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Crónica del concierto de Fuerza Nueva en Madrid (Joy Eslava)

Por Ana Rguez. Borrego 0

concierto de Fuerza Nueva

La unión artística de Los Planetas y Niño de Elche llega a Madrid con todas las entradas vendidas

¿Cuán sobado está el término “himno”? De un tiempo a esta parte parece que toda nueva canción está destinada a ser un himno y no deja de ser una clasificación un tanto hiperbólica. Por eso, a estas alturas, resulta interesante que Fuerza Nueva, el proyecto de Niño de Elche y Los Planetas, verse sobre los himnos. ¿En qué se parecen estos temas clásicos revisitados con esas canciones que mencionábamos? La historia de su recepción ya te hace pensar que hay algo que no cuadra.

Porque cómo ha evolucionado esa percepción de ciertos himnos ha hecho de ellos algo “anticuado”. ¿Por los años que tienen? ¿Por su vinculación con ciertos sectores? ¿Por su estilismo vintage? Fuerza Nueva se convierte en un ejercicio de depuración de mirada, revisión y reivindicación de nuestra historia cultural. Habíamos ido escuchando diferentes adelantos a medida que transcurría el año y el pasado 12 de octubre salía al completo, con aquellas canciones que nos quedaban por descubrir (“Mariana”, “Santo Domingo”, y “La canción de los Gitanos”, que sólo podía escucharse en formato físico). Quedaba el siguiente paso: ¿cómo resultarían en directo, cómo sería un concierto de Fuerza Nueva? No hubo que esperar demasiados días.

Cuatro días después, en la Joy Eslava, lo presentaban en directo. La expectación era evidente: con bastantes semanas de antelación ya colgaron el cartel de “no hay entradas”, y no se hicieron esperar. El concierto de Fuerza Nueva comenzó puntualmente. De negro, con pequeños capuchinos luminosos, y los diseños de Javier Aramburu (Ministerio de Ilustración Pública y Propaganda) en forma de visuales, Fuerza Nueva se hacía de carne. Porque cobraba vida eso tan ansiado, que ya te tocaba la fibra por esas hechuras de otro tiempo con un sonido ensoñador.

Alguno pensaría que este disco puede ser algo grandilocuente, pretencioso. ¿Pero porque nos asusta la ambición intelectual de ciertos proyectos? ¿Porque nuestro grado de modernidad puede ser cuestionado con un repertorio de canciones que situamos muy lejos de nuestra zona de confort? En cualquier caso, esta “osadía” está al alcance de muy pocos, y tanto Los Planetas como Niño de Elche dan sobradas muestras de su capacidad de experimentar, de explorar sus posibilidades. Por eso es toda una genialidad recurrir, con cierto cariño, a una serie de canciones que forman parte de nuestro acervo desdeñado.

Ese esmero, esa sensibilidad, fueron contagiosos en el concierto de Fuerza Nueva, pues era curioso observar cómo la Joy Eslava, repleta, parecía no quitar los ojos del escenario, sin el molesto murmullo que últimamente inunda los conciertos. De un lado, la capacidad de Los Planetas de hacer de esa música tradicional una suerte de ambiente onírico, con mil vericuetos en los que acaban por enredarte; en el otro, Niño de Elche, que aún definiéndose como exflamenco juguetea con su cante, lleno de zozobras, de juegos de distorsión, de sensaciones complejas llenas de capas.

Aún con algunas otras canciones intercaladas de Una Ópera EgipciaLa Leyenda del Espacio, las canciones de Fuerza Nueva seguían el mismo orden que en el disco. Una progresión parecida a cómo fuimos descubriendo los adelantos y que tampoco resulta extraño pues parece que así marcan la progresión emocional con el público. La conexión iba creciendo, hasta llegar a dos momentos especialmente sensibles: “Canción para los Obreros de Seat” y “El Novio de la Muerte”. Quizás porque fueron los últimos adelantos, quizás porque tienen una mayor vinculación con la actualidad, la piel se te erizaba. Especialmente en el caso de la última: la narración en las estrofas de Jota y el estribillo que te gustaría cantar  [porque te lo sabes] con Niño de Elche pero que no puedes porque se te hace un nudo en la garganta de la emoción.

Acaba el concierto y te sabe a poco: no hay más, sólo hay un disco de Fuerza Nueva. Así que… bueno, ¿por qué no esperar que haya más? 😉

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