Entrevista a Califato ¾: Sampleando la tradición

Por Ana Rguez. Borrego 0

Califato ¾

A finales de 2019 había un disco que nos sorprendía, por esa capacidad de ir por un camino distinto al de las modas, por la osadía de mezclar la tradición con electrónica, samplers, psicodelia… Era Puerta de la Cânne (Breaking Bass, 2019), la impecable carta de presentación de Califato ¾, tan brillante que te hacía pensar si podrían repetir, o incluso superarse.

La respuesta no se ha hecho esperar. La pandemia, las ganas de seguir creando, de crecer, de presentarse en directo han hecho que Califato ¾ vuelva a los primeros puestos con La Contraçeña (Breaking Bass, 2021). Un disco que deja clara la pretensión constante de evolucionar, de transitar caminos que algunos no quieren tantear por ese respeto miedoso que provoca la tradición.

Ya no hay sorpresa: hay necesidad de Califato ¾.  Sobre todo después de charlar con Esteban Bove, Lorenzo Soria y Serokah sobre todo lo que podemos encontrar en Califato ¾.

Algo que me sorprende de Califato ¾ es lo rápido que os habéis situado en el panorama musical, como una propuesta a tener muy en cuenta. A finales de 2019 publicasteis Puerta de la Cânne, conseguisteis situaros entre lo mejor del año. Pero, claro, llegó 2020: apenas habéis tenido oportunidad de girarlo y en 2021 os plantáis con un nuevo trabajo, La Contraçeña.

Serokah: Ha sido una consecuencia de la pandemia. Si no puedes tocar, tendrás que seguir trabajando de alguna manera. No queda otra. ¿Cuál es la única manera en la que puede trabajar un músico, mientras no está girando?

Lorenzo: Nos dio ganas. Cuando abrieron un poco el tema del confinamiento, abrieron la frontera, dijimos, “illo, venga, vamos a hacer una escapada”.

Sorprende también porque muchos grupos decidieron frenar un poco, ante la incertidumbre.

Serokah: Es que, a ver, también nos pilló justo en el momento ese que justo había salido el disco, que teníamos un montón de fechas cerradas, y se fueron empezando a caer con el confinamiento. Y dijimos “bueno, no vamos a parar la máquina, porque visto como estaba el plan…” Y también teníamos ganas de hacer música nueva después del confinamiento, encerrados. Fue muy duro, eh.

Lorenzo: Teníamos ganas.

Esteban: Nosotros vivimos la música de una manera muy emocional, visceral: entonces lo necesitábamos. Cuando se abrió un poco, estuvimos tanto tiempo en casa, que fue escaparnos.

Lorenzo: Una escapada con los colegas.

También destaca el cambio en el sonido. Habéis ido más allá en esta ocasión, porque en el anterior, parecía que los samplers tenían más peso y en este siguen estando pero los habéis reinterpretado.

Lorenzo: Fue una mezcla de todo

Serokah: A ver, seguimos usando samplers. Realmente, al haber hecho unos poquitos de bolos, haber ensayado, ya tenemos más soltura con los instrumentos, porque realmente el grupo, tal y como empezó, éramos DJs, y nos hemos tenido que ir adaptando a cada instrumento que nos habíamos puesto. Ahora en este segundo disco se nota más esa soltura.

Lorenzo: La complicidad entre nosotros.

Serokah: Nos llevamos mejor. Ha sido un cúmulo de cosas que hacen que la cosa esté más madura.

Algo muy interesante que hay en los créditos de este nuevo trabajo es que en cada tema señaláis cuál es la inspiración.

Lorenzo: Nos gusta mucho poner la inspiración.

Serokah: Hay que dar crédito, siempre se hace.

Lorenzo: Y está guay. A nosotros nos ha encantado descubrir de dónde viene el sampler original de un tema, de hip hop o de cualquier cosa. Nos flipa.

Esteban: Es como un juego. Y entre nosotros es como una competición sana a sorprendernos. Entonces, el mundo de los samplers es muy guay, porque es como un collage. El mundo del sampling transforma una cosa original en otra, y si se dice de donde viene, se ve la evolución.

