acabado la chispa a Smith?), la banda pudo hacer lo que más le gusta: bucear en su inmenso repertorio y pescar lo que le vino en gana sabiendo que no habría momento para el reproche por parte del público. Le dio la réplica a “Open” precisamente el tema que también lo hace en Wish: “High”. Primeros y tímidos bailes mientras las luces se hacían grandes y Simon Gallup comenzaba a dejar patente su carisma sobre el escenario. “Inbetween Days” cosida con “Pictures of You” sirvió como primer baño de masas a las primeras de cambio cuando alguno podía pensar que la artillería pesada caería solamente al final de la noche.

16.000 almas unidas a The Cure
16.000 almas unidas a The Cure

La grandeza de un grupo como The Cure puede reflejarse en cómo han sido capaces de introducir distintos matices sonoros a sus esquemas musicales, “Kyoto Song” y “The Blood”, ambas de su lejano The Head on the Door, sirven para exponer dicho argumento, una con sus guiños orientales y la otra con una inconfundible guitarra española. Avanzó la noche y ni una muestra de cansancio por parte del grupo que seguía jugando con su repertorio, que si tiro de hits como “Just Like Heaven” o “Lovesong”, que si te cuelo un temazo como la copa de un pino como es “From the Edge of the Deep Green Sea” al que le siguen “One Hundred Years” y una “End” que nunca mejor dicho sirve para que se tomen un merecido descanso, al igual que más de uno que fue corriendo al baño.

Solo habían dado la mitad de lo que tenían preparado, un mundo para otros grupos que llenan recintos mucho mayores que el pabellón madrileño, pero para The Cure eso no era nada. Había mecha para rato, concretamente para tres bises en los que sí darle el gusto a la plana mayor. Claro que hablo de las archiconocidas “Boys Don’t Cry”, “Closed to Me”, “A Forest”, “The Walk”, “Lullaby” o el apoteosis final con la bailable “Why Can’t I Be You?”, pero entre tanto single de cabecera también tuvieron su momento de gloria otras canciones que explican la evolución de la banda como “Never Enogh”, “Shake Dog Shake”, “Burn” o “Wrong Number”, poca broma vamos.

La historia de la música contemporánea tiene un capítulo muy importante gracias a The Cure y noches como la de ayer sirven para que su leyenda sea aún mayor. Gracias Robert por existir.

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