Crónica del concierto de Kate Tempest en Madrid (sala BUT)

Por Ana Rguez. Borrego 0

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La británica ha colgado el cartel de “no hay entradas” en Madrid y Barcelona

Kate Tempest ya había estado en varias ocasiones en España. En el Sónar, en tres edicionaes del Primavera Sound, pero nunca había llegado a pisar la capital. Parecía que costaba que saliera del circuito de los festivales, hasta este año, que anunció que su gira de presentación pasaría por Barcelona y Madrid. Todo un acierto, pues se convirtió en algo necesario: nadie podía perderse este concierto.

Una emoción correspondida, pues nada más pisar el escenario, limpio de artificios, Kate Tempest reconocía que era la primera vez que actuaba en Madrid. Probablemente, cuando escuchas palabras de ese tipo en algún otro artista, te las crees pero te quedas pensando “bueno, eso se lo dirás a todas“. En este caso no: hay mucha honestidad en la forma en la que se presenta. Parece que está al borde del rubor, de sentirse pequeñita, casi parece que habla pidiendo disculpas.

Pero ella no es tan pequeñita. Kate Tempest acumula méritos intachables, como rapera, como literata, porque es capaz de ser una voz limpia y sincera, que represente el ánimo de una generación. De lo global a lo individual, y por eso no es extraño que se plantee darle un peculiar formato a su repertorio. Las ocho primeras canciones se las dedica a sus dos primeros trabajos, Everybody Down (2014) y Let Them Eat Chaos (2016); tras ellas, era el momento de The Book of Traps and Lessons (2019).

“Europe is Lost”, que podía ser el himno decadente de los últimos años, abría el concierto y nos descubría esa faceta primigenia, de cuando comenzó con las batallas de gallos. “Marshall Law”, “Ketamine for Breakfast”… Acompañada por las bases de Clare Uchima, Tempest te recuerda a los grandes clásicos del rap, que cuestionan lo que les rodea, que te hacen ver la podredumbre de la sociedad. Va encadenado esos temas hasta llegar a “Tunnel Vision”, con la que cierra esa primera parte.

Llegado ese momento, el aura del concierto cambia. Sus paseos por el escenario se sosiegan, Uchima cambia de posición y se centra en sus teclados. Ya no hay bases, es piano. Y la voz de Kate Tempest varía. Ya no es una rapera sin más, es una narradora de emociones que te hace pensar en las conexiones de la poesía con la música: pasa de goliarda a trovadora. La música juega con los silencios mientras sus canciones justifican nuestro aprendizaje sentimental a través del método de ensayo-error. Sus descripciones se tornan terapéuticas, pues te hacen pensar si esos fracasos y miserias que todos tenemos, si es esas pequeñas pasiones que nos vapulean tienen sentido porque son sensaciones humanas que compartimos. Hay frases como “love is a self-made trap” o “I love people’s faces“, con la que cerró el concierto, que te remueven por dentro, con las que dices “coño, a mí me pasa“.

Y todo cuadra cuando termina. Porque observas cómo te afectan los diferentes planos de problemas, cómo se gradúa el nivel en que te tocan, pero también porque te das cuenta de cómo ha sido la evolución de Kate Tempest, cómo ha ganado en sutileza con los años.

Tanta atención merecía que apenas se oía el rumor de algún comentario en la sala. Sólo aplausos y vítores. Y la íntima conexión del artista con el público.

Galería de fotos del concierto de Kate Tempest en Madrid

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