Fred Vermorel analiza el fenómeno fan en «Starlust»

Por Marcos Gendre 0

El ensayista británico Fred Vermorel investiga la idolatría pop de los ochenta en el entretenido Starlust.

¿Hasta dónde llegan los niveles obsesivos del fan? ¿Dónde se encuentra la frontera entre la cordura y el delirio del adorador? Y, sobre todo, ¿cuáles son sus límites en las fantasías fandom que pululan por sus mentes? A todas estas preguntas, y muchas más, responde este memorable ensayo articulado por Fred Vermorel. Se mire por donde se mire, mucho más que una simple sucesión de anécdotas y casos asombrosos en torno a estrellas del pop como Boy George, Marc Bolan o Nick Rhodes, miembro de Duran Duran, a la sombra de Simon Le Bon y John Taylor, que ha generado más destornillamientos mentales desde su caparazón en la sombra que muchos otros, con presencias, definitivamente, mucho más atronadoras.

Starlust bucea hasta las entrañas de un comportamiento, absolutamente, obsesivo, mostrando las diferentes caras de una locura enhebrada a golpe de deseos imposibles y desesperados, donde no falta el componente erótico ni tampoco el dolor más irracional, por lo intangible de un sueño fijado en bucle dentro de la mente del fan.

Pero ¿cómo afecta en el día a día de alguien condenado a respirar al ritmo de las canciones de sus ídolos? Sin caer en divagaciones ni reflexiones a pulmón abierto, Vermorel consigue lo más difícil: entretener hasta niveles insospechados, sin caer en la burla o mofa de los pacientes enfermos que engrosan tan impactante narración acerca de un síntoma tan reconocido como poco tratado de enfermedad crónica, altamente, dañina.

En base a esto, Starlust no sólo se muestra como radiografía inapelable de un estado mental, sino como compendio alucinante de los márgenes menos aceptados de la locura. Y, aún por encima, (y perdonen el chiste fácil) enajenadamente divertido.