Música como Salvavidas Pandémico

Por Armando Rendón 0

Se cumple un año desde que, tras lo que se veía venir desde el país transalpino, nos atropelló a todos un fenómeno llamado Covid y nos robó casi toda la música en directo tal y como la conocíamos.

Como siempre, la infantería ciudadana obedecía sin prácticamente rechistar a esos gobernantes que, diciendo apoyarse en expertos, nos impelían al confinamiento. Austeridad relacional, miedo existencial. Pasamos a ser globos encerrados bajo un techo que, poco a poco, presionaría cada vez más, mientras nuestro aire se iba evaporando.

Y a partir de ahí, como dirían León Benavente, nuestras vidas en directo. “Chandales”, alpargatas y look casero para todos. El mundo se volvió abuelo en su imagen exterior. Ahorro de rímel y vaciado de corbatas, elevados a la máxima potencia. Vida de ascensores sin uso y de escaleras atrofiadas. Besos sin receptor ni futuro. Tándems sin carreteras compartidas. Abonos del Primavera Sound adormecidos al compás de la ausencia de latidos musicales de todos y cada uno de los que hacen posible que el Parc del Forum se convierta por unos días en el centro mundial de los melómanos más dispares. No habrá reencuentros, no habrá nada que no sea a través de una pantalla, no habrá la opción de pedir una cerveza en Cataluña pero en portugués (ya me entienden).

 

 

Los esfuerzos ímprobos de todos los protagonistas musicales se chocaban una y otra vez (como en el Mito de Sísifo) con un desnivel imposible de salvar y como si se tratase de una maldición inquebrantable, se estiraba y se estira en el tiempo sin parecer tener fin. Música sin ventilación asistida, ni nadie que se la suministre. Pero a pesar de todo lo sucedido, lo que sucede y que todos esperamos pase pronto, aunque nuestro futuro ya se quede ligado a esos pseudo bandidos que simularemos ser cargados con nuestras mascarillas salvavidas de otros, a pesar de todo ello, la música fue y es sin duda en gran parte la que nos ha hecho, en este año de goma de borrar Milán, sobrevivir. Porque nos hemos refugiado en discos que hacía tiempo no recuperábamos de nuestros pasados más adolescentes, hemos compartido mucho más con otros nuestros gustos y necesidades. No nos hemos podido abrazar ni hacer pogos en conciertos, pero al menos todos seguimos deseando que el día que llegue, llegue con los mismos que deseábamos hacerlo allá por inicios del 2020, y en algunos casos con esas otras personas que han llegado para quedarse durante una época jodida.

 

 

Sirva este artículo de reconocimiento para todos aquellos que no han bajado los brazos y nos han hecho más llevadera la espera de una normalidad que, cuando vuelva, no será normal, pero que al menos nos devolverá el disfrute de ciertos placeres que para nosotros son vida, de sentir en directo lo que pocas cosas como la música te hacen sentir y de compartir, sí de compartir, con quien nos de la gana que estamos vivos, vivos y ávidos de seguir respirando pentagramas que golpeen nuestro pecho.