Crónica del concierto de Khana Bierbood en Madrid (Fun House)

Por Ana Rguez. Borrego 0

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Presentaban en directo su disco Strangers from the Far East

Muchas veces hablamos de la capacidad que tiene la música para transportarnos a otros lugares, a espacios concretos a los que apelan nuestra memoria, o a otros imaginarios, entre lo idílico y lo onírico. ¿Pero cuántas veces nos hacen viajar en el tiempo? Khana Bierbood tiene ese don. A medida que pasaban las canciones me venía a la cabeza una de las escenas finales de Regreso al Futuro, en la que Marty McFly se lanza a tocar “Johnny B. Goode” de Chuck Berry antes de tiempo. Pues bien, estos tailandeses que pisaban España por primera vez parecía que venían de finales de los sesenta o principio de los setenta para explicarnos qué era la psicodelia y el rock surfero bien hecho.

Oh, ¿cómo puede ser esto?” Maldito ego eurocentrista. Porque nos cuesta mirar el rock más allá del ámbito anglosajón, porque cualquier aproximación por parte de otro país nos parece que es una versión menor, porque tenemos una visión de Asia bastante reducida y confusa. También es cierto que, muy probablemente, algunos de los que allí estábamos nos podía el exotismo y/o el hecho de diferenciarse por lo desconocido. Pero la curiosidad nos gana, tanto que ganamos al sello GuruGuru Brain como referencia de este tema.

Pero vayamos al grano, a lo que importa, al concierto de Khana Bierbood, que no defraudó a los que allí estábamos, que no éramos demasiados en la Fun House (un frío martes después del puente, ya se sabe…). Habían desplazado la barrera del escenario, lo cual les hacía más cercanos, y de manera discreta, subieron hasta él, para colocarse cada uno de ellos ante su instrumento. A diferencia de otros grupos, que entre canción y canción, hablan de su inspiración y se deshacen en elogios con todos los que allí están, Khana Bierbood apenas hablaron, sólo para dar las gracias cuando estaban a punto de terminar. Pero no lo necesitaban, porque su repertorio y su actitud sobre el escenario lo hacía todo.

Son la auténtica felicidad. Cuando escuchas Strangers from the Far East (GuruGuru Brain, 2019) te genera un estado entre la calma y el buen humor, que son capaces de trasladar y multiplicar en directo. Gob Yutthana, su cantante, no pierde la sonrisa en ningún momento mientras canta, al igual que el bajista Jay Rathchanon, más discreto: entre ellos se generaba una complicidad que era contagiosa. Pero el verdadero hombre espectáculo es Mo Kittinan, el hombre que vino de esa época. Su aspecto yeyé no era nada comparado con su forma de moverse: bailaba al ritmo de su burbujeante forma de tocar la guitarra. Porque era él el que hacía los desarrollos hipnóticos con su guitarra, agitando su melena y moviéndose como si estuviera dentro de una fantasía óptica de Vasarely. Sobre su línea musical se engarzaba el brillante ritmo de Ohm Chanutpong a la batería y de Peep Sirimit en la percusión.

Pocas canciones quedaban ya y el concierto de Khana Bierbood llegaba a su fin. El tiempo estaba medido (había otro concierto después), pero habían generado tan buen rollo que era inevitable no pedirles un bis. Tampoco se resistieron mucho a hacerlo, tras confirmar que tenían unos minutos, y se marcharon inclinándose, con las manos juntas, con una enorme sonrisa. Como la que teníamos todos al salir.

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