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Vampire Weekend – Father of the Bride

Por Juanjo Rueda 0

Crítica cuarto disco Vampire Weekend

6.0

Nota
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Alguna vez he leído por ahí que una vez llegas a la cima llega un momento en el cual sólo puedes bajar. Vampire Weekend llegaron a una cima, la más alta de su discografía, con “Modern Vampires of the City”. Culminación de la madurez bien entendida y mejor plasmada de un grupo que empezó con esa mirada suspicaz, a pesar de la increíble frescura de su debut, que han arrastrado todos los “hypes” del siglo XXI.

Han pasado seis años desde aquel disco y el efecto bola de nieve ante una continuación es proporcional al tiempo transcurrido. Además, a lo largo de este tiempo algunas noticias hacían presagiar que Vampire Weekend podían quedarse en una aventura musical de tres discos estupendos. La principal fue el abandono de uno de sus miembros, Rostam Batmanglij, pieza nada baladí en la construcción del sonido del grupo por sus habilidades como productor, compositor y multinstrumentista de la banda.

Pero Vampire Weekend siguen. Para bien y para mal. Este 2019 han vuelto con “Father of the Bride“, un disco de 18 canciones. El más largo de su carrera y el más ambicioso en cuanto a duración y número de temas. Este nuevo disco se muestra o se percibe, una vez entras o indagas en él, casi más como un disco en solitario de Ezra Koenig. Cierto, Chris Baio y Chris Tomson siguen siendo miembros y colaborando en la banda pero se antojan lejos del contrapeso artístico que realizaba Rostam en los destinos musicales del grupo. Desde la feísima portada, lejos de aquel gusto por las imágenes fotográficas con cierta carga misteriosa a la par que elegantes, ya intuyo que algo ha cambiado. Y no para bien.

A pesar de que mi indulgencia estaba en máximos ante este nuevo disco a sabiendas de la dificultad (por circunstancias, por inspiración, etcétera) que entrañaba repetir lo de “Modern Vampires of the City”, la decepción ante este cuarto disco no deja de invadirme desde las primeras escuchas. ¿Es un mal disco? No ¿Es un gran disco? Tampoco. Cuenta con un ligero puñado de canciones que capturan el espíritu de Vampire Weekend con mayor o menor riesgo pop como pueden ser “Harmony Hall”, “How long?”, “Rich Man”, “Sympathy” e incluso la, según momentos, irritante pero pegadiza “This life”. Pero por lo demás el conjunto arroja un balance irregular, con la sensación personal de estar más ante una colección de caras B de todos sus discos anteriores (¿cuántos temas, incluso los más notables, destacarían o tendrían cabida en sus discos anteriores?). Hay temas absolutamente prescindibles como “2021”, “My mistake”, “Spring snow” o una “Hold you now” en la cual ni la colaboración de Danielle Haim consigue salvar un tema plano que boquea tramposo gracias al uso de “God Yu Tekem Laef Blong Mi”, tema que popularizó la banda sonora de Hans Zimmer para “La delgada línea roja”. Flota la percepción de que a varias canciones les falta una cocción final y que su supuesta simpleza más folk no denota sencillez sino escasez, buscando arreglos más o menos ingeniosos que vistan a un emperador desnudo en varias ocasiones. Deja una sensación de que antes el arreglo ingenioso coronaba el tema en vez de cubrirlo, como hace ahora, para que no se quede en unos huesos con poca sustancia musical que llevarte a la boca. Se ha trocado parte de la abundante sangre pop que recorría toda su anterior discografía por aquella horchata que bebían en invierno en el tema homónimo de su segundo disco.

Vampire Weekend han vuelto con un paso en falso que en el futuro veremos si se queda en tropezón o inaugura una dinámica general descendente (y si hay descenso, ver si es rodando colina abajo o no). Tras tres discos que eran tres dianas pop, sólo queda asumir que, como se decía en “Con faldas y a lo loco”, “nadie es perfecto”.

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