Crónica del NOS Primavera Sound 2017

Por Ana Gadea 0

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Cuando empezó este año me prometí a mí misma no ir a ningún macro festival este año, que tenía que ahorrar para otros menesteres. Qué poca fuerza de voluntad. Después de las buenas sensaciones que tuve al debutar el año pasado en el hermano portugués del Primavera, finalmente caí en las garras del consumismo musical y me desplacé, no sin alguna reticencia al cartel, a la capital del norte de Portugal. El NOS Primavera Sound 2017 me esperaba con su cartel bastante más descafeinado que el de Barcelona, sin las gracias “unexpected”, pero a cambio de nuevo con la posibilidad de poder disfrutar de grandes conciertos cerca de las primeras filas y con poco agobio, aunque aquí va un tirón de orejas muy serio por lo asfixiante que fue todo lo que movió Bon Iver: antes, durante y después. Si quieren subir el listón de público a esas cantidades quizás me bajaría del barco como ya lo hice del de Barcelona. Por suerte las zonas de baños, este año con más puntos, las eficientes barras, y una zona de comida exquisita, hacen que el recinto vuelva a tener un notable alto.

Run the Jewels @ Ignacio Sánchez

La siempre cómoda jornada inaugural del jueves fue sin lugar a dudas la más satisfactoria, teniendo gran parte de la culpa Killer Mike y El-P, o lo que es lo mismo: Run The Jewels. El dúo de raperos puso a más de 20.000 personas a bailar durante una hora desde el primer segundo. Con un atronador “We’re the champions” salieron a escena para comenzar a golpear con “Talk to me”. Indescriptible la energía desprendida y cómo el público recogió el guante lanzado saltando sin parar y coreando cada estrofa. De seguidas “Legend has it” y la locura. “Call ticketron”, “Blockbuster Night, Part 1”, “Oh my Darling don’t cry”… ¿Qué van a dejar para el final? No había tiempo para tomar aire, temas y más temas, con más fuerza, más pegada, “Nobody speak”, “Hey Kids”, gotas de sudor que caen, tanto como para dejar las camisetas casi empapadas… Y claro, al final se tuvo que tirar del freno, rebajar revoluciones, introducirse en el lado oscuro de su Run the Jewels 3, agradecer a Oporto al Primavera Sound y coger el pie de micro para respirar. La fiesta tuvo su colofón con “Down” y el hit “Run the Jewels” como bis. En serio, que alguien me lleve allí de nuevo.

Pero antes de toda esta descarga de adrenalina tuvimos el gusto de catar la delicadeza de los norteamericanos Cigarettes After Sex con su pop ambiental de corte delicado. Con un ojo puesto en Luna, Mazzy Star, y demás, Greg Gonzalez y su banda sirvió de cálido recibimiento al público que comenzaba a llenar la colina del Parque da Cidade.

El cercano escenario Super Bock fue testigo de la singular y estimulante propuesta de Rodrigo Leão, fundador del mítico grupo portugués Madredeus, junto al australiano Scott Matthew. Si bien es cierto que ganaría enteros con el recogimiento de una butaca en un teatro, las composiciones de pop almibarado cuales Elbow fueron calando en el respetable que supo mantener un respetuoso silencio. Pero no solo de pop pudimos disfrutar en un show en el que en varias ocasiones Matthew salió de escena para dejarle el peso a Leão, uno de ellos para interpetar la cabaretera “Lonely carousel” originalmente cantada por Beth Gibbons.

Dentro de esta amalgama de estilos musicales llegó Miguel y su R&B y funk de manual. Base rítmica pegadiza con un carismático frontman. Así puedo describir un concierto que no llegó a terminar de convencerme. Demasiada teatralidad en sus gestos (estoy bueno y lo sé), su puesta en escena y sus canciones que me hacían pensar en las playas de California con sus vigilantes allá por los primeros 90’.

Justice @ Ignacio Sánchez

Menos mal que pronto llegaron los escoceses Arab Strap para borrar toda huella dejada por Miguel. Aunque al principio su confirmación dolió (fueron los elegidos para cubrir el inmenso hueco dejado por la cancelación de Grandaddy), al tenerlos delante y descubrir lo personaje en mayúsculas que es Aidan Moffat (verlo engullir cervezas como si no hubiera un mañana fue bastante cómico), toda duda sobre su presencia se esfumó. A pesar de ser gran desconocedora de su importante obra poco tardé en darme cuenta que tengo deberes pendientes. La banda con la que Malcolm Middleton y el propio Moffat se acompañaron sonó a las mil maravillas, no dejando escapar detalle alguno de sus composiciones. En serio, muy buenos.

