Crónica del concierto de Sierra en Madrid (El Sol)

Por Ana Rguez. Borrego 0

Llenazo absoluto y expectativas más que superadas.

Más de uno pensará que nos ciega la emoción de haber presenciado uno de los conciertos más esperados de principios de 2018. En parte, es posible: el corazón tiene razones que el cerebro no entiende. Sin embargo, hay pruebas claras de que fue así. La primera de ellas, sold out en los días previos: un dato evidente. Las siguientes son las reacciones de los que allí estábamos. Aplausos, sonrisas arriba y abajo del escenario y ni un estribillo sin corear.

Puedes aparecer en mil listas pero no conseguir que eso se materialice en el aprecio del público. En este caso, creo que Sierra tiene un motor infalible: el boca a boca. La expectación ante el giro del primer adelanto, las recomendaciones encadenadas entre oyentes satisfechos… Quizás es complicado calcular un volumen de seguidores, pero ante las reacciones podemos asegurar que son de calidad. Y después del 2 de febrero, una buena parte están fidelizados.

La noche comenzaba con un guiño a esos tres años en los que Hugo Sierra colaboró con diferentes músicos. La Estrella de David en un formato intimista era el encargado de abrir la velada. Una actuación breve, sencilla por la instrumentación que le acompañaba, pero intensa, pues dejaba claro su gusto por el desencanto y la sentimentalidad en tono sarcástico. En la primera parte, acompañado de su guitarra, nos recordó algunos de sus temas más reconocibles, como “Vejaciones en la costa”, “Un último esfuerzo” o ” Tremendas amazonas”. Tras lo ya conocido, llegó la novedad. Dejó la guitarra en el suelo y acompañado por las bases que tenía grabadas en su ordenador, compartió nuevas canciones que confirmaban su personalidad inclasificable como músico.

La timidez de David Rodríguez me hace pensar que en algunos momentos lo pasó mal, y no precisamente porque no disfrute del hecho de tocar. El problema es ajeno a él y tiene un nombre: asistentes maleducados. A medida que iba entrando la gente, el volumen de la conversación crecía y era complicado que sobresalieran sus canciones. Y merecía la pena prestar atención a ese susurro que habla de sensaciones familiares.

¿A ninguna parte? A donde ellos quieran

Hay maneras y maneras de salir a escena, y la de Sierra, claramente es con estilo. Tienen clara la imagen que identifica al grupo y en función de ella estructuran la salida. Clara Collantes, Toño Castro y Arturo Hernández, completamente vestidos de negros, salen a escena y se colocan ante sus instrumentos. Unos segundos para generar expectación y aparece Hugo Sierra, de blanco, con sus gafas de sol. Un golpe de efecto que nos deja claro que no descuidan ningún detalle.

Al ver la sala El Sol completamente llena, una sonrisa inundó su cara y no la abandonó en ningún momento. “La noche criminal” fue el tema elegido para comenzar, al que siguió “Golpes” y “La chica del cohete”: había que presentar su primer larga duración pero no se podían olvidar de su EP de origen. En cualquiera de ella, e incluso las que siguieron, el público ejerció como coro amateur de todas las canciones. Incluso en la versión de “When I’m with you” de Best Coast.

En diferentes ocasiones, Hugo Sierra se mostró emocionado y agradeció esa acogida, incluso invitando al público a cantar, con el sutil reto de “a ver si os sabéis ésta“. Y era ésa, y áquella, y la que seguía… Puede que “Amiga Extraña” y “Perfectamente” se vivan con más intensidad, por la luminosidad que despliegan, pero tampoco se quedaba atrás “Sintéticas”. Cualquiera de ellos esperaba la experiencia de tocar en directo el disco, pero era una sensación recíproca. Había ganas de escucharlo en directo y de poder vivir esa extraña satisfacción de poder cantar con el resto del público. Solo “Lala” pareció silenciar a los asistentes, pero merecía la pena que fuera así para que fuera un momento más íntimo, casi rozando lo acústico.

Pero no fue una entrega gratuita por parte del público, porque cada uno de los componentes de Sierra dio buena muestra de que merece la pena verlos así. La sutileza rítmica que generan Clara Collantes con su guitarra y Arturo Hernández a la batería, la esmerada versatilidad de Toño Castro en los teclados (que parecía disfrutar como un niño), la claridad vocal de Hugo Sierra, en la cual no se perdía ningún matiz del mensaje… El resultado es compacto y equilibrado, como debe ser en un grupo.

“No eres increíble”, “Me destrozaré” y “Tiene mucha fuerza” cerraban la mayor parte del setlist. Una breve pausa y volvieron al escenario para tocar las últimas canciones. El amor de “Todo el tiempo” y la canción que da título al disco, “A ninguna parte”. Apenas se dejaban una canción fuera del repertorio, pero era necesario pedir alguna canción más. Porque cuando algo suena bien y se nota la química que genera entre público y artistas, nos gustaría que fuera eterno. O no debería serlo, para que pudiéramos recurrir al deleite de nuestros recuerdos.

Costaba marcharse de la Sol, quizás con la idea de felicitarles por el concierto que tanto habíamos disfrutado.

Dicho esto, solo queda añadir una cosa: salas, promotores, festivales… no se os ocurra dudar sobre si programar a Sierra. Es una experiencia más que recomendable.

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