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Crónica del concierto de Camellos y Medalla en Madrid (Sala 0)

Por Ana Rguez. Borrego 0

concierto de camellos y medalla

El concierto fue la presentación del EP Arroz con Cosas

Hay conciertos que sobre el papel va pintan como especiales. El de Camellos y Medalla lo era, por una cuestión tan simple y cotidiana como una buena amistad. En la fiesta de LaFonoteca Barcelona ya veíamos la buena sintonía que tenían, y desde que se anunció la fecha de Madrid, no dejaban de hacerse guiños y coñas. Estaba claro que no iba a ser el típico concierto de artista principal más telonero. Y así fue.

En cuanto que Medalla pisaron el escenario, ya comenzó la guasa. Se presentaron como Camellos, para desconcierto de alguno de los asistentes. Evidentemente, porque no tienen nada que ver. Se complementan en el sentido del humor que destilan sus letras, pero el estilo no se parece en absoluto.

El cuarteto de Barcelona desborda esencia heavy con cada una de sus notas. Abrieron con uno de sus nuevos temas (supongo que tienen ya ganas de comenzar a rodar las canciones que acaban de grabar), pero se pasaron a terreno conocido, Emblema y Poder (El Segell del Primavera, 2017). El público aún estaba frío y bromeaban con el espacio que se dejaba respecto al escenario. Costó solucionarlo. Tanto que ya lo exigieron: bastaba la broma, no mordían, que nos acercáramos. Y merecía la pena hacerlo, pues son todo un espectáculo.

concierto de camellos y medalla

Destreza, personalidad y diversión. Esos es lo que se ve en cada uno de ellos: el chulesco fraseo de Eric Sueiro, la viveza rítmica que desarrollan Marc López a la batería y el bajo de Benoît García, la pasión de Joan Morera con su guitarra… Son un gustazo por la genialidad de sus letras, la seguridad y pericia con la que tocan y, lo más importante, lo bien que se lo pasan tocando. Esa energía y esa pasión es contagiosa. Cada una de las canciones que tocaron tenían algo pero si tuviera que quedarme con algunas de ellas serían con la sorna de “Deporte en Vano” y la rabia de “Navaja Certera” y “Máquina de Plata”. Mención especial a uno de sus temas nuevos: ese estribillo de “Hacienda somos todos” es de los que te invitan a corearlos con ellos.

El ambiente estaba ya caldeado para las estrellas de la noche. No exagero si califico así a Camellos pues el público creció, con ganas de pogo continuo. Desde el primer tema, “Muelle”, que quizás podía ser menos conocido por pertenecer al nuevo EP Arroz con Cosas (Limbo Starr, 2018), los asistentes ya lo dieron todo, cantando y con ligeros empujones. Lejos de agotarse, ese ritmo se mantuvo. Podía variar el nivel de la turba, en función del tema, pero en cuanto a coros, no bajaban. Lo cual resultó algo sorprendente porque en el anterior concierto en Madrid, con Tigres Leones, no había un público tan entregado.

¿Milagros del boca a boca? A estas alturas, sorprende un poco que Camellos no tengan un alcance mayor. Combinan humor ácido sobre “problemas del primer mundo” con una especie de punk dadaísta. Carecen de pretenciosidad y realmente lo que buscan es juerga pura y dura. Podrían llegar más lejos pero ¿qué pasa? Sospecho que a más de uno le da miedo su incorrección. El postureo 2.0, el ambiente viciado de lo laboral, el networking y los emprendedores, el pijismo canalla… por algún lado te llega alguna de sus hostias viperinas, pero son necesarias. Asumámonos con nuestras imbecilidades, pero claro, el qué dirán sigue siendo un filtro difícil de soslayar.

Aún con esa acidez, no hubo lugar alguno para la tristeza. ¿Para qué? Su concierto fue puro cachondeo (no se les borraba la sonrisa de la cara), en el que colaba de vez en cuando Benoît García para cantar con ellos. Se podría decir que “Ejecutivo Estresado” y “Becaria” se llevaron la palma en interacción, pero el resto del setlist tampoco se quedó atrás. Ni las versiones de “Gold” de Spandau Ballet ni de “Oye cómo va” de Tito Puente: deseabas pillar el estribillo sarcástico para poder repetirlo con ellos. Y así ocurrió, que decidieron cerrar el concierto en modo karaoke: giraron el micrófono al público para que cantaran “Gilipollas” mientras ellos tocaban.

El 14 de diciembre se repetirá este espectáculo en Barcelona, en la sala Vol. Una cita más que recomendable, cuyas entradas ya están a la venta. Aunque, bien pensado, deberían repetir este combo con cierta frecuencia 😉

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Fotografías de Lorena Lucenilla

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