Serokah: Aparte, que estás todo el día investigando, descubriendo música… Es un constante laboratorio de búsqueda e investigación.

Esteban: Sí, el grupo es como un laboratorio en el que nos enseñamos constantemente, los unos a los otros.

Lorenzo: Te abre bastante la mentalidad.

Desde luego que es muy amplio, porque así se ve que no sólo os limitáis al flamenco, o a músicas vinculadas a la cultura andaluza. También  está presente la cultura egipcia (Nadah Al-Shazly y Kareem Samarah en “Indiô der çûh”) o la marroquí (Abdou El Omari en “Er carrito de lô muertô”), o cosas tan pop, como las psicofonías del Palacio de Linares en “Fandangô de Carmen Porter” o el Penumbra en “Er camión de lô elàô”.

Esteban: Sí, nos gusta jugar con toda esa mezcla. Es que es muy infinito el proyecto, con la inmediatez del folklore futurista, así que filtramos de cualquier referencia, que puede venir desde la música egipcia, siria, de Oriente Medio, con esos sonidos de la darbuka, la música de Marruecos, el sitar… Toda esa mística que tiene la música flamenca, que si viene de la India o que viene de África, los patrones… Todo eso mezclado, lo filtramos y hacemos nuestra música. Y como el punto de partida puede ser cualquier cosa, cada canción pide: es un mundo y tiene su personalidad.

De hecho, yendo más allá, tengo la sensación de que Andalucía es una supercuna cultural de España, que tiene mucha más conexión con otros puntos del Mediterráneo que otras culturas.

Lorenzo: Así lo vemos nosotros.

Claro, es que en la “Çambra der Huebê Çanto” se hablan de esos orígenes medievales (Mi madre está to el día rezando / ella es cristiana, mora y judía), pero es que muy anterior: está Tartessos.

Serokah: En Málaga también los fenicios.

Esteban: Y la Atlántida, que no se sabe si está por Cádiz.

Lorenzo: Hasta los vikingos pasaron por Andalucía.

Ésa se me despistaba.

Lorenzo: Me lo contaron ayer o antes de ayer.

Esteban: Lo que tiene el Mediterráneo, supongo que como todas las ciudades de puerto, es que es de mentalidad muy abierta. Se da en Bristol, por ejemplo: cuando llegaron todos los jamaicanos, hubo un montón de mestizaje. O en Nueva Orleans, que a principios de siglo se mezcló todo allí: había españoles, negros, mulatos… todo mezclado. La música es siempre como un viaje.

Serokah: Y un nexo de unión entre la gente también, una forma de compartir.

Esteban: Y el Mediterráneo es muy de puerto. En general… yo que sé, Amsterdam también, tiene una mentalidad abierta. Todas los sitios de puerto, la costa, han recibido mucha influencia de lo que viene de fuera.

Más allá de los samplers, en este disco también habéis colaborado con otros músicos en las letras de lo más dispar, que van de Andrés de Jérez en “Er carrito de lô muertô” a Queralt Lahoz en “Tó ba a çalih bien mamá“. ¿Cómo surgen? Porque van de punta a punta.

Lorenzo: A la Queralt la conocimos en Barcelona, que fuimos a tocar allí, en la Cárcel de La Modelo, y justo ella tocaba antes de nosotros. Y nos cayó de puta madre, hicimos migas con ella. Salió todo muy natural. Y con Andrés de Jerez igual. Fue el Chaparro el que lo conocía, ¿no?

Serokah: Sí, a través del Miquelodiun.

Esteban: Sí, El Chaparro lo vio y un chico que hace también música, Miquelodiun, nos dijo”tenéis que hacer algo con él“. Y en el momento adecuado le mandamos la instrumental, una demo muy básica, que no sabíamos cómo se iba a desarrollar, y Andrés de Jerez cantó sobre ese patrón una improvisación; la recibimos, la montamos otra vez, se la mandamos al bajista, que es Jesús Arispont, que es el bajista de Pata Negra, Camarón, Silvio… y productor de Def Con Dos (que ahí se llama J Al Andalus), un pedazo de bajo, y le dio otra vuelta. 

