«En la celda había una luciérnaga», de Julia Viejo

Por Marcos Gendre 0

Reseña de En la celda había una luciérnaga, el libro de relatos de Julia Viejo.

Descubierta durante el confinamiento por Blackie Books, tras leer este libro de relatos lo de Julia Viejo se puede equiparar a un milagro inesperado, que legitima el enorme peso que ha caído sobre sus espaldas: ser la sucesora natural de la gran Ana María Matute.

Si, por un lado, el derroche imaginativo condensado en estos cuentos confirma dicha comparación, lo que también ratifica es una relación directa con la mismísima Angela Carter. No en vano, en su prosa, de tapiz poético, siempre anida una contrapuerta hacia la vivisección de las emociones humanas. Reflexión envuelta de un código fantástico que, por momentos, nos puede hacer pensar en una versión para adultos de los cuentos de Gianni Rodari. Una en la que la extrañeza es el virus que nutre de misterio y magia, a partes iguales, relatos donde el absurdo impone la existencia de fantasmas borrachos y situaciones grotescas surgidas por una lata de Coca-Cola, entre otras chifladuras geniales. Quizá en dicho énfasis de situaciones anómalas podemos encontrar paralelismos entre la forma de abordar el relato corto que también tiene el escritor belga Bernard Quiriny, autor del memorable Cuentos carnívoros.

De esta telaraña referencial llegamos hasta el núcleo de lo que nos interesa, Julia Viejo: autora con un futuro por delante, sencillamente, esplendoroso que, en cualquier caso, con En la celda había una luciérnaga, se ha sacado de la chistera uno de esos libros por los que ser siempre recordada. No es para menos ante tal flujo de inspiración, siempre concentrado en historias resueltas con apenas cuatro, cinco o seis páginas. Síntesis de cirujana narrativa con la que, por nuestra parte, ya se ha ganado el cielo de las letras fantásticas.