Entrevista a Lori Meyers: Veinte años en una conversación

Por Jose A. Rueda 0

Entrevista a Lori Meyers: Veinte años en una conversación

La banda de Loja lleva todo 2018 celebrando sus dos décadas de trayectoria. La guinda del pastel de cumpleaños tiene forma de disco recopilatorio (20 años. 21 canciones). La traca final será el concierto especial que acontecerá a dos días de consumar el año.

Loja, 1998. Los hermanos Alejandro y Julián conocen a Noni y a Alfredo a raíz de unos gustos musicales comunes. Forman una banda inspirada en el grunge y el punk-rock de aquellos años. Una canción de NOFX bautiza al cuarteto. El EP Las cinco ventanas en 2000 comienza a conformar el sonido definitivo de Lori Meyers, que no debutan de forma oficial hasta cuatro años después. Será Viaje de estudios (Houston Party, 2004) el inicio de una carrera discográfica en continuo ascenso. Ale Méndez (guitarra y segunda voz) responde por teléfono.

Si habéis adelantado el vigésimo aniversario al momento en que se formó el grupo (y no al debut discográfico), ¿cuál podrías decir que fue el acta fundacional de Lori Meyers?

No hubo un “consejo de estado” o un “consejo de socios”. Al principio era una reunión de amigos que flipaban con la época de los 90, flipaban con los videoclips de la MTV, el grunge, el post-grunge… Realmente en Loja había mogollón de grupos. ¡No te imaginas! Era una época en la que había muchísima gente haciendo canciones.

Me hablas del grunge y el post-grunge. “Lori Meyers” es una canción de NOFX. ¿Era el punk-rock melódico otra de las primeras influencias del grupo?

Sí, sí. La gente se sorprende, pero realmente al principio empezó así. Era un grupo que cantaba en inglés. Noni cantaba en inglés (o intentaba cantar en inglés, pero no se conseguía) e íbamos mucho más enfocados al punk. Al punk este de finales de los 90: el Punk in drublic de NOFX, Bad Religion… Luego ya se fue depurando, se fueron bajando las revoluciones y se empezó a prestar atención a otro tipo de influencias.

¿Hay alguna manera de conseguir aquella demo en inglés de los Lori Meyers de 1998?

Sí. Hay una forma de conseguirlo que es… yendo a mi casa [risas] Está en una caja fuerte y no la voy a sacar de ahí [más risas]. Está ahí guardado para nosotros, no porque nos dé vergüenza, sino más bien porque el grupo comenzó con una serie de influencias que a medida que se fueron concretando es cuando el grupo tiene cierto concepto. Eso no lo hemos editado porque hemos querido respetar a partir de que se canta en castellano.

En 2004 llega vuestro primer disco y con él la irrupción en la escena indie. Lo primero que se dice de vosotros es que sois “los nuevos Planetas”. ¿Cómo sienta esa comparación?

No sienta mal, porque para empezar lo grabamos en su estudio. J estaba presente. De hecho, antes de que saliera Viaje de estudios, hicimos varias intentonas de sacarlo con el sello discográfico que tiene, El ejército rojo, pero al final surgió la posibilidad de hacerlo con Houston Party y tiramos por ahí. La relación con Los Planetas siempre ha sido de apoyo. Además han sido una influencia importante en cómo trasladar el castellano a la música indie.

Pero algo de Súper 8 y de Pop sí que había.

Tiene cosas de Los Planetas, pero bueno, es normal. En los primeros discos siempre es más difícil tener una personalidad propia. Creo que al final fue un disco que ganó no porque se pareciera a nada. Si lo escuchas con la perspectiva del tiempo no creo que dé la sensación al final de ser tan Planetas.

En los siguientes discos hay acercamientos distintos en cada uno de ellos: Hostal Pimodán es más setentero (Los Brincos, Los Ángeles), Cronolánea coquetea con Wilco, Cuando el destino nos alcance se abraza a los sintetizadores. ¿Buscáis innovar en cada nuevo trabajo?

Nosotros vemos nuestra carrera como un camino hacia adelante. Se ha convertido en un aprendizaje. Puedes dar con algo que te flipa y continuar haciéndolo. AC/DC han dado con un sonido y no lo van a cambiar. De hecho, ¡que no lo cambien! Pero hay otros grupos a los que les interesa ese camino de experimentación. Nosotros somos de explorar, de no aburrirnos, porque creemos que la música es un campo vasto y abierto en el que hay mil cosas por aprender. Por eso en cada disco continuamos con esa búsqueda.

El núcleo duro de Lori Meyers: Ale, Alfredo y Noni.

Con Hotal Pimodán ficháis por Universal y Cronolánea sería el primer disco cien por cien manufacturado en esta multinacional. Las críticas sobre vuestra autenticidad indie comienzan a llegar. ¿Os sentaron mal?

¿Cómo no te va a sentar mal? Surges de un movimiento independiente en el que vas intentando buscar tu camino. Y en el momento en el que intentas buscar otro tipo de cosas y te alejas, ese sector más purista ya no te apoya. Al principio sentaba mal, pero a medida que pasan los años te das cuenta de que lo importante es que tú vayas dando pasos hacia adelante, sean buenos o malos. Como en la vida, tienes que tirar p’alante y tomar decisiones. Y ese es tu camino y esa va a ser tu carrera discográfica. Luego la gente que opine lo que quiera.

Pero sois conscientes de que hay dos tipos de fans de Lori Meyers: los de los dos primeros discos y los que vinieron después.