Y luego vino Mangu, un chico que toca el bazuki. Le dijimos “oye, ¿le pega a lo mejor un sitar, no sé qué…?” “No, no, tengo un instrumento que se llama bazuki, que es como un instrumento de cuerda un poco metálica”.

Lorenzo: Es del rollito entre guitarra y laúd. 

Serokah: Más o menos.

Esteban: Muy guay. Lo metió él solo y se fue enriqueciendo. Pero todo surgió. como también, por ejemplo, en el tema de “Çambra der Huebê Çanto”: las cornetas son de David Álvarez, que hace muchos meses nos dijo “oh, me encantaría hacer cosas con vosotros” y lo tenemos ahí, y en el momento adecuado, si necesitamos unas cornetas, lo llamamos. Pero todo surge de cosas que van apareciendo en el camino, no es nada muy pensado.

Andrés Jerez fue que estaba ahí, de casualidad, y lo de Queralt igual. Y lo de Ebla ya ni te digo.

Lorenzo: Lo de Ebla es porque, ya una vez de vuelta de Ronda, al lado del local donde grabamos, hay una chavala que tiene un sitio así como para bailar, y estaba Ebla allí cantando. Salieron un momento a la puerta y nos quedamos como flipando, como ésta quién es.

No me extraña. Cuando la escuche en “Camelamô Naquerâh” estuve buscándola y no encontraba nada.

Lorenzo: Claro, y le dijimos “oye, ¿te quieres venir a grabar una cosa?“. Y dijo “venga, vale“. Y del tirón, a la primera: hizo ¡plá!

Además es un tema muy especial, porque esa canción está escrita en romance andalusí.

Serokah: El tema realmente es la letra, que hay romance andalusí, caló y árabe.

Esteban: Pero sólo el estribillo.

Claro, es que cuando lo escuché, me dije “esto va más allá, esto no es andaluz”.

Esteban: Eso fue de un chico, que trabaja en el Museo del Prado, que está investigando esa lengua.

Serokah: Pablo Sánchez.

Esteban: Y lo llama ‘andalutzi’. Se hizo un curro de traducción.

Pero es una reivindicación interesante, porque es una lengua que ha desaparecido, pero la retomáis como parte de esa lengua andaluza (me resisto a llamarlo dialecto). De hecho, cómo surgió el transcribir la letras según el EPA, acorde con la apertura vocálica, eliminando aquellos fonemas que no se pronuncian…

Esteban: Sí, va con la fonética. Lingüistas e investigadores decidieron unificar fonéticamente, según las contracciones que hacemos: no decimos Carlos sino ‘Carlo’. Hicieron una investigación y nos encantaba la propuesta, porque también es un poco rebelde, va contra la neutralización y la unificación de la lengua. Así le da cierto poder. Además, nos gusta la estética, queda como más encriptado. Al principio no se entiende bien, pero cuando lo pillas son cuatro tonterías.

A mí me resulta fascinante, porque soy filóloga, pero me pregunto qué reacciones hubo en la gente cuando lo vieron, tanto andaluces como no andaluces.

Esteban: Al primero que lo hizo le acribillaron como en cualquier cosa. Se salió del tiesto y fue como “es una salvajada, esto qué mierda es“. Pero de ahí… eso está guay, es rebelde, nos gusta. Coge una cosa, lo marginal, y le das la vuelta.

Quizás soy muy sensible con este tema, porque a mí me fascina escucharos por cuestiones de economía linguistica. No me gusta cuando escucho críticas sobre ese acento, así que me encanta esa parte de reivindicación, de “es lo que somos”, de esa respuesta de “os reís , y qué?”

Esteban: Exacto, “¿y qué?”

Lorenzo: No pasa nada, lo ponemos así y…

Serokah: … nos empoderamos con ello. Es como por ejemplo muchas causas que ha habido a lo largo de la historia, que se les ha marginado y luego esa gente ha cogido ese término peyorativo para usarlo y empoderarse. Mismamente, ese personaje que me parece maravilloso, Putochinomaricón. Quillo, es la persona que mejor lo define.

