Si Messi tuviera un grupo de rock…

Por Ana Rguez. Borrego 0

Ministro de Cultura

Parece que el Ministro tiene el firme propósito de dejar un año en blanco de cultura

Apenas hace nada, y hace unas semanas se desmarca con un tweet tan revelador de lo que le importa su cartera:

“Como madridista he sufrido a Messi mucho, más de lo que hubiera querido. Como ministro y como aficionado al fútbol lamento que deje el Barça, es decir, la liga española. Gracias por todo grandísimo Leo”.

En serio, ¿un jugador de fútbol en concreto es más importante que un sector que lleva meses reclamando soluciones? ¿Una persona que con lo que gana probablemente se podrían organizar varios festivales de música? ¿Un trabajo frente al de tantos profesionales implicados en la realización de conciertos, en la promoción de la música…?

Aún siendo una de las competencias de su cartera, Rodríguez Uribes ejerce de ministro cuñao, que lee dos periódicos para cotejar las informaciones (el As y el Marca), que sólo se preocupa de la Gran Liga y, si ganan medallas en las olimpiadas, de otros deportes y que parece desestimar el consumo de series y películas por el simple hecho de ser españolas.  ¿De la música? La que suena en el ascensor y con algo de suerte las listas de pop clásico de Spotify.

Y así debe ser tal y como declaró en una entrevista de hace cinco días, con un titular que no deja lugar a dudas, porque no está descontextualizado:

“Es imposible que se celebren ahora mismo conciertos de rock”.

Durante este verano, en diferentes ciudades, los festivales de música se han reinventado, le han dado una vuelta  a su formato para ajustarse a las medidas exigidas y han podido decir bien alto que la CULTURA ES SEGURA. Porque lo es. Más que las cañitas en la terraza de turno, las reuniones familiares o el simple viaje en metro para ir a trabajar. Porque se vigilaba hasta la saciedad la distancia social, el uso de mascarillas y la limpieza de los servicios comunes. Y han sido conciertos de rock, de pop, de hip hop, de punk, de electrónica…. ¿O usted que pensaba que eran? ¿Cantos regionales y el cantajuegos?

Lo que ve imposible es lo que ha ocurrido, y así podría continuar hasta que todo volviera a la “normalidad”. Una situación que necesitaría ayuda (supone contratar mucho más personal para las labores de coordinación en sala, seguridad y limpieza, lo cual no debe ser prescisamente económico) pero devolvería buena parte de los trabajos. A los ya mencionados se sumarían técnicos, promotores, artistas, runners, backliners, programadores, managers… una mínima parte de todo el entramado que hay detrás de los conciertos y festivales de música, que el próximo 17 de septiembre se moviliza para recordarle al Ministro de Cultura todo lo que no quiere ver.

Porque no hay mejor ciego que el que no quiere ver. Que no se puede vivir en un ERTE infinito, que la pervivencia de las salas de conciertos también depende de que puedan programar (más allá de otras reivindicaciones que hicieron el pasado 9 de septiembre), que no se puede vender España como destino de festivales si no se les presta más atención que para hacerse la foto en FITUR.

Llevamos siglos haciendo de menos a la cultura de nuestro país, por esa maldita manía de los españoles de acomplejarnos frente a lo anglosajón (y otras modas). Quizás es el momento de dar un zapatazo en mesa y reivindicar la cultura, porque sin ella el confinamiento y el día a día en general se hacen muy duros. Sin necesidad de caer en la ley de Godwin: la cultura es una poderosa forma de hacernos pensar, de cuestionarnos a nosotros mismos y a lo que nos rodea, de emocionarnos. De hecho, María Zambrano decía que la filosofía en España estaba en la poesía. Y podríamos ampliar esa afirmación a la música, el cine, el teatro, la literatura, los cómics… es mucho más que esa pieza de decorado que parece estar ahí para entretenernos, sin plantearnos todos los profesionales que lo hacen posible.

Puede que esté siendo hora de que se signifique como un ministro de cultura del que no se esperaba nada y que hizo grandes cosas (tampoco se le pide ser Jack Lang). Si no es así, quizás deba hacerse un lado y dedicarse a comer pipas mientras piensa en lo de la laicidad.

Fotografía de portada: Los bustos de los parlamentarios de Honoré Daumier

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