Hosting WordPress

De burbujas, modas, festivales y conciertos

Por Armando Rendón 0

festivales

La explosión festivalera tras la pandemia, ha generado un sinfín de nuevos festivales, conciertos, “sucursales” de los grandes festivales y carteles “fotocopiados” que han inundado nuestra geografía musical veraniega ¿Qué consecuencias traerá a corto-medio plazo este tsunami que estamos viviendo?

Para empezar he de decir que este que les escribe disfruta en un concierto como con pocas cosas en esta vida, vaya esto por delante. Tras la pandemia, maldita pandemia por la de vidas que se ha llevado por delante, muchas de las actividades económicas y sectores han padecido una paralización que en muchos casos ha asfixiado a los principales agentes de las mismas. Como todos sabemos, la industria cultural ha sido uno de los sectores que más ha padecido esta jodida situación, de eso no hay duda. Veníamos de un incremento brutal de la difusión musical, donde los ingresos por conciertos empezaban a ser casi los únicos que hacían vivir y en algunos casos (muchos) sobrevivir a muchas bandas, artistas, productores, managers, técnicos, etc.

Personalmente, he decir que aunque tenía muchas ganas de volver a la normalidad, me ha costado, mucho. Veía en los grupos de amigos “musicales” unas ansias infinitas por, no solo poder asistir a los conciertos y festivales que estaban previstos antes de la pandemia, más bien la idea era saciarse por si acaso, duplicando casi todo lo previsto. Supongo que no en todos los casos ha sido así, pero es la percepción que me ha dado, al igual que ha ocurrido y ocurre con otros sectores de actividad donde la influencia de la pandemia ha sido más significativa (el turismo y la hostelería sin ir más lejos). Pues bien, esa necesidad ha hecho que las actuaciones, festivales, giras, etc se haya multiplicado por no se cuánto y que creo ha llegado una situación de empacho o “engollipe” que estoy seguro va a tener consecuencias a corto-medio plazo ¿Eso es bueno? Pues mire usted, creo que merece un análisis/diagnóstico con el cual pueden preverse algunas consecuencias, desde mi modesta opinión.

¿Qué hemos vivido/Qué ha pasado?

Se retrasaron todos los grandes eventos, se congelaron carteles de grandes festivales y se “pegó” una patada hacia delante en muchos de ellos, manteniendo muchos de nosotros las entradas y abonos que teníamos adquiridos para el año. El arranque fue progresivo, con multitud de medidas incómodas y limitantes para todos, pero la maquinaria necesitaba ponerse de nuevo en funcionamiento, por nuestra salud, bienestar y, por supuesto, por la economía. Cuando todo se normalizó y los expertos dieron “carta libre”, la maquinaria empresarial para recuperar lo perdido se puso en marcha a todo trapo, “a toda castaña”. Y el público lo ha comprado todo, ha ido a todo, lo ha vivido todo, lo ha dado todo, o casi todo.

A pesar de problemas logísticos, anulaciones, bajas de última hora por enfermedad, etc. el “show” ha seguido. Se han incorporado innumerables nuevos asistentes, eminentemente a festivales, que han buscado la fiesta y un “nuevo” vehículo donde pasárselo bien. Las bandas y artistas que antes seleccionaban cómo y dónde ir, se han visto obligadas (en algunos casos) o encantadas de tocar allá donde fuese necesario para revertir su situación de ingresos, eso es una realidad.

Como la economía empieza a notar ahora los estragos de otra crisis en ciernes, la industria también lo empieza a ver. No hay técnicos para dar soporte a tanta demanda. Se han refugiado en el sector innumerables trabajadores poco expertos o conocedores de la industria, cuyo único fin es “la plata”. Podríamos decir que hemos vivido o estamos viviendo una gran “borrachera” de festivales que se va a alargar unos meses aun. De este diagnóstico, ya estamos empezando a detectar algunas consecuencias, vamos con ellas.

¿Y ahora qué? ¿La gran resaca?

Hace unas semanas León Benavente suspendió su concierto en Sevilla por falta de venta de entradas, que aunque era en pleno agosto, puede ser un indicador de lo que puede pasar en otoño (y eso que hablamos de posiblemente una de las mejores bandas nacionales en directo). Pues miren ustedes, lo que más creo que va a afectar a todo esto va a ser la posible recesión económica que se avecina. No creo que sea tan preocupante el exceso que nos hemos pegado, al final las resacas se superan y todo se ajusta.

Sin embargo, algo que sí va a ser preocupante va a ser qué ocurre ahora con las salas de conciertos y, como siempre suele pasar, con la contratación de nuevas bandas o emergentes. Para estas propuesta, los nuevos “followers festivaleros” ni están ni se les esperan (algunos, pocos, sí se habrán enganchado al gusto por la música en directo) y los fieles seguidores de siempre seguro que están empachados y con menos recursos de los deseados.

Los números no engañan. Si por 70 euros ves a Muse, Los Planetas, etc en un cartel, cómo vas a pagar ahora 15 por ver a una banda que no conoce “ni el tato”. Esto puede ser circunstancial pero la hostia puede ser tremenda para las salas y eso sí que no tiene vuelta atrás. Espero equivocarme pero las ansias y la recuperación tan intensa puede afectar de lleno a lo que realmente ha mantenido la industria desde siempre: las salas, los pequeños programadores y las bandas emergentes. Esperemos que no sea así y que el ajuste sea beneficioso, pero cuidado con que la resaca no dure en exceso y se lleve por delante lo más valioso que nos da esta industria: la música y la capacidad creativa de los que nos la regalan.

 

 

 

 

Hosting WordPress