Ana de Miguel contra la doble verdad en «Ética para Celia»

Por Marcos Gendre 0

Ética para Celia, el ensayo de Ana de Miguel, es un alegato por la empatía masculina hacia las mujeres y un paso más —en este caso, literario— hacia la equidad de género.

Hablar de Ana de Miguel es hacerlo de una de las mentes más preclaras que rondan la actual narrativa de ensayo. De reafirmar esto se encarga Ética para Celia, su más reciente publicación, donde su prosa tenaz, de aura sabia, describe el desbordante maremágnum de reflexiones que se forman en su subconsciente. En este caso, en torno a una premisa total en pos del agitamiento neuronal del lector/a. Dicho objetivo queda más que cumplido gracias a su vocación de francotiradora de ideas, las cuales revuelven en una olla exprés a través de sus genes de filósofa feminista. Y todo versa en torno a una idea: pedir a los hombres que, de una vez, adopten la posición moral de ponerse en el lugar de las mujeres. En base a esta meta, lo que se intuye de este libro parte de que el deseo y ambición de Ana es que, en su mayoría, la lectura provenga de la parte masculina.

Si lo conseguirá o no, eso ya es otro cantar. Lo que sí es indudable es que estamos ante una muestra simpar en el arte de derribar tópicos y mentalidades más anquilosadas que las ruinas griegas. Y es que estamos ante una obra cuyo título remite nada menos que al Ética para Nicómaco de Aristóteles, del cual restituye su foco de atención, buscando su entrada en la mente de hombres y mujeres, algo que en la época del filósofo griego por antonomasia se limitaba a la parte masculina. Y es que, tal como reconocía hace poco Ana: “La idea es que las filósofas nos quitemos los complejos y tengamos autoridad para igualarnos a Aristóteles”. Y vaya si lo consigue, y lo hace por medio de una narración que debería ir en la misma estantería que el imprescindible Lectura Fácil de Cristina Morales. Nada más y nada menos.