Esteban: Coge un insulto…

Lorenzo: … y lo transforma.

Serokah: Es maravilloso. Me parece un maquinón para eso, vaya.

Quizás me vengo muy arriba, ¿pero vosotros pensáis que el andaluz podría ser considerado una lengua, más que un dialecto?

Lorenzo: Pero al final es la misma lengua.

Esteban: Tiene ciertos matices pero…

Lorenzo: Hay palabras que sólo hay en andaluz. De hecho, mi pareja tiene un diccionario, como una enciclopedia de palabras, que con muchas de ellas flipo. Hay algunas que conozco, pero hay otras que ni siquiera, porque son de otras ciudades.

Serokah: Es que es eso. La movida de Andalucía es que en cada sitio hablan de una forma relativamente distinta. No hablan igual en Málaga que en Sevilla, o que en Granada.

Esteban: Sí, los acentos son muy guays, cambian de una provincia a otra.

Lorenzo: Y el EPA es verdad que unifica todo eso. Por ejemplo, el tema de la cedilla: por ejemplo, si eres de Sevilla capital dirás ‘Sevilla’ y si eres de un pueblo a lo mejor dirás ‘Cevilla’.

Serokah: Y si eres de Antequera dices ‘Jevilla’. De hecho, en Sevilla capital, por ejemplo, se sesea, pero luego te vas al Aljarafe y ya están ceceando.

Sin ser andaluza, en muchos casos me duelen esas críticas que se pueden hacer al andaluz, porque si se piensa bien, el andaluz es el modelo lingüístico del español a nivel mundial, más que el castellano.

Serokah: Hombre, las mujeres que fueron a América, en la conquista, eran extremeñas y andaluzas la mayoría.

Claro, es que además el habla de Badajoz está muy próximo al andaluz.

Serokah: Exacto.

Esteban: En el libro de Antonio Manuel, de Flamenco. Arqueología de lo jondo (Almuzara, 2018)… ¿conoces su obra?

Sé que participaba en vuestro primer disco.

Esteban: Le llamamos El Profeta, es el que hace la introducción de Puerta de la Canne: él hace un discurso superllano, da gusto escucharlo cómo habla. Y tiene un libro, en el que al final cuenta un montón de etimologías de las palabras, de dónde vienen, uniéndolo con cosas que había aquí. Como que traza un mapa, de esto viene de aquí, esto otro de aquí…

Retomando ese tema de la apertura de Andalucía y pensando en este momento que estamos viviendo con la tradición, en el que se retoma, se revisa, homenajea, se actualiza… tengo la sensación de que en Andalucía es donde se da un paso más en la innovación.

Lorenzo: No, no consideramos que seamos más innovadores.

Serokah: Yo creo que no es una cuestión de innovación. Realmente te pones a mirar años atrás y la cultura que hemos tenido tanto de rock andaluz como de flamenco… no es lo que se ha vendido fuera de España. A lo mejor es por eso el cómo lo ven… no sé cómo definirlo.

Lorenzo: Quizás está un poco más de moda ahora.

Esteban: Es un poco lo de “si quieres ser universal, describe tu aldea“. Si tú lo cuentas con tus herramientas vas a llegar no solamente donde vives, sino fuera. Es verdad que ahora hay un montón de artistas. El folklore está en auge, frente a la globalización.

Os lo comentaba porque pensaba en Pony Bravo, por esa vinculación que tiene en su sonido con Andalucía, al que le dan un giro, pero luego están Los Voluble, que es una propuesta totalmente distinta.

Esteban: Son colegas.

Lorenzo: Son todos amigos.

Esteban: Es verdad que en Andalucía, con las bases militares, llegaban todas las novedades. Desde la música, las drogas, la importación de cosas que había, las revistas. Era como los puertos: venían cosas nuevas. Y los discos igual. Los primeros que traían, pues irían de viaje, irían a Reino Unido, pillarían discos, los traían aquí… Antes de internet, eran como mercancia en puertos. Se traían los sonidos, se influenciaban, se mezclaban…

Hablando con amigos, es inevitable que surja el tema de la apropiación cultural.Está ya muy tocado, no es vuestro caso, pero qué coincidencia que justo ha coincidido la salida de que vuestro disco con el de C. Tangana. ¿Cómo lo veis?

