Entrevista a El Hijo: girando la rueda del cielo

Por Jose A. Rueda 0

Entrevista a El Hijo

Con La rueda del cielo (Ruido de Fondo-Intromúsica) dando vueltas desde hace pocas semanas, hablamos con Abel Hernández a propósito del último fruto de su árbol más florido: ese que llama El Hijo.

La parroquia indie recuerda a Abel por una época de guitarras introspectivas y melancolía cinematográfica. De aquellos tiempos aun convive con él el anhelo por pasados no vividos que se reconstruyen con variopintos retales sonoros. El pop hipnagógico merodeaba las composiciones de Migala cuando casi ni se había inventado el concepto. Ahora, en la nueva piel de Abel Hernández, la orquestación electrónica conduce samples de idéntica evocación nostálgica —o más bien misteriosa— que se retuercen entre cadencias de la nueva onda urbana.

Al pensar en Arca, El Guincho, el auto-tune o el trap, quisimos darle sentido al post-mainstream, aquel palabro espetado entre bromas por Abel para etiquetar, en tiempos de hashtag, la deriva musical tomada por El Hijo en Capital desierto (Intromúsica, 2019). Charlando sobre las corrientes sónicas dominantes, la conversación con El Hijo progresa desde la música como arte hacia la música como industria. Y al final, sin dibujarnos un presente muy halagüeño, nos espabila del letargo derrotista para inventarnos un futuro no tan distópico.


La rueda del cielo, disponible en escucha en línea.

Desde el giro definitivo a la electrónica en Fragmento I hasta hoy, ¿se puede afirmar que has encontrado ya el sonido característico de El Hijo?

No creo. He encontrado algo que me sirve ahora, que me viene sirviendo en estos años. Sí que me acerco bastante a cosas que me interesaba probar. Pero pienso que si el proyecto de El Hijo continúa, digamos, 5-6 años más, seguramente para entonces estaré en otro lugar.

En los inicios de este proyecto, continuabas por la senda folk progresiva que ya practicabas en Migala, llegando a grabar con un todoterreno de la producción como es Raül Refree. ¿No echas de menos esas sonoridades más clásicas del rock? ¿Volverán algún día a El Hijo?

Siempre se echan de menos cosas de lo que dejas atrás y quizá lo bueno sea no cerrarse a que vuelvan parcialmente, con otro sentido. De hecho, ahora mismo me interesa mucho esa idea de que el pasado nos espera en el futuro. Como que las cosas no han pasado del todo o lo que supuestamente ha pasado puede revisitarse desde el punto de vista de otro momento vital. Creo que últimamente trabajo con ese sentido de recuperación anti-nostálgica. Ahí está esa canción del último disco, “Burberry”, que en parte surge al reescribir la letra de mi canción de 2006, “Cabalgar”.

En cuanto a Raül Refree, por supuesto, me encantaría volver a hacer con algo con él. Aparte de un músico brillante, es un amigo querido. Alguna vez recientemente lo hemos hablado, pero no es fácil.

Son ya cinco álbumes, cuatro Eps, discos de remezclas y varios singles. Sin embargo, la gente aun te recuerda como Abel Hernández «el de Migala». ¿Pesa la losa de Migala?

Me encanta hablar de Migala y esos proyectos del siglo pasado (y que la gente lo recuerde es señal de que estuvo bien). Pero que le sigan asociando a uno sólo con eso, sin ser una losa, sí es muy aburrido y, por momentos, un poco desalentador. Han pasado dieciséis años ya.

Migala era una súperbanda (hasta siete componentes) que, junto a Manta Ray y otras formaciones como Úrsula, pusieron el post-rock estatal a un gran nivel (incluso con repercusión internacional). ¿Qué ocurrió para que se esfumara toda aquella generación de bandas españolas de post-rock?

Bueno, Migala fue muchas cosas. Al principio, de hecho, ni siquiera era una banda. Luego mutó varias veces. Tampoco sé si llamaría exactamente post-rock a lo que hacíamos. Quizá por momentos sí, pero no siempre. Pero entiendo lo que dices e, intentando contestar a lo que preguntas, supongo que ocurrieron varias cosas simultáneamente: que no había un público suficiente para ellas por estos lares, que en cierto momento se volvió más complicado sobrevivir para esas bandas que ya llevaban unos años juntos si no había una cierta profesionalización y habría componentes que no podían o querían comprometerse con eso. También el problema de la falta de alcance de los sellos independientes y de la poca diversidad de la industria musical en España de ese momento y aún hoy.

¿Tiene también que ver el hecho de que, quizá, se esté tendiendo a la desintegración del formato banda? ¿Crees que los artistas solitarios del bedroom-pop y similares están dominando el mundo musical?

Me da la impresión de que el formato banda no se ha desintegrado para nada (al menos como eso, como formato). En todo lo cercano al rock (incluido eso que aún llamamos “indie”) las bandas siguen copando la programación de muchas cosas. No creo que eso esté acabado desde el punto de vista del aprovechamiento de la industria. Escuchemos qué sale en los medios y miremos los carteles de cualquier festival español y creo que resulta obvio. Por otro lado, siempre ha habido proyectos en solitario y del rollo bedroom.

