Crónica del GetMAD! 2018

Por Ana Rguez. Borrego 0

Sólo tres ediciones y el GetMAD! ya puede fardar de ser un festival consolidado. Puede haber cambios, ajustes, detalles que mejorar… pero tiene una personalidad claramente definida, con un ingrediente fundamental: es complicado que falle. Revisas el cartel y te quedas pensando… ¿qué pasas de ver? Tachas algunos, pero un poco por eliminar quebraderos de cabezas: hay solapes que son dolorosos 😉

Uno de los grandes aciertos de este año es la variedad de abonos que ofrecieron, lo cual parece que atrajo más público a algunas salas. Es más que probable que hubiera personas que rehuían el concepto del festival en sí, porque no les atraía la oferta al completo o les daba algo de pereza el hecho de cambiar de sala. Sea cual sea la razón, lo cierto es que bastantes de las opciones agotaron las entradas. Como detalle a mejorar, la elección de las salas. La distancia de la Sol y la Wurlitzer respecto de la But y de la Changó (especialmente ésta) te obligaba a sacrificar parte de los conciertos para ir de un lado a otro. Y en ocasiones eso dolía.

Recuerdos de principios del siglo XXI durante el viernes

Grave Pleasures por Aída Cordero

La profundidad sonora de Grave Pleasures fue la elegida para comenzar esta nueva edición. Su aire clásico, su recuerdo a grupos míticos de otras décadas… Este quinteto finlandés, surgido de Beastmilk, empezó fuerte con “Joy Through Death” y no dejó de engancharnos con cada unas de sus canciones. Demostraron la contundencia y severidad de su post-punk con tintes góticos. Esa familiaridad de lo que escuchas y la rotundidad de la voz de Mat McNerney te meten en su propia atmósfera. Era imposible no quitar ojo del escenario: al término de cada canción estabas deseando escuchar la siguiente para darlo todo, tratando de acompañar el ritmo con el cuerpo.

Crónica del GetMAD 2018
Art Brut por Aída Cordero

Esa especie de comunión con el público continuó con Art Brut, uno de los cabezas de cartel. Nada extraño, pues el carisma de Eddie Argos se queda con todo aquel que le esté escuchando. Cantando, bailando, con sus comentarios sarcásticos, a través de la complicidad que tiene con cada uno de sus compañeros… Se les notaba a todos ellos con ganas: llevaban sin tocar unos años. Un detalle casi sin importancia pues no parecían oxidados ni nada por el estilo. Quizás porque les gusta romper esa especie de ritual que es un concierto de rock, hacerlo familiar con un aire calculadamente destartalado. No es nada extraño que sean considerados una de las mejores bandas de rock británico del nuevo siglo: sus canciones perduran y su maestría tocando es digna de (ad)mirar.

Otro buen ejemplo de la efectividad de la veteranía es No Age. Pertenecen a esa estirpe de dúos poderosos que crean tal bloque sonoro que te hace preguntarte cómo pueden conseguir ese volumen y matización. Lo suyo es la experimentación con el ruido y dieron buena muestra de ello, especialmente Dean Allen Spunt. Cantaba, tocaba la batería, trasteaba con su caja de ritmos entre los temas más conocidos… Quizás en algún momento el repertorio se hizo algo denso, pues fueron por todo lo alto durante todo el concierto, pero también es meritorio aguantar ese volumen sin altibajos.

De la veteranía a las jóvenes promesas, como es el caso de Hickeys. Desde la publicación de su EP Diamond Munch (2018) no se ha parado de hablar de ellas y la verdad es que hay motivos. Cada una de ellas consigue un tono de voz que se sintetiza con un sentimiento diferente (especialmente la de Marta SV, llena de personalidad), y que acompañan a la perfección con su forma de tocar. Combinan diversión y solvencia a la hora de hacer propios sus referentes, así que va a ser genial verlas crecer.

Crónica del GetMAD 2018
Amyl and the Sniffers por Aída Cordero

Amyl and the Sniffers fueron toda una sorpresa. Creo que jamás te podrías haber imaginado cómo evolucionaría ese punk primigenio y pegajoso en directo. Y es genial, porque su menuda frontwoman Amy Taylor es digna de observar. No para en ningún momento. Su fraseo rápido y agudo, sus trayectos por el escenario, la interacción con el público… Así pasó, que la gente se entregó a poguear y hacer intentos de crowdsurfing. Era la primera vez que visitaban España y fue algo tan emocionante que esperamos que vuelvan con frecuencia.