Esteban: Está un poco pasado el tema de la apropiación. Que cada uno haga lo que le dé la gana, lo que le sale del corazón. Si le apetece a uno hacer algo, que lo hago. Tú puedes tener sintonía por la música balinesa, y empezar a investigarla y hacerla: es lícito. O la cumbia, si te flipa la cumbia. Puedes hacerlo si es con cariño.

¿Y no os chirría cuando se intenta simular el habla andaluza? Es algo que le ocurre a un amigo de Jaén cuando escucha a Rosalía decir ‘illo’ en muchas de sus canciones.

Esteban: La cosa es que el flamenco se canta en andaluz. Puede ser tan extraño como una persona de aquí que cante en inglés. No es apropiación cultural, ¿no? Mientras se haga con cariño es lícito.

Retomando el caso de C. Tangana, valoro su capacidad de evolucionar, la coherencia que tiene, pero creo que su giro hacia lo flamenco es una revisión más pegada a lo que ocurre en la radiofórmula. Sin embargo, en vuestro caso creo que hay muchas más capas, referidas a diferentes tradiciones culturales.

Lorenzo: También es su forma de trabajar. Él tira un poco más hacia lo comercial, en el momento que sea. Cada uno puede hacer lo que quiera y ya está.

En cuanto al tema de la apropiación cultural, es lo que a mí me lo dijo una amiga, que es de Uruguay: en la apropiación el problema es que alguien pille una idea, el patrón de una tribu, lo que tejen, y se lo lleve a una multinacional de ropa, a venderlo en Estados Unidos, y lo vendan a tope allí.

Serokah: Y no dan nada de crédito.

Lorenzo: Y esa gente está muriéndose de hambre, y a lo mejor el Amancio Ortega está forrándose a costa de eso. Para mí eso sí es apropiación cultural. En la música, pues pasa, pero al final siempre es una mezcolanza de cosas. Nosotros, por ejemplo, tenemos mucha influencia de sonidos de Inglaterra, de electrónica, de Alemania, de Francia… de todos los lados. Es la intención un poco.

El año pasado participasteis en la Bienal de Flamenco, lo que provocó algunas reacciones críticas. ¿El flamenco es, en ocasiones, demasiado purista, aunque parezca que roza lo rancio?

Esteban: Es que el flamenco es muy ortodoxo, y está guay que se mantenga así, porque se mantiene puro. Pero nosotros no hacemos flamenco, sino folklore andaluz: entonces, tenemos ingredientes del flamenco. Por eso estábamos ahí.

Pero la Bienal siempre ha sido muy transgresora y ha dado cabida a propuestas superdiferentes, muy variadas, como Rocío Molina, que mezcla cante flamenco con danza contemporánea, performance… llegó a hacerse una ecografía en tiempo real. Eso puede ofender a cualquiera, pero bueno, quien se pica ajos come.

Para ir cerrando, al hablar de la presentación de La Contraçeña, es inevitable recordar vuestras tres noches en la sala Malandar con el cartel de “no hay entradas”.

Lorenzo: Fue el único concierto que dimos con la gente sin mascarilla, de pie, bailando.

Serokah: Los tres únicos.

Lorenzo: Sí, claro.

Serokah: Sí, porque en el EMAC también fue pre-COVID, pero era más rollo teatro. No era como la Malandar, con todo el mundo haciéndose polvo, vaya.

Tal y como está la cosa es difícil repetir aquella “hazaña”, pero supongo que ya tendréis alguna fecha cerrada para presentarlo.

Esteban: Tenemos el 28 de abril en Barcelona (Nits del Coliseum), el 26 de mayo en Madrid (Tomavistas Extra), y luego vamos a Burriana, al EMAC, que ya están las entradas vendidas, y el 12 de junio a Valencia, en el Teatro La PlaZeta (entradas). Eso por ahora. Poco a poco.

Fotografía de portada: Adri Offdelcampo

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