«El post-mainstream se puede aplicar de forma parecida a cómo lo hizo en su día Simon Reynolds, cuando empezó a usar el término post-rock como la música de quienes usaban el rock para hacer algo nuevo».

La rueda del cielo, aun siguiendo las pautas sonoras de Capital Desierto, parece que guiña a la nueva onda urbana en el uso del auto-tune o en algunos dejes de nuevo R&B español (así me lo parece escuchando temas como “Cuaresma” o “Accidentes planeados”). ¿Has estado pendiente del trap y la música urbana de estos últimos años? ¿Qué opinión tienes de esta escena?

Sí, aunque creo que aún había más juego con esos elementos en Capital Desierto que en La rueda del cielo. ¿Cómo no hacerlo? Está por todos lados. Y si uno es receptivo a lo que pasa… No tengo una gran debilidad por lo que ocurre en esa escena en España. Me gustan algunas cosas puntuales, me dan igual muchas otras. Pero hay cosas chulas, sin duda.

Habiéndose convertido la música urbana española en el nuevo mainstream actual, ¿ha sido este tu punto de partida en La rueda del Cielo? ¿Es esa progresión desde la música urbana lo que denominas post-mainstream?

No, esto del post-mainstream se ve que ha tenido gancho entre los críticos y periodistas porque me preguntáis por ello [ríe]. Cuando lo usé en su momento (con motivo de algunas cosas del disco anterior) fue más bien un poco de broma. Pero bueno, entiendo que puede ser interesante aplicar el término de forma parecida a cómo lo hizo en su día Simon Reynolds cuando empezó a usar el término post-rock como la música propia de quienes usaban herramientas del rock para hacer algo nuevo, que ya no era rock, en una proyección de futuro.

Lo que estamos viendo en el mainstream actual es la pérdida del formato álbum, lo cual parece afectar también a la escena alternativa. ¿Crees que es un mal momento para atreverse con un disco de diez canciones?

Creo que no estoy del todo de acuerdo con esto. Me parece que esa es una de las motos que se están vendiendo. El formato álbum es importantísimo ahora mismo, al menos en lo que se tiene que ver con la propuesta artística, pero sospecho que también en cuanto a la carrera profesional y los directos. Si uno se fija en los últimos movimientos de músicas como Beyoncé, Billie Eilish, Lorde, Kayne West, Lana del Rey, Taylor Swift, Kendrick Lamar, Frank Ocean, Bad Bunny, J. Balvin, o C. Tangana, por poner algunos ejemplos fuera del rock y de la música pop, digamos, alternativa, resulta que no sólo publican álbumes sino que son álbumes conceptuales, a veces visual-albums. En ocasiones, estos discos son lanzados de forma sorprendente sin siquiera un single de adelanto.

Luego está eso que predican las plataformas digitales de que, actualmente, para ser alguien visible en la jungla, hay que sacar singles cada poco tiempo, que es la versión 2.0 de la trituradora de carne de toda la vida de la industria musical. Mucha gente cree que está llegando al mercado mainstream obteniendo unos miles de reproducciones y en realidad está llegando a unos números inservibles dentro de una rueda. Sospecho que la idea de hacer singles le viene muy bien a la industria en general porque la escucha desatenta es más lucrativa que la atenta en el modelo actual de uberización musical. A algunos sellos les interesa mucho más que haya novedades constantes y los costes de producción de un single son siempre más asumibles que los de un álbum.

Sí que parece haber la capacidad de escucha de la gente. ¿Te preocupa que el público no profundice en tus canciones? Un disco como el tuyo, cargado de referencias literarias y cinematográficas, lo requiere, ¿no?

Sin duda. Ha situado la escucha en otro lugar. Eso sí me parece intencionado y peligroso para la variedad y la capacidad utópica y de aventura de lo musical. En cuanto a qué pase con mi música, no me preocupa tanto eso porque entiendo que a quien le interesa lo que hago es porque lo escucha. Es música a la que no se accede a la primera y no es de consumo rápido. No está pensada así. Ahora bien, eso no se debe a que haya referencias. Las referencias son sólo para quien las quiera, a quien les interese y le sirvan. No es necesario ni conocerlas, ni prestarles atención. No se trata de entender, saber o pensar sino de escuchar, de meterse lo más posible en la música. Si no, el conjuro no funciona.

«Lo más folk hoy es una red social, un programa de Telecinco y un smartphone. No debemos confundir folk con casticismo».

Artistas que han trabajado contigo en los últimos dos discos, Laura LaMontagne y Rodrigo Cuevas, son dos de los muchos ejemplos de músicos actuales que renuevan el folclore más autóctono con músicas contemporáneas. ¿Qué opinas de este resurgir de lo folclórico en la escena musical española? ¿Piensas que está relacionado con la nueva oleada de regionalismos identitarios?

Bueno, no me interesó que colaboraran tanto por esa condición de neofolklore de su música, como por la manera de cantar y ciertas afinidades estéticas (diría que por cómo y desde dónde enfocan su mirada a lo folk, más que por el hecho de que usen lo folk).

