Crónica del concierto de Los Sara Fontán en Madrid (Café Berlín)

Por Ana Rguez. Borrego 0

Fueron los encargados de abrir el ciclo Prende Madrid

Para hablar de Los Sara Fontán es necesario hablar de lo corpóreo de su música. La cuestión es ¿por dónde lo delimitamos? Ahí está lo complicado, pues parece que este concepto engloba diversas facetas. Está claro que la música toma cuerpo en la música en directo, es lo que tiene. Sale de la partitura, de ese esquema de notas, ya no es una idea: hay una interpretación que la hace respirar, pues ya depende del momento, de la variación infinitesimal del tempo, de una cuerda que decide dar por saco, de un hi hat que se afloja de más con los impactos…

Eso entra dentro de lo habitual, pero hay un paso más, sólo accesible para unos pocos. Algo que demostraron Los Sara Fontán en su concierto del Café Berlín: su cuerpo se fusiona con la música, se hacen uno con este arte. Se convierten en una suerte de metrónomo, en el que las miradas, los gestos de las manos, son un elemento más de su interpretación, que merece ser observado con atención. De hecho, tras verlos por primera vez te queda clara una cosa: la siguiente necesitas estar muy cerca para no perder detalle.

Porque no sabes lo que te espera. Por propia convicción Los Sara Fontán no graban discos y gustan de dejarse llevar por la improvisación. Alguno podría pensar que eso es algo que les “resta interés”, porque haya gente que retroceda al no saber lo que les espera. Pero eso, francamente, es vagancia. A día de hoy puedes rastrear su pista en internet: algún video de sus directos, algún audio en Spotify… Hay que ser aventurero. Hay que atreverse con una forma diferente de abordar la música, que deja claro desde el primer momento su apuesta por la autenticidad.

Algo tan clásico como el violín viaja a otras dimensiones gracias a Sara Fontán. Sus pedales estrujan las posibilidades que tiene este instrumento, que parece que no se pueden tocar. Modulaciones de su sonidos, grabaciones de breves secuencias que se repiten, distorsiones… Su menudo cuerpo pendula marcando el ritmo mientras está tocando el violín; sin embargo, en las transiciones la perdemos de vista. Se agacha sobre sus pedales, sobre los que hace ajuestes, hasta que levanta una mano, con la que marca cuándo comenzará la siguiente secuencia sobre la que improvisar a Edi Pou.

Porque ella nos deslumbra por esa nueva vida de un instrumento que relacionamos con el canon clásico, pero él no se queda atrás. Todos sabemos de lo que es capaz tras haber escuchado a Za!, pero hay espacio para la sorpresa. Cualquier detalle, cualquier resquicio de una batería “normal” son un elemento perfecto para extraer un sonido diferente, incluso soltar uno de los platos y maniobrar con él de forma inesperada, a la vez que se complementa en ocasiones con un xilófono y una caja de ritmos.

Con ese detallismo con el que ambos van desmadejando el potencial de la canción, te encandilan, porque no sabes lo que te puedes esperar exactamente. Les observas, los gestos, las miradas, y no te haces una idea de cómo será el desarrollo de la música. Tanto les da hacer un tema más próximo al jazz o al soul que tirar hacia el rock experimental, o secuencias más emotivas: suspenden cualquier pensamiento que se te pueda cruzar por la mente. No puedes perder ningún detalle de lo que ocurre en el escenario.

Tal es el efecto, que aunque no éramos demasiados, era inevitable no arroparlos con los aplausos entre canción y canción. Tanto que hasta hicieron un bis, algo nada habitual según comentaron. Pero se lo merecían: ese cariño y ese mimo con la música se merece todo el reconocimiento.

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