El broche final, y menudo broche, lo pusieron los franceses Justice, uno de esos regalos que tuvimos que en Barcelona no pudieron disfrutar (ejem, Sónar). Tras los malos recuerdos de su paso por el Dcode 2012 me acerqué al escenario principal cautelosa, pero pronto estos miedos se esfumaron con una nueva propuesta visual en la que un impresionante juego de luces (parrilas que suben y bajan y grandes contras) tomó el control. Con Gaspard y Xavier separados en distintos teclados y artilugios, y dejando casi olvidada su icónica cruz, descorcharon la botella de la electrónica más fiestera y festivalera. Imposible no estarse quieto ante sus nuevos temas (“Safe and Sound” o “Alakazam!”) o los clásicos (D.A.N.C.E.”, la impresionante “Stress”, “Waters of Nazareth”, y claro está “We are your friends”). Un cierre de jornada por todo lo alto.

El viernes arrancó más tarde de lo deseado, y es que la organización del festival tuvo el detallazo de invitarnos a un paseo por la ciudad junto a otros profesionales; una pena que de las más de veinte personas apuntadas solamente cinco hicieran acto de presencia. Con las pocas horas de sueño tras Justice y la guía turística hasta las cuatro de la tarde nos tocó perdernos a los portugueses First Breathe After Coma y los australianos Pond. Al menos sí que dio para llegar a Whitney, una de esas sorpresa que una descubrió tras ser confirmados el año pasado en el Primavera Club. Los norteamericanos, a pesar de venir casi de empalmada desde Italia por problemas con los vuelos, lo tuvieron bastante fácil con un público bastante entregado que incluso les perdonó “su amor” por Lisboa. Su pop clásico entró a las mil maravillas para todos los que nos quedamos en la sombra de la colina. Los temas de Like Upon the Lake fueron cayendo poco a poco, momento especial para la dedicatoria de “Follow” para el abuelo de Julien Ehrlich, o el cierre con “No Woman”.

Sleaford Mods @ Ignacio Sánchez

La siguiente parada nos llevó al Palco. para disfrutar de los macarras Sleaford Mods. Los de Nottingham, siempre tan básicos en su puesta en escena, consiguieron congregar a un gran número de fieles dispuestos a ser sacudidos por su incontestable bilis satírica. ¡Fuck England!, no dejaba de repetir una y otra vez un Jason Williamson que tiró de mala leche al referirse a Teenage Fanclub, quienes estaban tocando en el escenario Super Bock, como “el pasado”: “Eso que escucháis por ahí es el pasado”. Su English Tapas, perfecta manera de describir su música, entró como un tiro y nos dejó con ganas de poder disfrutar de nuevo de ellos, pero en sala, donde realmente ganan por goleada.

Tocaba intentar pillar buen sitio para ver a Bon Iver, el que era el cabeza de cartel de todo el festival y había conseguido reunir a casi 30.000 personas. Su peliagudo 22, A Million ocupó gran parte de un show en el que incluso los temas de anteriores trabajos tomaron parte de los sonidos de su último disco. Y es que ahora Justin Vernon ya no viste con camisas de leñador, ahora ha entrado en el Primark de turno para arroparse con estampados tropicales. Si bien es cierto que la imponente banda que traía a sus espaldas ayudó lo suyo, aguantar esta nueva propuesta apretada por una chavalada que no paraba de hablar y de subir “stories” a sus perfiles de Instagram no fue lo más gratificante, haciendo que me retirase un poco intentando coger aire. Se agradecieron los pocos guiños que tuvo con sus dos primeros discos, así como el emotivo bis con “Skinny love”. Cabe destacar el amor que dedicó al Primavera Sound, un festival que “le descubrió” en nuestro país y que ha conseguido traerlo para dar uno de los pocos conciertos en Europa de esta temporada.

Con el cuerpo ya mostrando signos de cansancio tras un día maratoniano decidí subir la colina de nuevo hacia el Palco. y ver si las recomendaciones sobre el directo de King Gizzard & The Lizard Wizard tenían su fundamento. Unos pequeños problemas de sonido hicieron que el comienzo del show se retrasase unos minutos, pero una vez solucionados los australianos instauraron su ración de locura psicodélica. Riffs contagiosos y peña volando sobre nuestras cabezas. Así puedo describir el poco tiempo que disfruté de su concierto, más pensando en tirarme en la cama que unirme a la fiesta. Eso sí, antes de caer rendida Nicolas Jaar consiguió engatusarme con su propuesta, a ratos minimalista, a ratos contundentemente bailable.

