Crónica del concierto de Amen Dunes en Madrid (sala Copérnico)

Por Ana Rguez. Borrego 0

El concierto de Madrid servía como cierre de su gira europea

La música es una sensación en sí misma, llena de matices. Casi tantos como estilos, como creadores, como personas que la escuchan. Sin embargo, hay autores capaces de crear con su música una especie de periplo lleno de aventuras, un viaje nada acomodado. Porque hablar de sentimientos al desnudo es algo complicado, que no todo el mundo es capaz de asumir o de verbalizar.

Amen Dunes es uno de esos creadores que es capaz de autodiseccionarse para hablar desde la intimidad. Por eso, no es de extrañar que se haya tomado su tiempo para crear Freedom (Sacred Bones Records, 2018), su quinto trabajo. Cuatro años para analizarse a sí mismo, a nivel individual, en el contexto social que le rodea, respecto a su familia… Un ejercicio de integridad sumamente depurado, que convierte ese maremágnum de emociones al minimalismo. La complejidad de lo esencialmente sencillo.

Ese ejercicio de materializar sentimientos no le es ajeno a Lauren Auder, el encargado de abrir la noche. Probablemente se presentaba como un desconocido para la mayoría de los asistentes: apenas tiene cinco canciones publicadas. Para aquellos que ya habíamos escuchado alguno de sus temas, la impresión tampoco fue menor. La profundidad de su voz grave contrasta con su aspecto físico. Tan joven, andrógino, vestido de blanco… Auder parece una especie de ángel desubicado, que lleva dientes de oro para parecer más humano y canalla. Una presencia casi etérea que toma tierra con el peso de su voz.

Acompañado sólo por el francés Dviance, que maniobraba con las bases pregrabadas y con la guitarra, no necesitaba más para crear ese universo tempestuoso por el que deambulaba. Un especie de ambiente denso, de emociones inexpertas, que promete ganar adeptos entre aquellos que le descubran. Su estilo de fraseado tiene algo de narración cotidiana que debes escuchar.

Tras la juventud, llegaba el turno de la maduración emocional.

Prácticamente desde que salió su último disco, Amen Dunes ha estado girando a nivel mundial para presentarlo y el concierto de Madrid era ya el último. Una sensación agridulce en la que se mezclaba el final de algo de lo que estás disfrutando y la satisfacción de haber compartido tanto con el público.

Entre discreción y timidez, tras sus músicos, Amen Dunes apareció en el escenario. Parecía estar encerrado en sí mismo, pero poco a poco, al tiempo que hacía indicaciones para ajustar su sonido, desplegaba su narración sentimental. Y fascina por su sencillez a la hora de cantar, sin aspavientos, sin dramatismo histriónico. He ahí su magia: empatizas con esa simpleza, se te hace familiar, pues al fin y al cabo es capaz de traducir a la música los sentimientos que todos podemos llegar a tener.

Durante algo más de una hora, Dunes interpretó prácticamente todos los temas de Freedom, con algunas incursiones en sus trabajo anteriores (“Lonely Richard”, “Song to the Siren”, “Slits are parted”), que se integraron a la perfección con el estilo de este último álbum. Porque todas ellas son retazos de un artista que hace de la música algo terapéutico, que depura las sensaciones de todo aquel que la escucha.

Todo parece tan fácil cuando lo ves. La maestría y disparidad de los músicos que le acompañan, la expresión de los sentimientos, cantar sobre ellos, aunque sea de espaldas… una especie de confort doméstico que recuerda a una quedada para arreglar el mundo y hablar de lo que (te) pasa con una botella de vino.

Un narrador de emociones del siglo XXI más que necesario, aunque la gran mayoría no sepa apreciar esa sensibilidad. Ellos se lo pierden. Es perder oportunidad de entenderse.

Galería de imágenes del concierto de Amen Dunes en Madrid

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