Crónica del concierto de black midi en Madrid (El Sol)

Por Ana Rguez. Borrego 0

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Hay que reconocerlo: son el grupo del momento.

Sí, Schlagenheim (Rough Trade, 2019) es más que un notable disco de debut, pero no se queda ahí. black midi llegaron a Madrid con todas las entradas vendidas y unos cuantos preguntando si alguien vendía la suya porque no pudiera asistir al primer eventazo del otoño. Lo cual no deja de ser sorprendente: ¿es tan asequible el sonido que desarrollan?

Harto & Nöiz fueron los encargado de ir calentando el ambiente. Estaba claro que la noche iba de experimentación sonora, sólo que en esto caso iba por otros derroteros. Una curiosa mezcla que parecía enfrentar los sintetizadores de Hartosopash con la batería de Noïz. Samplers, sonidos que recordaban a los inicios de la programación, una suerte de banda sonora distópica que se matizaba con el sutil ritmo de las escobillas sobre los platillos y los toms. Pero no era un duelo: era un diálogo en el que mutuamente se enriquecían.

Te hacen pensar que, quizás, no escuchas bien lo que te rodea, pues en ocasiones parece que son ruidos cotidianos que se entremezclaban para hacer música. Igual que observar y escuchar bien a Hartosopash: el sonido de sus dedos pulsando teclas o su pie marcando el ritmo del tema se convertían en parte de su música.

Harto & Noïz podían crear un cierto desasosiego por los ambientes que creaban, pero black midi no se quedó atrás. Lo suyo no es una música cómoda y por eso me resultaba chocante que hicieran un sold out. Porque además se veían gente de un amplio rango de edades, e incluso de grupúsculos sociales que jamás pensarías en un concierto así (sí, los prejuicios son así). Y no era precisamente gente que estuviera allí porque black midi fuera el grupo de moda y tuvieran que estar, o ver qué hacían. No, no: lo vivieron desde que Cameron Picton salió un momento al escenario para pinchar el sampler introductorio.

Con ese simple detalle ya estaban emocionados los asistentes, pero cuando comenzó “953” las primeras filas se convirtieron en un pogo interminable, que acabó con “bmbmbm”, el último tema. Una infinita exaltación de los sentimientos que dejó claro que estaban allí para disfrutarlos. Por su parte, los que decidieron vivir el concierto de una manera más sosegada estaban fascinados.

Una sensación nada extraña ésta, pues el talento de black midi es sorprendente. El discreto sosiego de Cameron Picton al bajo, el carisma algo histriónico de Geordie Greep a la guitarra, la efectiva contundencia de Matt Kwasniewski-Kelvin como guitarra rítmica y la transformación de Morgan Simpson en máquina del ritmo a la batería. Ves a los cuatro, antes de tocar, y te parecen cuatro niños adorables, que jamás han roto un plato; pero ay, amigo, cuando empiezan a tocar. Eso es muy serio, porque tienen tal maestría que pueden hacer lo que les dé la gana.

Y esa es la gracia, pues son capaces de descomponer cualquier género, mezclarlo con otro y crear algo totalmente distinto y coherente: cada uno por un lado o en el propio desarrollo de la canción. Algo que puede sorprenderte porque nunca sabes muy bien qué esperar: el esquema también está para romperlo. Puedes esperar subidas de tempo, o algo parecido al estribillo, pero su intensidad en directo hace de cualquiera de sus temas algo nuevo. Esa es la clave, pues no está al alcance de cualquiera. Es más que saber de música: es el haber indagado en la organicidad de la música para comprenderla y darle una nueva vida.

Aun así, podría decirse que hay un pero: una cierta falta de plan. La ruptura es magnífica, pero no siempre funciona el porque sí. Puede ser complicada, agotadora (física e intelectualmente), epatante, pero necesita algo que conecte, que le dé una coherencia interna. Cuando les escuchaba pensaba en una “versión junior” de Swans: puedes sorprender al público, hacerle sentir incómodo, pero tiene que haber una especie de esqueleto que sostenga esa deconstrucción.

Pero ese pero tiene disculpa porque es su primer disco. Si con apenas tres años de existencia consiguen esto, ¿qué nos quedará por descubrir de black midi?

Galería del concierto de black midi en Madrid

Foto por Ignacio Sánchez-Suárez.

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