Crónica del concierto de Fermín Muguruza eta The Suicide of Western Culture en Sound Isidro

Por Ana Rguez. Borrego 0

La cara B de la historia: la microhistoria

Hay discos que jamás se deberían perder de vista. Y no porque sean fruto de un supergrupo (esas cosas que se llevan tanto ahora), sino porque encierran mucho más. Están muy pensados, tienen tanto contenido que es recomendable volver a él cada cierto tiempo, porque son transmedia. En diciembre de 2017 salía B-Map 1917+100 y probablemente no acabó en tantas listas como debiera por las fechas y porque requiere un trabajo intelectual que no mucha gente quiere tomarse. Y por los putos prejuicios. Música electrónica, ideología… ay, amigo, no me seas tan decadente y ve más allá.

Seguro que la unión de Fermín Muguruza y The Suicide of Western Culture choca a más de uno, pero está para callar bocas. Por lo heteredoxo del público que había en la Joy Eslava, tengo la sensación de que una buena parte no tenía muy claro qué iba encontrarse en ese concierto. O sí, y es un prejuicio mío.

concierto de Fermín Muguruza eta The Suicide of Western Culture
The Suicide of Western Culture, por Sergio Albert

En cualquier caso, desde el inicio, The Suicide of Western Culture dejó claro que no era una elección al azar (aunque en esta ocasión solo estuviera Juanjo Fernández, apoyado por Alex Ferrer (Sidechains)). Son un grupo de música electrónica algo atípico. Ya en Hope Only Brings Pain (2012) había títulos que te hacían pensar; en Long Live Death! Down with the Intelligence! (2015) lo dejaban claro. Ese enfrentamiento dialéctico de Unamuno y Millán Astray, que reflejan en sus visuales, y que sirvieron para abrir el concierto, los define y los legitima como compañeros perfectos para este experimento. Tienen el don de traducir en sonidos sensaciones convulsas. No es una electrónica fría y mecánica. Serán los samplers, su gusto por las cajas de ritmos, una cierta tendencia a lo analógico… lo que sea, pero su música tiene algo de orgánico que la hace especialmente viva.

Tras tres temas que sirvieron para crear el ambiente, sonaron las voces del trío Marala cantando el “Txoria Txori” de Joxean Artze y Mikel Laboa. Era el momento de “Barcelona – Sant Andreu”. Ya estaba en el escenarío Fermín Muguruza, apoyado también por Karlos Osinaga a la guitarra. Era el momento de la pasión. Cuando escuchas el disco, o ves los videos, ya hay sensaciones, pero la vida que cobra la música en directo es necesaria. La interacción que se genera entre el personal fraseo de Fermín Muguruza y el cómo viven la interpretación los otros músicos es algo visceral.

concierto de Fermín Muguruza eta The Suicide of Western Culture
Fermín Muguruza por Sergio Albert

Es otra vida de las canciones. Y hay mucha, pues cada unas de las canciones está dedicada a un incidente que revolvió una ciudad. Una ciudad que comienza por B, una elección nada casual. Es la cara B de la historia, lo que suele definirse como microhistoria. Cuando se habla de historia, cuando la estudiamos en el instituto, suele ser desde un punto de vista belicista. Victorias, tratados, alianzas, grandes nombres… y se olvida el día a día de los siglos. Anécdotas y situaciones que te ayudarían a imaginar y comprender a esa parte anónima, semejante a ti. No hay tanta distancia con ellos, pero caen en el olvido, porque no aportan a la imagen idílica de los países.

B-Map 1917+100 es un álbum visual y por eso cada canción se convierte en una pequeña narración, que se apoya en los visuales. Cada una de ellas tiene algo, pero quizás las que tiene samplers de otras voces, llenas de indignación, cobran una mayor empatía. “Bogota – Dantza Pauso Bat”, “Baton Rouge – Black is Beitza” o “Brazzaville – Egun On Kinshasa” son una buena muestra de ello.

En la primera parte del concierto apenas conversó con el público: se reservaba. Al terminar “Buenos Aires – Gernika Jai Alai”, expresó su emoción. Sus más de 30 años de carrera le han hecho vivir situaciones de lo más dispares, y no siempre agradables. Quizás porque algunos prefieren mirar hacia otro lado y olvidar la evolución de sus palabras. La necesidad de crear puentes que reflejaba la presencia de Eduardo Madina entre el público. Una idea que también está en Los puentes de Moscú (Astiberri, 2018) de Alfonso Zapico y que mencionó un poco como cierre a ese resumen vital con Madrid.

Esos recuerdos le sirvieron para introducir tres temas de sus anteriores proyectos: “Itxoiten” de Negu Gorriak, y “El Estado de las Cosas” y “Zu Atrapatu Arte”, de Kortatu. Tres canciones que encendieron al público, que se animó a corearlas. Incluso hizo un guiño a la actualidad, con el video de “Los Borbones son unos ladrones” en el que participan artistas como Frank T o César Strawberry.

Abrieron con el primer adelanto y cerraron con el segundo, “Berlín – Ulrike Meinhof”. Y la constante se mantuvo: la emoción. Necesaria en tantos aspectos que te plantea el volver al disco para seguir descubriendo detalles de sentido.

concierto de Fermín Muguruza eta The Suicide of Western Culture
Fermín Muguruza eta The Suicide of Western Culture, por Sergio Albert
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