En cuanto al resurgir que comentas, me parece interesante pero creo que es un movimiento que corre cierto peligro de hipertrofia y ya empieza a haber hype.

Los regionalismos podrían ser (suelen serlo siempre) una respuesta a una crisis social y cultural más fuerte, que me parece que tiene que ver con la falta de fe en el futuro debida al arrasamiento generalizado del capitalismo. Y, aunque en un principio, pueden suscitar simpatía, suelen acabar tendiendo a lo delirante.

¿A ti te interesa el folclore? ¿Lo dejarás caer en próximas composiciones?

Sí, sí, me interesa y hay muchas cosas que me encantan del folklore, pero lo que me interesa sobre todo es el futuro. Y, además, como he dicho otras veces antes ya, creo que lo más folk hoy es una red social, un programa de Telecinco y un smartphone. Por decirlo más gráficamente, no creo que el Tangana de El Madrileño sea más folk que el de “Antes de morirme” (de hecho, diría que lo es menos). No debemos confundir folk con casticismo.

Desde la consolidación del streaming, donde hay un post-mainstream es en la industria musical. ¿Siguen dominando, a pesar de internet, las grandes multinacionales del sector discográfico?

Sigue dominando el poder del dinero. Da igual cuando leas esto.

¿Cómo ves el panorama independiente? Además de las autoediciones, hay multitud de pequeñas casas discográficas. Pero, ¿hay cabida para sellos como Intromúsica y el recién nacido Ruido de Fondo?

Veo con interés lo que propone la gente de entre 20 y 30 años. Muchos de ellos, autopublicándose y un poco a ciegas. Hay cosas ahí que molan, que parecen mirar a las cosas con otros ojos y otros oídos. Aunque me da la sensación de que están demasiado pegados al rollo winner, al éxito como cantidad. Falta punk. No como forma, que de ese quizá sobre, sino como ética y estética no superficiales que valora la cualidad y la resistencia.

El llamado indie actual que se hace en España, siempre con alguna excepción, claro, me interesa muy poco. Me parece algo acomodado, aburguesado, nostálgico, acrítico, lejos de sus orígenes y despegado de las corrientes internacionales. Algo que sólo se entiende por aquí y por parte de cierto público y que da lugar a himnos de festival pero no a música demasiado potente.

¿Qué propondrías para que surgiera una escena independiente más justa y sostenible? ¿Qué ideas aportarías para un futuro post-underground?

Uff, vaya pregunta. Pues se me ocurre que quizá lo primero de todo sería replantearnos qué significa hoy “independiente” y que validez o vigencia tiene el término. Independiente ¿de qué? Posiblemente haya que buscar otros términos ahora mismo.

En líneas generales, y aún a riesgo de simplificar, creo que todo pasa por buscar nuevas formas de autonomía o, cuando no se pueda, de negociación con respecto a las reglas del mercado, en especial las grandes promotoras y festivales, las marcas y las plataformas existentes. Ello se puede lograr en parte construyendo redes de cooperación entre artistas, sellos y el resto de implicados en la creación artística dentro de la música Pop española (desde promotores o managers, a diseñadoras gráficas, pasando por técnicos y un largo etc.)

Algo que los músicos y colectivos laborales anexos podríamos hacer (a la vez que participamos en esas redes colaborativas) es crear comités para la concienciación sobre las malas prácticas y corrientes de insumisión ante las condiciones abusivas de la industria y otras formas de sometimiento, posiblemente mediante un modelo muy actualizado de acción sindical.

Por otro lado, seria necesario que el Estado protegiéramos aquella música Pop como forma de arte que no quiere o puede depender exclusivamente del mercado y de los números de visibilidad (plays en plataformas o likes en redes). Debería exigirse la equiparación de ayudas con respecto a otros campos culturales y que se fomente una educación (y no me refiero a los programas escolares sólo) sobre el valor de esta forma cultural y su historia.

En ese sentido, sería importante que se recuperaran verdaderos espacios de difusión musical (no nostálgica y no sólo presentista) en la televisión pública (con sistemas de cuotas, incluso y otras protecciones de la cultura underground); siempre fuera del alcance de la influencia de las grandes compañías que ya imperan en el mercado.

De la misma forma que hay televisiones y radios públicas, podría haber una plataforma de streaming pública con un pago justo por las creaciones musicales.

Debería establecerse por ley que la programación de conciertos financiada con dinero público privilegie el tejido creativo y a la pequeña creación y no funcione como un competidor más dentro del mercado. En el caso de macro festivales de iniciativa privada que en parte gozan de ayudas públicas, debería exigirse una correspondencia en ese sentido.

Desde el punto de vista municipal, no serian tan complicado que los ayuntamientos fomentaran más la creación de laboratorios de creación musical con instalaciones para ensayar, grabar y tocar, para pensar y hablar, escuelas, y un sistema de residencias y otras convocatorias para fomentar el intercambio entre comunidades y países… una casa de la música en cada pueblo mínimamente grande o ciudad.

No sé, se podrían probar muchas cosas.