«Las Devoradoras», el espectacular debut de Lara Williams

Por Marcos Gendre 0

Lara Williams, Las Devoradoras

La escritora inglesa Lara Williams irrumpió en 2019 con Las devoradoras, su primera novela tras el celebrado libro de cuentos Treats.

Cuesta creer que, a veces, libros como Las devoradoras sean las primeras novelas de un/a autor/a. La claridad de la narración, la ambición subyacente perfectamente calibrada. Todo funciona como un reloj suizo en la que supone el debut en las distancias largas narrativas de Lara Williams, que para la ocasión ha escrito una de las historias más originales y poderosas de los últimos años. Pero ¿qué es Las devoradoras? Como ella misma comentaba hace poco para Vogue: “Algunos de los libros que más me gustaron en los comienzos de mi vida como lectora tenían que ver con la transgresión, hablo de obras como American Psycho o La naranja mecánica. Eran muy específicos de la transgresión masculina y a menudo se apoyaban en el cuerpo de la mujer como vehículo de la misma. Me he imaginado muchas veces cómo sería una novela transgresora desde el punto de vista femenino, y creo que probablemente tendría que ver con la idea de ‘reclamar’ nuestro propio cuerpo. La idea de ver a mujeres atiborrándose de comida, dándose un festín hasta el punto de enfermar, me pareció sorprendente”.

Seguramente, no haya mejor manera de describir este clásico contemporáneo, publicado por Blackie Books, que se ha marcado un tanto antológico gracias a la inclusión en su catálogo de tan rutilante pieza de alta literatura, donde Williams muestra una capacidad visual descriptiva plena de poesía y metáforas talladas desde la naturalidad más absoluta, sin ninguna clase de devaneo encaminado a la condición del “Me, myself & I”. Para nada. Este libro, ya celebrado por Vogue, Times y The Guardian como el más destacado de 2019 sorprende por su refinamiento mordaz. Palabras envenenadas entre algodón, escritas entre párrafos de alta graduación literaria como este ejemplo al azar:

“El campus estaba vacío, como en un sueño, y yo flotaba por él siguiendo el céfiro de mi tristeza fluctuante, exhausta y consumida. La pelvis me presionaba la pálida piel del bajo vientre: bajos los vaqueros, era un destello blanco como el hueso. Me sentía como una muñeca rusa, con muchas versiones huecas de mí esperando salir a la luz, y en el centro, la piececita más pequeña y dura de todas”.

Si después de leer este pedazo de gloria aún no quieres sumergirte hasta las profundidades de esta novela de aúpa mejor pedir cita con el psicólogo. Sin más.

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