Shellac @ Ignacio Sánchez

El “caluroso“ sábado comenzó con el sufrido trofeo del bolso oficial del festival. Sinceramente es digno de grabar los momentos en los que una jauría enloquecida corre tras los pobres voluntarios que temen por su vida… Con lo fácil que sería que al cambiar tu abono por la pulsera te dieran este simpático souvenir en lugar de tener que luchar casi exponiendo tu vida para llevártelo.

Bueno, en cuanto a lo musical, que para algo fuimos a Oporto, Wand reclamaron nuestra atención, pero su concierto se quedó a medio camino de todo. Ni provocó el bostezo ni alegría desbordante. Sonó bien, tocaron bien, pero algo no terminó de convencerme. Quizá esta neutralidad sea lo peor que le puede pasar a un grupo. Al menos tuvieron un simpático guiño al versionar “Cinnamon Girl” de Neil Young.

Manteniendo el sitio en el Palco. tocaba enfrentarse por primera vez a Steve Albini y sus Shellac. A pesar de ser unos fijos en el Primavera Sound desde hace años, una no había tenido el gusto de estar frente a ellos, y la verdad es que no defraudaron. Estupenda ración de rock duro y seco que nos metimos entre pecho y espalda, una pena que Sampha se interpusiera entre nosotros y nos llamase para bajar al escenario Super Bock. Y es que el debut en solitario de este británico puede considerarse uno de los más prometedores de lo que llevamos de año. Alma soul revestida de texturas electrónicas que por momentos nos hizo recordar a Massive Attack por la calidez de su sonido. Sin dudarlo uno de los descubrimientos de este NOS Primavera Sound.

Death Grips @ Ignacio Sánchez

Aunque Metronomy están más cerca del discurso musical de Sampha, decidí que era mejor descubrir cómo son de eléctricos Death Grips en directo, y la verdad es que cualquier idea que tuviera preconcebida se quedó corta. Ver sobre las tablas a MC Ride escupiendo los temas camuflado ante la oscuridad que ofrecía el escenario es toda una vivencia. Un show espídico que no tuvo ni un segundo de respiro y en el que el público más joven lo gozó de lo lindo entre pogo y pogo. Y hablando de pogos los siguientes en caer fueron los canadienses Japandroids, que a pesar de presentar el poco destacable Near To The Wild Heart Of Life, siguen teniendo mi cariño. La falta de fuerza de sus nuevos temas en disco se esfuma sobre el escenario, con un dúo completamente entregado, aunque a la voz Brian King le costara más de la cuenta encontrar el tono. Los temas de sus dos primeros trabajos (“Heart Sweats”, “Younger Us”, “The Nights of Wine and Roses”) fueron los más celebrados , junto a la nueva “North East South West”, cuyo videoclip habían estado grabando esos días en Oporto. La locura se desató al final con la dupla “Young Hearts Spark Fire” y la coreadísima “The House That Heaven Built”. Sigamos siendo jóvenes.

Antes de enfrentarme ante las dos horas de Aphex Twin parada obligatoria en la zona de comida. Con la tripa llena tocó luchar contra una experiencia musical difícil, si bien cuando llegué el bueno de Richard estaba jugando con su lado más minimal, click and cut, pero poco a poco comenzó a abrir la garrafa del techno más duro y difícilmente bailable, hasta que aquello fue un chorreo bastante indigesto al que se le unieron unas proyecciones llenas de color que a más de uno podrían haberle provocado un ataque epiléptico. Lo mejor fue huir ante la incesante lluvia de rayos láser que el escenario escupía.

Por suerte Tycho apareció por la carpa para quitarnos el mal sabor de boca y transportarnos con su delicada propuesta electrónica. Aunque algunos hubieran preferido más zapatilla, para mí fue perfecto ver cómo Scott Hansen llevaba al directo, arropado por banda al completo, sus temas. Delicada orfebrería ambiental que sirvió para que dijera adiós a un festival que engancha y que ya tiene mi reserva hecha en Matosinhos para el 2018. Del 7 al 9 de junio volveremos a vernos. Obrigado Porto.

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