Crónica del Hybrid Art Fair 2019 (Madrid)

Por Ana Rguez. Borrego 0

Hybrid Art Fair 2019

Más de 5.000 visitantes visitaron la tercera edición esta feria

El mes de marzo comenzó en Madrid lleno de arte. La causante fue la Semana del Arte, que ocupó diferentes espacios de la ciudad: desde el ya clásico y consolidado ARCO hasta otras ferias más “jóvenes” como Urvanity o JustMad. Entre estas últimas encontramos el Hybrid Art Fair, que acaba de celebrar su tercera edición. ¿Lo más interesante, más allá de las obras? El lugar, sin duda alguna.

El hecho de que las dos primeras plantas del hotel Petit Palace Santa Bárbara se conviertan en un espacio de exposición hacen de esta feria algo especial a la hora de acercarte al arte en sí. Aunque suene pretencioso, parece que es más fácil dialogar con la obra. Los creadores están allí, puedes intercambiar impresiones sobre qué les motivó, pero más allá de eso es la proximidad, el que sea un espacio cotidiano, que puede recordarte en cierto modo a tu casa. Se rompe esa distancia clásica de las exposiciones, se “desacraliza” la relación que solemos tener a veces con el arte. Se hace más asequible a la percepción, a la emoción.

Esa ruptura es genial para el tipo de obras que se pudieron ver allí, pues muchas de ellas cuestionan imágenes y estereotipos. Se va más allá de lo abstracto y se juega con las posibilidades significativas de lo clásico, de lo establecido. La historia, la imaginería religiosa, el constructo de género… hay que jugar con la polisemia, incluso rozando el dadaísmo.

Junto a la parte expositiva, destaca la programación musical que ofrece el Hybrid Art Fair al término de cada jornada. Conciertos que demuestran cómo se puede ir más allá en la creación y en la interpretación.

La velada del viernes dejó claro que hay que atreverse a ir más allá de lo canónico. Buena muestra de ello es Julián Mayorga, que da igual que sea él solo o con Ryota Miyake como Flash Amazonas: es encantadoramente adictivo. Se define como “cantautor latinofuturista”, una etiqueta de lo más acertada, que según le vas escuchando lo entiendes a la perfección. Nada más empezar, salió ataviado como un astronauta, con pasos ralentizados. Cuando llegó a la altura de sus sintentizadores y la guitarra, se despojó de él, para comenzar su experimento con la música latina. ¿Por qué parece que nadie se atreve a experimentar con ello? Su ritmo es pegadizo, engancha, ¿por qué no jugar con ellos? Mayorga lo hace con gusto y sin vergüenza alguna, con un objetivo claro: que los que lo escuchan acaben moviéndose, incluso de forma inconsciente. “La niña cuántica” es una buena muestra de ello.

crónica del Hybrid Art Fair
Julián Mayorga

Como la cosa iba de experimentar, Clara Te Canta no se quedó atrás. Ella, sus canciones, su interpretación, tiene más sentido en directo que si simplemente la escuchas en Bandcamp. Porque su concierto roza la performance. Dialoga con los espectadores, les anima para que canten con ella, va cambiando de vestuario en función de aquello que canta… No se puede decir que ninguno de sus temas es simple porque hay un significado mayor del que encierran las palabras. Porque son anécdotas tan cotidianas, con un cierto sarcasmo, que es raro que no empatices con ellas y te digas “eh, que a mí me ha pasado“. La prueba era que todos estábamos allí pendientes de qué sería lo siguiente.

La experimentación continuó el sábado, en colaboración con la plataforma IN-SONORA. Resulto todo un hallazgo, que hacía una y otra vez pensar en la importancia de lo orgánico dentro de la música electrónica. Puede que sorprenda, pues en todos ellos hay un destacada presencia de los ordenadores, pero van más allá. Es como una actualización del Arts & Crafts, pues parecen rehuir lo automático, lo mecánico. Hay un peculiar mimo en su forma de interpretar, que se ve reforzado por la personalidad de cada uno de los intérpretes.

crónica del Hybrid Art Fair
Narcoléptica

El juego de Narcoléptica con su voz, la guitarra y los teclados, a través de los pedales, es capaz de crear una atmósfera de emociones, que desasiega e intriga. Sólo ella, Beatriz Vaca, capta la atención de aquél que la está viendo, pues es increíble escuchar esa superposición de capas sonoras que acaban diciendo tanto. Por su parte, Alfredo Morte crea algo mucho más denso pero quizás más romántico-artesano: ¿dónde está la música de lo cotidiano? Él nos lo descubre, con su orquesta de motores y ventiladores. Quizás sea la propuesta más dura de asimilar, pues a veces el ritmo es algo machacón, pero es capaz de crear un corro en torno a su mesa: observas cómo se activa cada resorte, como si fuera un tren de juguete o una cadena de dominós.

Esa especie de hipnosis interpretativa terminó con Aurora Steve. ¿Cuál es su poder de fascinación? Su aparente simpleza. Se sienta delante de su ordenador y va creando música a la que programa, tal y como podemos observar en la pantalla que hay a su espalda. Etiquetas que se abren y se cierran, números, códigos que indican determinados sonidos… Después de verlo, piensas que más de uno desaprovechas las oportunidades de su portátil.

Tras estas veladas sólo se puede decir una cosa: bienvenida la experimentación musical a las exposiciones artísticas. ¿Por qué no se apuesta más por ello?

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