Crónica del concierto de Sleaford Mods en Madrid (Teatro Barceló)

Por Ana Rguez. Borrego 0

Su esencia del macarrismo nunca deja de convencer

Sleaford Mods tiene algo que engancha. Cuando los escuchas, la airada voz de Jason Williamson te convence, pero cuando los ves en directo, ya no hay vuelta atrás. ¿Pero cómo? ¿Qué tiene este dúo y su puesta en escena… sobria? Probablemente su capacidad de empatizar sin ningún tipo de artificio, de arrastrarte a su airada fiesta del sarcasmo.

El año pasado tuvimos la oportunidad de verles en el Primavera de Oporto, pero después de su concierto en el Barceló queda clara una cosa: mejor en sala. Siempre hay un grado de sorpresa (sobre todo si es la primera vez que los ves), pero en un formato “reducido” ganan. Por una sencilla razón: son conscientes de que los asistentes están allí por ellos y no tienen por qué cohibirse. Si es que alguna vez lo hacen, porque su planteamiento en escena es totalmente atípico. A un lado nos encontramos con Jason Williamson agarrado al pie de micro, con su recitado disconforme, con tanta fuerza que en ocasiones piensas que te van a llegar sus salivazos; al otro, Andrew Fearn, con su lata y una mano en la bolsillo, encargado de cambiar las bases con su ordenador.

Todos queremos ser Andrew Fearn

Poco más necesitan, quizás porque de alguna manera te ves reflejado, el cómo te encuentras y el cómo te gustaría estar. En esos momentos en que te hierve la sangre y querrías no callarte, ¿no te imaginas como Williamson, cantándole las cuarenta al que sea pertinente, de forma visceral, con el poder de la palabra de tu lado? Pero en ocasiones piensas que, por salud mental, deberías estar como Fearn, riéndote de los demás y moviéndote al ritmo que te gusta.

Pero no todo es enfado en el cantante. En absoluto. Fue un completo espectáculo de humor, de reírse del estereotipo del inglesito que hay en nuestra cabeza. Si has leído Inglaterra, Inglaterra de Julian Barnes, te da por acordarte del parque temático que querían hacer con los tópicos de la isla. La familia real, el Mánchester, Robin Hood y su alegre pandilla, la flema, el sistema de clases… Pero él no representa esa parte tan estirada. En él hay orgullo de los Midlands, de clase obrera, de odio a la herencia recibida del thatcherismo; pero también parodia de los saludos de la reina, los andares estirados de los señoritingos, sus carcajadas al borde del histrionismo…

Con ese clima, el pogo estaba asegurado. Nada más comenzar la primera canción, el público comenzó a moverse como Andrew Fearn, acompañando a Jason Williamson en los coros. Ese movimiento se fue incrementando hasta la quinta o sexta canción la parte central de la Barceló se fundió en un pogo continuo, lleno de cachondeo y incluso lanzamientos del público desde el escenario. Porque un concierto de Sleaford Mods sin él no tiene sentido.

Y así acabó el concierto, repleto de satisfacción.

Por cierto, un consejo final: si vas a hacer crowdsurfing, asegúrate de que el público está bien tupido. Creo que alguno notó más el suelo que las manos de los compañeros de pogo 😉

Galería del concierto de Sleaford Mods en Madrid