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Idles – TANGK

Por María José Bernáldez 0

IDLES Tangk

Hemos podido escuchar Tangk, el quinto disco de los británicos Idles, donde se cruzan viejos caminos y se abren nuevos para explorar, en la forma de once canciones que te diseccionamos tras una escucha concienzuda.

Cuando Idles editaron Brutalism en 2017, el primero de sus cinco discos (amén de varios EPs previos), había pasado un año desde la votación en Reino Unido para salir de la Unión Europea y fueron una de las bandas pioneras en el género que luego se acuñaría como postpunk postbrexit (no sabemos por qué ahora se le llama crank wave por todos lados) donde el descontento tomaba forma física como canciones de rabia y fraternidad en una sociedad que necesitaba escuchar, precisamente, lo que Joe Talabot y los suyos venían a gritarles.

En los siete años que han pasado entre aquel disco y este Tangk ellos han encontrado su sitio y el mundo al que cantaban ha perdido un poco el suyo. ¿Cómo acercarse entonces musicalmente a él? Pues haciendo lo que realmente te viene en gana, porque puedes hacerlo. Cada integrante del grupo se desnuda y se atreve con maneras inexploradas hasta ahora y, para sorpresa de nadie, les sale bien. Una colección de contrastes que viene a incidir en el amor y la alegría desde una visión opuesta a la ñoñez y la tibieza.

Esperamos, de corazón, que alguna vez os hayáis dejado llevar por la energía que se desprende en sus directos y hayáis participado en algún pogo deletreando “Danny Nedelko”. En Tangk encontramos más gasolina para hacer eso, pero mucho más. Con un prólogo y un epílogo a bajas revoluciones, “Idea 01” y “Monolith” respectivamente, se nos ofrece la posibilidad de realizar estiramientos antes del ejercicio que se nos presenta delante. Esa calma posicionada de manera bastante inteligente al principio y al final del disco dejan encajar por un lado todo el contenido entre dos límites muy marcados y, por otro, aportan una luz, al principio y al final del viaje.

Porque el viaje comienza con “Gift Horse”, una canción para que no te preocupes: tienes tu pogo, tienes un ligero coqueteo con el tecno, tienes tus letras del punk de los cuidados (habla de su hija), tienes toda la esencia del grupo bien marcada al principio de Tangk para coger fuerzas y continuar el camino con “Pop Pop Pop”, la parte más darkwave ochentera del grupo en la que suponemos que Joe Talabot se vestirá de negro de los pies a la cabeza para interpretar lo que él entiende por pop, con capas y capas de electricidad de espíritu líricamente optimista que van a dar a “Roy”, el tercer corte del disco. Donde sacan su cara más crooner, más cercana y donde consiguen hacer aquello que Alex Turner lleva unos años intentando y no consigue que le cuadre del todo. Y con ese disfraz puesto, siguen explorando el mar de la tranquilidad con “A Gospel”, que te dejará con la tensión lo suficientemente baja para poder enfrentarte al primer single que descubrieron: “Dancer”, una colaboración con LCD Soundsystem. La capa de barniz que aporta James Murphy en esta canción la hace una de las mejores canciones del año. Daríamos un puñadito de perras por un documental que siguiera el cómo se hizo de esta colaboración porque pinta que el buen humor instantáneo que provoca fue el que rodeó la situación que nos pilló a todos por sorpresa. Por fin alguien escuchaba las ganas de bailar del grupo y las encauzaba.

No god, no king, I say love is the fing. Quizá el estribillo de “Grace” pueda (y deba) usarse como motto del grupo en futuros productos de merchandising y la canción completa en cualquier declaración de amor en 2024. Contenida en su rabia, que explotará por completo, sin pausa, en “Hall & Oates”, que suena sucísima, puramente garagera y gutural: una canción hardcoreta de manual, en el punto contrario a la banda a la que hacen mención – Daryl Hall & John Oates -, un dúo que se hizo de oro en los 80s con sus hombreras y llevando los teclados horteras a niveles olímpicos y al que, claramente, les han robado las líneas de bajo de temarrales como Maneater.

Y de ahí, a “Jungle”, a todas luces la favorita de la que escribe. Tiene todo lo que esperas del grupo y todo lo que has descubierto que saben hacer en este disco. Tiene una armonía vocal y una estructura de canción de pop perfecta. Y de rock. Y de punk. Y de post-todo lo anterior. I lost myself again. Save me from me, I’m found, I’m found, I’m found repite Joe Talabot. Se encuentra, cómo no, en el ruido de “Gratitude”, rozando el final del disco aprovechándolo para dar el discurso de agradecimiento más gamberro y riffero de la historia, marca de la casa.

Con el epílogo de “Monolith” se cierra esta aventura llena de volantazos que parecieran dirigidos por David Lynch, donde cada camino elegido parece ser el correcto y donde los que se acerquen a la banda por primera vez podrán ver su esencia sin que suene a producto caduco y, los que llevamos con ellos desde el principio disfrutamos de una nueva cara del amor: la de la apertura de miras del que escribe y de los que escuchamos.

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