Crónica del concierto de Crocodiles en Madrid (Independance Live)

Por Ana Rguez. Borrego 0

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Con este concierto comenzaba un nuevo ciclo del Tomavistas Ciudad

El pasado 27 de septiembre debía ser una fecha de confluencias extrañas. Era genial, porque comenzaba el ciclo de otoño-invierno del Tomavistas, con un grupo que necesitábamos que volviera por aquí. Hacía casi cinco años que no estaban Crocodiles en Madrid, y contando con que este año publicaban su séptimo trabajo de estudio ya tocaba que volvieran. Sin embargo, no hubo tanto público como se esperaba, aunque más de uno reconociera que les encantaba el grupo. ¿Por qué no fueron? Por otro lado, la manifestación que estaba convocada en la zona en las horas previas hizo que mucha gente llegara más tarde de lo previsto a la sala.

Las que se vieron más afectadas por este último detalle fueron Rayo. El de esta velada era un concierto especial (casi como una puesta de largo), pues ya quedan apenas dos semanas para que publiquen su disco de debut, Jungla (2019). Poco a poco se han hecho notar en conciertos y festivales, y a mediados de verano, sus adelantos nos hacían pensar que era un proyecto a tener en cuenta. Si a eso le sumas los otros proyectos en los que están implicadas (Las Odio, Fuckaine, Agnes o YAY), sabes que son una apuesta segura.

Crocodiles en Madrid
Rayo por Adrián YR

Y lo son, y tanto. Depuran el noise y le dan una cierta gravedad al dream pop. Es de esos grupos que, en la primera escucha, sabes que tienen algo que contarte, con sus letras o simplemente con su música. Modulan su sonido de manera que parecen hacerte volar hacia una ensoñación no apta para ingenuos, porque no se trata de un país de las hadas. No, es más complejo, pues con sus cambios de ritmo, de tempo, con sus voces, parecen destacar aquellos resquicios que nos alejan de la perfección. Esa capacidad narrativa es su gran baza, que te hace querer repetir la escucha, para descubrir más capas de significado.

Según comentaron Ágata Ahora, la cantante y guitarrista de Rayo, Crocodiles también se habían visto afectados por el atasco para llegar. Quizás por eso el sonido no fue tan brillante como era de esperar y lo fueron ajustando a medida que se desarrollaba el concierto.  En un primer momento, la voz de Brandon Welchez se difuminaba entre los otros instrumentos; una vez resuelto, Charles Roswell y los otros dos músicos que les acompañan, Diego Dalbon (batería) y A. Diamond (bajo), terminaron de matizar su sonido.

Aun pensando que podrían haber sonado mejor, Crocodiles brilló, porque tienen ese don de encandilar con su música y su carisma. Cuando se habla de ellos, se habla de referencias de otras épocas, pero van más allá: son capaces de extraer la parte más luminosa, matizando la distorsión y estilizándola con ciertos guiños a la psicodelia. De esta manera han creado un estilo propio que se percibió en el setlist: la mezcla de los temas de su último trabajo, Love is Here (Deaf Rock Records, 2019), con otras canciones anteriores (“Teardrop Guitar”, “I Wanna Kill”, “Sunday”…), que incluso incluía una versión de Buzzcocks, se percibía como un todo, sin disonancia alguna, que definía claramente cuál era la identidad del grupo. Un sonido que te lleva a territorios alejados de lo tortuoso, que te hacen ver los desastres que nos rodean con un cristal algo más esperanzador.

Crocodiles en Madrid
Crocodiles por Adrián YR

A medida que el concierto entraba en materia, Roswell no dejó de fascinar con su manera de tocar la guitarra, con una confianza tal que se permite hacerla bailar mientras la toca. Por su parte, Welchez mantiene un halo de juventud en su voz que hace que el encanto sea mayor, pues no parece abandonar una especie de sonrisa continua. Un estado contagioso que, a medida que avanzan las canciones, hace que el público se entregue cada vez más. El volumen de aplausos, manos en alto, conatos de baile y vítores era creciente, tanto que al término del concierto, era inevitable pedir más, aunque no lo hubiera.

Esperamos que no tengamos que esperar tanto para tener de nuevo a Crocodiles en Madrid: dejan un buen sabor que es necesario repetir.

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