Somos conscientes, sí. Cuando hicimos hace seis años lo de las cuatro Joy [n. del a.: cuatro conciertos consecutivos en la sala Joy Eslava, uno por cada álbum que habían publicado hasta el momento], el primero que se llenó fue el último, que en ese momento era Cuando el destino nos alcance. Luego se llenó Cronolánea y luego se llenó Viaje de estudios. Hostal Pimodán no se llenó o se llenó casi al final. Sin embargo fíjate que para todos los músicos y para Julio Ruiz y toda la gente de la prensa, es un disco que gusta más.

Pese a ello, nunca faltan canciones de los dos primeros álbumes en los conciertos.

Sí, eso lo intentamos siempre. Intentamos que haya una referencia de cada disco. De Viaje de estudios siempre ha estado “Tokyo ya no nos quiere”. Es una canción que fue el primer single, se hizo un videoclip que se grabó en Barcelona y la verdad es que le tenemos mucho cariño porque nos dio ese primer empujón. Siempre ha habido una representante de cada época. Incluso en festivales, que el repertorio es limitado y tienes que ceñirte un poco, hemos guardado un hueco para que la gente diga «oye, que antes de “Mi realidad” hay cosas».

Se habla del salto cualitativo en la música de Lori Meyers, pero no se habla tanto del cambio de registro en la voz de Noni. ¿A qué se debió esto?

Hubo un cambio en una canción: “Alta fidelidad”. Es una canción más grave y más rockera, muy diferente a lo que veníamos haciendo Lori. Ahí tuvo que sacar un poco más de fuerza de voz. Eso luego lo transmitió en el siguiente disco, en Cuando el destino…, que lo cantó con más energía, más fuerte.

Tiene gracia, porque cuando grabamos el disco y se lo enseñamos a los colegas y a la familia, no reconocían su voz. Pensaban incluso que era yo. Noni, en los dos primeros discos tenía un registro más dulce, con la voz un poco más introvertida. Y a partir de Cronolánea, empezó a explorar su voz y a saber hasta dónde puede llevarla. La primera fue “Alta fidelidad” y a partir de ahí estuvo mucho más seguro de su voz como instrumento. En Cuando el destino… ya se ve un cambio con esa voz melodiosa, fuerte, con más potencia, que es con la que la gente ahora nos identifica.

Todos estos detalles: la evolución sonora, el registro de voz, la respuesta del público, etc., los hemos visto nosotros desde fuera. Pero, ¿cómo se ven Lori Meyers desde dentro?

Creo que somos un grupo que tenemos un ADN de canciones pop, de hacer canciones como se hacían en los 60. Eso es una cosa que desde Viaje de estudios lo tenemos. Sabemos controlar el componente melódico, que es muy granadino además. Pero también somos personas ávidas de descubrir nuevas cosas. Tenemos el afán de investigar el cómo revestir ese tipo de canciones y que no suenen igual que hace 15 años. Creo que hay que estar un poco al día.

¿Cuál es el secreto de la longevidad en un grupo?

Aprender a conocerse. El núcleo duro (los que llevamos desde el principio) nos conocemos desde que teníamos 15 años y, aunque haya problemas internos (que los hay, los ha habido y los habrá), somos conscientes de que hay que guardar las distancias y saber oxigenar. Cuando las giras queman hay que aprender a dar esos espacios. Creo que al final un grupo es como una relación. Puedes no estar de acuerdo en ciertas cosas con tus compañeros, pero a última hora tienes que contemporizar, pensarlo dos veces y tirar para adelante.

El sexteto en 2018.

20 años, 21 canciones se divide en dos partes. La primera es un “grandes éxitos” en toda regla y la segunda es una compilación de rarezas, versiones y maquetas. Hay cuatro temas inéditos. ¿De dónde han salido?

Excepto el último disco, que no lo maquetamos, nosotros siempre hacíamos maquetas en nuestro estudio o incluso en el ordenador. Siempre hemos compuesto muchas más canciones de lo que ha entrado en la selección del disco. La verdad es que te pones a rebuscar en los discos duros y te encuentras sorpresas. Esas cuatro se quedaron fuera pero estaban como «calienta, que sales».

A parte de estas cuatro canciones inéditas hay otras que son como iban enmaquetadas antes de hacerlas profesionales. Creo que es interesante que la gente vea ese proceso de creación.

El 29 de diciembre dais un concierto en el Wizink Center de Madrid…

[Interrumpe]. El palacio de deportes de toda la vida.

¿Cuál será el aliciente o los alicientes que lo hagan especial?

Va a ser especial porque, para empezar, el año que viene no vamos a tocar. Va a ser la última vez que se pueda ver al grupo en bastante tiempo. Eso unido a una producción un poco más currada con la que la gente, nada más entrar al Wizink Center, note que entra en el universo de Lori Meyers. No te voy a hablar de cosas más concretas, pero eso es un poco lo que vamos a intentar hacer ahí.

También será un repertorio mucho más grosso de todo. Hemos pensado hacerlo incluso de forma cronológica: que en las 3 horas de show, o las que sean, haya una línea temporal en la que se vea cuál ha sido ese cambio que ha habido desde el principio. Y que la gente se lleve una noche inolvidable. Para nosotros lo va a ser.

¿Os habéis planteado 2019 como un año sabático?

Sabático… de grabar un disco. Tardamos mogollón en sacar este disco [n. del a.: Se refiere a En la espiral] y somos conscientes de que los tiempos y los plazos se alargan mogollón, entonces hemos reservado el siguiente año para pensar en qué disco queremos hacer. Ya hay canciones. Estamos ensayando cosas nuevas. Pero hay que decidir si queremos grabar aquí, si queremos grabar fuera, si queremos productor o no queremos productor… Si queremos productor, este tendrá una agenda y esos plazos pueden alargarse. Entonces reservamos el año que viene para eso: para grabar el siguiente disco. Va a ser un año de curro, pero no de cara al público.

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