Crónica del concierto de Xavier Calvet en Madrid (Café Berlín)

Por Ana Rguez. Borrego 0

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Presentaba su último trabajo, Crosswinds

El jueves pasado era un día extraño. Siempre pensamos que, en Madrid, ese día de la semana, es uno de los que más movimiento nocturno tiene. Pero no: esta vez no. Apenas había movimiento por la calle y eso se notó en el Café Berlín. Una lástima perderse uno de esos conciertos que te reconcilian con la emocionalidad más pura. ¿Son necesario cierto tipo de artificios para lograr una mayor efectividad en los afectos? El concierto de Xavier Calvet demostraba que no.

Empezando por el propio Isasa, que era el encargado de abrir la noche. Discreto y humilde se presentaba en el escenario, dispuesto a presentarnos esa especie de paisajes sonoros que es capaz de dibujar con su fingerpicking. “Conversaciones en un supermercado”, “Homenaje a Cataluña”, “San Antonio de la Florida”… Conrado Isasa parece volver a la esencia de la música, al origen de la creación con instrumentos pues apenas necesita nada más que una guitarra. ¿Nada más?

Ni cuando subió Ana Béjar en “Cuesta Ramón” se hizo más sofisticado el sonido. Lo que prima en la música de Isasa es lo orgánico pues parece que cobra vida, que respira, palpita, se estremece. Cada uno de sus punteos parecen ser un segundo de existencia, un instante en el que lo que te rodea te hace sentir algo, y que se van sumando entre ellos hasta crear algo más complejo, pues nada es lineal en las sensaciones. Merece la pena dejar las propias tribulaciones en suspenso y dejarse llevar por esa especie de vaivén musical, pues no hay letra alguna que pueda explicar de más lo que ocurre. Es volver a la experiencia estética en estado puro, ahora que estamos sobrestimulados con la información.

Aunque podríamos decir que la música de Isasa y Xavier Calvet no se parecen estilísticamente hablando, sí que tienen algo que les vincula: la honestidad de lo que cuentan. En el caso de Xavier Calvet, su eterna sonrisa tiene la “culpa”. Porque no la pierde jamás: la ves cuando habla, o cuando canta un estribillo especialmente hermoso, pero es que también sabes que está en otros momentos. Sabes que está ahí, porque percibes una especie de bonheur en lo que canta, en lo que cuenta, que además es contagiosa, tanto si estás entre el público como si eres uno de los músicos que le acompañan.

Quizás esto último tenga truco, porque ¿cómo no vas a sentir una especie de júbilo tocando con un grupo de amigos? Pero es que no es sólo eso: son un grupo de músicos que están en la sintonía emocional e instrumental de Calvet. Cualquiera de los cinco podría jactarse de lo que hacen, de cómo tocan, de las emociones que son capaces de generar, pero no es así. Lo que quieren es que disfrutes, que seas parte de la complicidad que hay entre ellos. Y vaya si lo consiguen, tanto Vidal Soler a la guitarra y Guillem Caballero en los teclados, en primera fila, más dados a los comentarios chisposos entre ellos, siempre pegados a la sonrisa, como Enric Solé tras la batería y a Xavi Romero al bajo, más discretos, pero a los que se veía especialmente cómodos, disfrutando.

Un ambiente perfecto, que pedía estar lleno de las canciones de Crosswinds (BCore, 2019), además de alguna que se colaba de Firebird (BCore, 2017). Si ya las canciones de Xavier Calvet son un bálsamo, que parece sedar malos rollos, en directo deslumbra. Sus canciones, esencialmente pop con pizcas de country, te llevan a un espacio tan cotidiano como idílico. Escuchas una, otra… y te dejas llevar de tal manera que, cuando acabas, te sorprendes y te preguntas “¿ya?“. La serenidad cotidiana, la familiaridad que logra, consigue suspender la temporalidad.

Escucharle es absolutamente terapéutico. Tanto, que no estaría mal que volviera con cierta frecuencia por Madrid 😉

Galería del concierto de Xavier Calvet en Madrid

Fotos por Ignacio Sánchez-Suárez.

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