Con ese derroche de energía, La Luz supo un poco a bajona. Ellas mismas representan la serenidad de otra época, que es totalmente lo contrario a Amyl and the Sniffers. Pero esa sensación es algo que me ocurrió a mí, eso sí, porque la Boîte estaba llena de gente que no podía ocultar su expectación: escrutaban cada uno de los detalles y reconocían cada una de las canciones con los primeros acordes. Lógico, pues es fascinante observar cómo te transportan a otra época, a una ensoñación de finales de los 50 y principios de los 60, que parece a llevarte a un atardecer en el Pacífico.

El sábado se escapó un conejo salvaje

Crónica del GetMAD 2018
Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs por Aída Cordero

La programación de la Changó engancha. La selección de los más duros del lugar se convierte en casi en un must para comenzar con los conciertos del GetMAD! Cuando terminó el concierto de Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs te preguntas que cómo ibas a perderte aquello. Puede que fueran una de las opciones más pesadas, por la duración de algunos de sus temas, por el enfoque primordial de sus riffs… pero hay que verlos. La teatralidad que desarrollan sobre el escenario te deja sin palabras, es completamente hipnótico: cómo guitarra, batería y bajo envuelven a Matt Baty, que parece cantar e invocar otras realidades, mientras que a la derecha se sitúa a la guitarra, como si narrara a través de las notas lo que está ocurriendo. Fascinante.

Esa sensación se mantuvo con Jardín de la Croix. Una sorpresa más que agradable. La primera vez que los escuché, en el concierto que hizo Toundra en el Palacio de los Deportes, fue el grupo que me dejó más fría, porque se me hizo bola en algunos momentos. Nada que ver con la sensación que me dejaron esta vez. Me parece que Circadia (2016) es su evolución lírica dentro del math rock. Miles de matices, sensaciones, detalles, que hacen las canciones algo corpóreo, vivo, con los miles de altibajos que podemos tener cada uno de nosotros. No exagero si digo que es algo exquisito su concepción temática.

Cambiamos de sala y de estilo, pero continuamos con propuestas que no fallan. The Fresh & Onlys mezclan ejemplarmente el garage más reposado con la psicodelia moderada. Pero ojo, no pensemos que es que se quedan a medias, o que son unos “flojos”. Lo suyo es la matización y cómo ganarse al público con ella. Te captan con el virtuosismo instrumental de cada uno de ellos y te enganchan con la progresiva intensidad de sus temas. Un repertorio que no deja de crecer en ritmo y virguerías sonoras, que te dejan con una sonrisa en la cara.

Este modelo de evolución sobre el escenario fue el que eligió Buried Feather, desde la más pura psicodelia. ¿Qué pasa en Australia, que se les da tan bien este estilo? El inicio fue tímido (tampoco acompañaba la poca gente que había en la Wurlitzer), pero a medida que se fue llenando se les notaba a gusto y desplegaron el potencial progresivo de este estilo. Tanto que cuando terminaron te quedas con cara del incrédulo “¿ya?”. Casi como ellos, que era la primera vez que pisaban Europa y ya querían volver.

¿Qué decir de Nobunny? ¿El postre?, ¿el broche final?, ¿después de verle era necesario terminar? El disfraz de conejo que luce en sus conciertos no es mero atrezzo. No juega a ser adorable sino más bien a parecerse al célebre lepórido de Los caballeros de la mesa cuadrada. Reinventa la transgresión del punk y te saca de la zona de confort con cierto placer sadomasoquista: no te importa a veces sentirte incómodo. Sus rápidas y enérgicas canciones se suceden, con su voz que juega a parecerse a la de Bugs Bunny; mientras da saltos, mordisquea una zanahoria o se la mete en la nariz para luego lanzársela al público. Y ahí comienza a no ser tan light. Se seca el sudor con un pañuelo que tiene dentro de los calzoncillos y se coloca los huevos cuantas veces sea necesario, para luego agarrarte la mano si es que se la ofreces. ¿Repugnante? No te creas: todos los que allí estábamos acabamos con una sonrisa, con ganas de repetir la experiencia.

Hasta que llegue la edición de 2019 tendremos a Emma Ruth Rundle, pero la verdad, queremos saber YA más.

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Nobunny por Aída Cordero
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