L7: resurrección grunge

Por José Martín S. 0

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“L7: Pretend We’re dead” (2016) cuenta la historia de Donita Sparks, Suzi Gardner, Jennifer Finch y Dee Plakas o lo que es lo mismo, la trayectoria musical de las L7, el grupo de Los Ángeles formado en 1985 asociado en sus inicios al estilo del punk rock y el metal pero que comenzó a estar más vinculado al grunge desde el momento en el que publicaron en 1990 “Smell the Magic” para Sub Pop, el sello discográfico de Seattle que acogió a Nirvana, Soundgarden o Mudhoney.

El documental de Sarah Price explica los inicios del grupo a mediados de los ochenta cuando se fueron de gira como teloneras de Bad Religion y eran queridas y demandadas en el entorno heavy y metalero, aunque ellas se consideraban por encima de todo una banda underground de la zona arty de Echo Park en Los Ángeles “más de Motörhead o de los Ramones que de Poison”. En un viaje a Seattle conocen la incipiente escena grunge y entablan amistad con los integrantes de Mudhoney. El influjo de Nirvana, claro, merodeaba por allí dado que habían publicado pocos meses antes “Bleach” (1989) para Sub Pop, el primer disco del grupo previo al impacto universal que supuso Nevermind dos años después. Que la “ciudad del grunge” y Sub Pop mostrara interés por la agresividad y desaliño sonoro de L7 era cuestión de tiempo. En esta etapa, graban sus dos mejores discos, Smell the Magic y, sobre todo, Bricks Are Heavy (1992) que incluye el tema más conocido de las L7 y que a su vez da nombre, también, al documental del que hablamos: “Pretend We’re Dead”.

Durante la década de los noventa se forja la leyenda del grupo: los viajes a Europa, las actuaciones en programas televisivos como Late Night with David Letterman, Alternative Nation y The World, emisión británica en la que Donita (compositora, vocalista y guitarra) hizo polémica y espontánea exhibición anatómica, los fiestones en los que Nick Cave parece omnipresente, o la ocurrencia de Donita, de nuevo, durante el Festival de Reading en 1992 de quitarse el tampón al grito de “Eat my used tampon, fuckers!” durante la actuación y lanzarlo al público tras quejarse del característico “lanzamiento de barro sobre los artistas que tocan sobre el escenario por parte de los concurrentes” del festival británico.

Pero no todo fueron gamberradas punkies y música en el currículum de L7. Las canciones del grupo no son precisamente políticas pero no dudaron en participar en los conciertos benéficos del “Rock for choice”, cuya recaudación de fondos iba destinada a divulgar y defender el derecho al aborto.
Aunque L7 se curtió en conciertos y festivales multitudinarios (espectaculares las imágenes de los conciertos en Brasil de 1993), la formación, al contrario de otros grupos compañeros de sello discográfico, jamás logró un éxito de ventas de sus discos realmente destacable y decidieron desaparecer en 2001. Suzi deja el grupo “sin decir ni adiós” y Donita y Dee tuvieron que vender los equipos y deshacer lo quedaba de la banda. En 2015 vuelven a los escenarios a petición clamorosa de sus seguidores, que utilizaron las redes sociales como altavoz para plantear el regreso del grupo (sin ir más lejos estuvieron aquel año en el Azkena Rock y este año en el Download Festival de Madrid).

El documental cuenta con los testimonios de, entre otros, Krist Novoselic (Nirvana), Shirley Manson (Garbage), Allison Robertson (The Donnas), Joan Jett, Veruca Salt o, cómo no, Courtney Love, la vampira (primero) y viuda del grunge (después) que no dudó en utilizar la plantilla sonora de las L7 para el debut su grupo Hole en 1991 cuando la banda protagonista de este documental iba camino del tercer disco.

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