Crónica del concierto de Las Ligas Menores y La Estrella de David en Madrid (Sound Isidro)

Por Ana Rguez. Borrego 0

¿A quién quieres más, a Las Ligas Menores o a La Estrella de David?

Sí, el viernes en la Joy Eslava podías hacerte esa pregunta recurrente con los progenitores. Tanto Las Ligas Menores como La Estrella de David fueron dos de los grandes sorpresas de 2018 y costaba algo decir quién estaba por encima del otro. Pero era una noche complicada, con mucha competencia: en La Riviera estaban Airbag, y en la Plaza Mayor Rufus T. Firefly y Novedades Carminha. Estilos dispares, pero que podían compartir público. Afortunadamente mis temores fallaron y la Joy estaba prácticamente llena y entregada.

Además, desde un principio. La gente no tardó en llegar: desde la apertura de puertas ya se situaban en primera fila, de manera que cuando comenzó había pocas lagunas entre los asistentes. Si dijera que había ganas de que comenzara, podría estar recurriendo a un lugar común, pero es que nadie entendía que la discografía de Taylor Swift fuera la más adecuada para esta espera. Se acabó y David Rodríguez salió a escena tímidamente. ¿Disfrutaríamos en esta ocasión de un concierto de La Estrella de David en solitario?

No. Con las primeras notas de “Viva la Vida” salieron los músicos que le suelen acompañar. Un guiño al EP que publicó en febrero de este año, al que siguieron principalmente canciones de su último disco, Consagración (Sonido Muchacho, 2018). Si ya cuando lo escuchas hay algo con lo que empatizas, al verlo en directo la conexión tarda poco en llegar. Quizás porque es algo más que un compositor y un cantante: es un narrador de emociones coetáneas. Sus gestos con los ojos y las manos, su fraseo, esa forma de contarte lo que te canta… Parece bajarse del escenario para estar contigo, en una barra de un bar (o del Museo del Jamón, mismamente ;)), para hablarte de sentimientos, de los buenos momentos, de los conflictos, de las sensación de sentirse estúpido a la hora de flirtear… A medida que transcurre el concierto, descubrimos que todos somos un poco La Estrella de David.

Pero no es solamente él lo que funciona, lo que hace clic en esa parte del cerebro que se emociona con el arte. Son sus músicos, a los que no sólo ves disfrutar mientras tocan, sino que sintonizan con esa zozobra emocional agridulce, pues las melodías tienen algo de encantador. Es cosa de su experiencia tocando tanto sus propias composiciones como las de otros artistas: si escuchas a Betacam, a Brian Hunt, a Lucas Bolaños… tienen una sensibilidad y una sonoridad especial que hace que La Estrella no les sea ajeno.

A un buen número de los que allí estaban parecían brillarles los ojos de la emoción. Un murmullo de voces acompañaban siempre las canciones, pero quizás se llevaron el premio las que cerraban. “Maracaibo”, “Noches de Blanco Satán” y “Cariño” tienen algunas de las frases más geniales de 2018, que van a ser difíciles de superar en muchos años.

Tras el desencanto de los años tocaba el ímpetu de la juventud. De hecho, se agradecieron las enérgicas guitarras con las que abrieron Las Ligas Menores y que hicieron que Taylor Swift se callara una vez más en la Joy. Cuando visitaron España por primera vez, en diciembre del pasado año, nos dejaron con muy buen recuerdo: eran tan fantásticos como esperábamos, sus discos no eran un espejismo. Con semejantes sensaciones queríamos que volvieran, ¿pero volveríamos a disfrutar tanto de ellos? Claro que sí. Y más, pues mejoraron el recuerdo que teníamos de ellos.

Tanto su disco homónimo de debut (2014) como Fuego Artificial (2018) nos descubrían un universo de emociones no maleadas. No dan vueltas sobre ellas, no hay malicia, no están viciadas con la opinión de otros: hay una cierta pureza de juventud, que consigue desgranar las sensaciones y sentimientos. Una compleja sencillez que también desarrollan a la hora de crear sus melodías rockeras, depuradas, reconocibles como propias, que invitan a bailar y a cantar. Pero es curioso porque no los recordábamos con tanto brío. ¿Puede que en su primera gira española tocaran más pegados a los discos? ¿O puede nuestro recuerdo esté más cerca de lo grabado que del directo? Las guitarras de Anabella Cartolano y Pablo Kemper se fueron viniendo arriba a medida que tocaban: los puentes musicales ganaron esta vez en vigor. Mayor volumen, su poquito de distorsión… un gustazo, pues además se les veía disfrutar con cómo estaba sonando y con la recepción del público.

Probablemente seamos más fríos que el público argentino: puede que eso se note en que los bailes fueron más bien tímidos, con ausencia de pogos. Sin embargo, a la hora de cantar, la mayoría de los asistentes se unía a ellos, especialmente en los estribillos. Cualquiera de sus canciones invita a ello, aunque hubiera algunas favoritas: “Contando Lunas”, “A 1200 kilómetros”, “Peces en el Mar”… Tras esta última, invitaron a Diego Ibáñez a cantar con ellos “Renault Fuego”: después de un mes girando con Carolina Durante, merecía la pena ser recordado ese vínculo. Un genial momento que ya anunciaba el final. Acababan con “Ni una Canción” pero los gritos de la gente exigieron un bis, que les fue concedido.

Al término del concierto, una vez más deseábamos que volvieran a España cuanto antes. Sí, hablamos de juventud cuando mencionamos a Las Ligas Menores, pero en ocasiones los rebautizaríamos como Las Ligas Mayores. Por su capacidad de crear un estilo identificable, por lo contagioso de sus canciones, por lo hermoso de lo que cantan. La complejidad de lo sencillo siempre es necesaria, sobre todo cuando te hace disfrutar tanto de un concierto.

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