2023 acabó con una necesidad creada para 2024. Una necesidad que no tardó en ser satisfecha pues el regreso de Nudozurdo no tardó en ser algo real. Era más que esa primera canción, “Angel Genetics“, o los adelantos que le sucedieron, porque el 11 de enero salió Clarividencia (Sonido Muchacho, 2024). Un disco firme, con una atmósfera desconcertante y unas letras que son el vivo reflejo de Leo Mateos, de su universo de emociones tan incómodas como sugerentes.
¿Qué hay detrás de esas ocho nuevas canciones de Nudozurdo? Leo Mateos nos lo desvela a través de estas preguntas que le enviamos:
Es inevitable no remontarse a antes de la pandemia, cuando tus planes eran autoeditarte e ir descubriendo poco a poco las canciones que creabas en solitario. ¿Cómo surgió esa idea?
Poco a poco. Llevaba mucho tiempo trabajando en equipo, en una banda, en un sello grande, etc… y necesitaba hacerlo todo a mi aire.
Sin embargo, tras la experiencia de Demasiado Bellos Para Ser Esclavos has decidido retomar Nudozurdo. ¿Cómo fue el defender el proyecto con tu propio nombre? ¿Cuándo decidiste que debías volver a ese proyecto que se despidió?
En directo no hay muchas diferencias con respecto a Nudozurdo. A la hora de grabar sí que es diferente porque lo hago yo casi todo. Hace un año y medio empecé a gestar la vuelta de Nudozurdo. Podría decirse que fue un tiempo de barbecho para todo lo relacionado con Nudozurdo.
Curiosamente, en esta nueva etapa de Nudozurdo estás acompañado por los mismos músicos con los que tocabas en directo, incluso Svali a la hora de grabar los coros en el disco. ¿Han tenido algo que ver en la decisión del regreso? ¿Qué han aportado?
Sí. La energía de la banda preparando Demasiados Bellos Para Ser Esclavos, los conciertos y una nueva vitalidad me hicieron pensar en las cosas que podíamos hacer juntos.
De todas formas, no es una formación absolutamente nueva: Jorge Fuertes ya estaba en los primeros discos e incluso en el vídeo de «Angel Genetics» se ve a César de Mosteyrín al piano. ¿También estará él en los directos?
El teclista es Sam Davidson, no César de Mosteyrín ¡aunque se parecen bastante! Es uno de los músicos que nos ha ayudado con las teclas. En el bolo de Madrid lo tendremos como artista invitado.
«Angel Genetics» es la canción con la que se anunció el regreso de Nudozurdo pero curiosamente no está dentro de todos los formatos de Clarividencia: forma parte de un EP que está incluido en el vinilo deluxe. ¿Cómo surgió esta idea? ¿Es de alguna forma una reivindicación del formato físico, de ir más allá de los singles y escuchar el disco al completo?
Eso es. Queríamos un disco de principio a fin que entrara en un vinilo. Nuestras canciones suelen ser largas así que hubo que dejar canciones fuera. De todas formas acabarán todas dentro de un formato deluxe en digital también.
También es cierto que «Angel Genetics» parece diferenciarse del resto de las canciones del disco, no sonoramente sino en cuanto a la temática, a la sensación que deja. ¿Se juega con la sensación idílica de lo que nos espera? ¿Se presenta un escenario que no estará en las siguientes ocho canciones?
Creo que eso ha sido más casual. “Angel Genetics” es la única canción de las sesiones de Tara Motor Hembra que he recuperado, aunque le hemos dado una nueva piel. Al sello le pareció buena idea como single y lo dejamos así.
Hablo de lo idílico porque una vez escuchado el disco, la sensación que queda es que vivimos en una distopía. ¿De alguna manera es lo que se quiere presentar? Después de varias escuchas me queda la sensación de que es el capítulo previo a Rompenieves de Legrand y Rochette, o que incluso parece estar conectado con El descenso de Caliza.
Puede que tenga algo de distópico. De un profundo desencanto pero al mismo tiempo rodeado de mucha belleza. Con las letras quería ahondar en la desorientación, en la confusión de la realidad y su complejidad. Como un volcán que es inexplicable, aterrador y hermoso al mismo tiempo.
¿Podríamos decir que Clarividencia tiene algo de fábula ecologista? Si establecemos campos semánticos en las canciones, la naturaleza parece enfrentarse a lo industrial.
Sí, aunque en un plano más general sería a cualquier agresión a la naturaleza. Lo cual incluye lo que los humanos nos hacemos entre nosotros mismos. Vivimos una etapa de supercompetencia. Los problemas de salud mental arrancan ahí. Es un problema numérico también. Es difícil crear sociedades, libres, justas o con capacidad crítica con poblaciones gigantescas.
De hecho, incluso se podría ir más allá y crear una suerte de mapa, que traza una huida del centro hacia espacios serenos como Torimbia, en «Soledad / Clarividencia» o Crevillente en «Crevillente / La industria del sueño». Aunque no lo mencionas, ¿podemos decir que Madrid se ha convertido en una ciudad hostil, en esa especie de escenario infernal que reflejas?
Es una realidad. Está ahí. Pero como tú dices también hay paisajes sosegados y momentos históricos. Aún así las ciudades me siguen fascinando. Es una costra humana vital y vivir en ellas nos convierte en superhéroes de nuestro propio tiempo.
Tras escuchar «Lo que ocultan las amazónicas» parece encontrarse la ‘causa’, la sinécdoque del problema: las urbanizaciones de los más acomodados, que muchas veces es la aspiración vital de mucha gente. ¿Cuánto tiene que ver el egoísmo y la comodidad en el cambio climático?
Cada vez nos bunquerizamos más. Es un sistema donde el espejo se deforma sin ningún tipo de rubor. Nos estamos atomizando más y más. Familia, pareja, algún amigo y poco más. Con el resto el intercambio cada vez es más pobre. Es un sistema que favorece la desigualdad. El anonimato tiene eso.
Las canciones parecen estar dispuestas, tanto sonora como temáticamente, de los escenarios más agresivos hacia otros más sosegados. Pero no hay final feliz, pues «Cripto Mundi» puede tener muchos significados paralelos. Hay mentiras bien hechas, hay ansiedad… ¿Es donde estamos? ¿Es una lucha sin recorrido?
No lo sé. La humanidad parece que avanza y después retrocede. Quiero pensar que hay luz al final del camino. Pero es una época un tanto oscura y un poco peligrosa para nuestra propia supervivencia.
Para cerrar, el título del disco es Clarividencia. ¿Es por la capacidad que tiene de distinguir la realidad, todo lo que hay dentro de ella?
Puede ser. Creo que es un nombre que sintetizaba bien el momento.
Está relacionado con la vuelta de la banda. Hay algo de magia, premonición y ofrenda en este disco que tiene que ver con la ultrarrealidad que se esconde detrás de las cosas.
Fotografía de portada: Sergio Albert

