Crónica del concierto de Niña Coyote eta Chico Tornado y Qverno en Madrid (El Sol)

Por Ana Rguez. Borrego 0

La energía rockera fue la protagonista de la noche

La confluencia en concierto de Niña Coyote eta Chico Tornado y Qverno sobre el escenario de la Sol prometía. Estaba claro lo que nos íbamos a encontrar esa noche: rock en estado puro, sin ningún tipo de aditivo ni edulcorante. Y está claro que esa idea convencía, pues debieron hacer sold out: cuando entramos apenas quedaban unas veinte entras por vender, que estamos seguros de que volaron viendo cómo se aproximaba la gente a la taquilla.

¿Quién despertaba más interés, o quién era el protagonista de la noche? Complicado. Ambos sacaron disco el año pasado, y aunque Niña Coyote eta Chico Tornado ya va por el tercero, Qverno es una apuesta segura si tenemos en cuenta de dónde salen sus diferentes músicos: Dinero, Minor Empires, Trono de Sangre, Morgan… Tanto es así que desde el principio la sala era una gran masa de gente expectante.

La noche empezó por todo lo alto y no bajó. ¿Quién quiere medios tiempos o baladas? Y quizás los que menos Qverno, pues el planteamiento de Alain Martínez (guitarra y voz) es claro. Busca(n) el rock con el que toda una generación crecimos, que sobrepasa los orígenes, conoce las posibilidades de los pedales pero que no llega a la peste de las etiquetas “post-“. Así nos encontramos con un repertorio de nueve canciones de una autenticidad incuestionable, demoledora, pues no rebajan la energía en ningún momento.

Pero no es sólo que las canciones sean así: nos encontramos ante cuatro músicos que hacen del rock algo orgánico, pues los instrumentos parecen ser una extensión de sus propios brazos, que respiran, laten, se emocionan. Ni Julen Arbiol, que sustituyó a Ekain Elorza en esta ocasión (la agenda de Morgan es ingente) se quedaba atrás frente a unos pletóricos Alain Martínez, Javier Seisdedos y Fernando Moreira. Tienen algo de emoción infantil, pues no paran quietos: tienen un vigor contagioso, que se sitúa entre lo lúdico y lo abrasador, que te hace disfrutar con cada uno de sus gestos porque sabes que hay mucho disfrute (esas sonrisas) y oficio. El concepto de “solvencia” se les queda corto.

La única pena es que nueve canciones son pocas. ¿Por qué todo te sabe cuando te lo estás pasando tan bien? Cuando sólo tienes un disco has de recurrir a alguna versión, y nos encontramos con la primera lección de cómo hacer tuya una canción ajena: un punteo más que evidente que nos hizo mirarnos entre nosotros. ¿Eso es “Sabotage”? Sí, eran los Beastie Boys a través de Fernando Moreira dándole un nuevo giro a la energía del concierto, pues todos los que allí estaban coreaban con él el estribillo.

No hace falta que nos cuestionemos si la energía siguió por todo lo alto con Niña Coyote eta Chico Tornado: ya hemos dicho que no bajó. ¿Tiene mérito? Podría pensarse que sí,  pues pasamos de cinco a dos músicos, pero hay que tener en cuenta que Koldo Soret y Úrsula Strong-ek son de esos dúos que son de otra realidad, porque tienen ese aplomo y carisma multiplicado, que te atrapa: no puedes dejar de mirarlos. Y sí, de escucharlos, pero es el conjunto: cuando sólo los conoces a través de sus discos, te enganchan, pero en vivo te quedas con la boca abierta desde los primeros acordes. Su cuidada presentación (ambos del mismo color), su situación en el escenario, en línea, casi enfrentados… y sin medias tintas cuando comienzan: ese concepto no existe para ellos.

Apenas pierden el tiempo hablando entre canciones, encadenando tema tras tema, no hay espacio para el descanso. Porque sus caras lo dicen todo: uno frente a otro, parece que se retan con la mirada nada más empezar, a ver quién es capaz de ser más contundente. Pero es sólo una forma de darse el turno a la hora de comenzar: rápidamente cambia a un estado de satisfacción contagiosa. La sonrisa de Úrsula a la batería es incesante, tanto que hasta podría reírse de los que dudan de que las mujeres no son buenas bateristas por una cuestión de fuerza. Por su parte, Koldo se dedica a derrochar actitud sobre el escenario. Su figura fibrosa y algo desgarbada no para de moverse: una suerte de hipnótico baile que le hace retroceder, como si tomara perspectiva, se adelanta hacia el público para enardecer los ánimos, y se aproxima a su compañera, como si evaluara que todo marcha según habían calculado.

Parcos en palabras, hacen una pequeña pausa para dar las gracias a todos los que allí están: lo que le faltaba al público, pues en ese momento se lanzaron a poguear como respuesta. Aunque parezca increíble, su stoner rock ganó aún más intensidad, tanto, que era difícil que acabara. Se marcharon un par de minutos del escenario y volvieron para un bis que no podía fallar, con un estribillo que es inevitable corear: “Killing in the Name” de Rage Against the Machine.

Dos “puñalas traperas” a nuestra adolescencia de los 90, con respeto y estilo. “Sabotage” y “Killing in the Name”. ¿Cómo resistirse? Hay canciones que marcan una época, que perduran, que se quedan suspendidas en una especie de atemporalidad que me hace pensar cuánto le deben los festivales de ahora al pollaviejismo.

Galería del concierto de Niña Coyote eta Chico Tornado y Qverno en Madrid

Fotos por Ignacio Sánchez-Suárez.

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