Dieciséis años llevan ya los colegas del CanelaParty liando el taco, y año tras año consiguen superarse un poco más, darle un plus a su fiesta que ya, por derecho propio, ha pasado de ser una fiesta de disfraces a tener, sin despeinarse, uno de los mejores carteles de toda nuestra geografía si lo que te va es el “rock independiente”.
Tras muchos años queriendo visitar el festival, instigado por mis colegas, el año pasado pude al fin desvirgarme. Todo fueron grandes recuerdos, o no, pero este año tenía que repetir. Un festival donde todo gira en torno a la música y el ambiente festivo. Nada de stands de patrocinadores. No te hacen trenzas, ni te maquillan, ni te regalan la última bebida de una multinacional, allí se va a escuchar música. Tras presentar la distribución por días hace meses el cartel organizado para la jornada del viernes era un caramelo irrechazable, y tras varias piruetas y regates de última hora pude embarcar el viernes a la hora de comer en un tren que me dejaría en la capital de la Costa del Sol con el tiempo suficiente para coger el correspondiente cercanías, llegar a Torremolinos, abrazar a los amigos y correr al recinto justo cuando Lisabö comenzaban a descargar toda su mala leche. Sí, no pude llegar el jueves. Me quedé con todas las ganas de ver el espectáculo del Frente Abierto con Israel Fernández y Lela Soto, a Viva Belgrado con el público a su favor, Slift o comprobar si realmente Big Thief son tan buenos en directo como me dicen sus fans.

Pero venga, a la turra del viernes, que tuvo de todo. Lisabö cumplieron. Esto que podría ser bueno para algunos grupos para los de Irún no. Quizás sea la vez que peor sonido han tenido de todas las que los he visto (y han sido unas cuantas), lo que unido a un Karlos con menos voz que de costumbre me dejó un regusto agridulce, más si recuerdo su bolazo de hace pocos meses en la sala Shoko de Madrid. Pero al César lo que es del César: magnífico apoyo a Palestina con una bandera ocupando todo el fondo del escenario consecuentemente escenificado con el no lanzamiento del clásico confeti durante el último tema de cada artista.
Con el cuerpo pegajoso, gracias una humedad que ha sido la nota más desagradable de todo el fin de semana, tocaba moverse unos pocos metros para ver más de cerca a Militarie Gun. Los buenos comentarios leídos tras su paso por nuestro país de la mano del Primavera Sound en junio se quedaron ahí. El concierto careció de pegada y sintonía con el público. Apenas con el cierre de la pegadiza “Do it faster” consiguieron que me despertara. Lamentablemente con Cloud Nothings la cosa tampoco iba a mejorar, y eso me dolió. Las dos veces que había podido verlos recuerdo sus directos sin respiro, con un ritmo frenético y pogos continuos. Puede ser que la pérdida de un guitarra en su formación, y por consiguiente en los directos, les haya rebajado algo la energía. Quién sabe. En su cita malagueña cierto que el repertorio no fue el mejor. Eso de centrarse casi en exclusiva en su último disco fue algo bajonero, y más si te cruzas el Atlántico para dar tu único concierto en un evento como el Canela. Por suerte sí que hubo algo de brillo con “Stay Useless”, pogueada a bien, “I’m Not Part of Me” y el brutal cierre con “Wasted Days”.
El cuarto concierto consecutivo fue el de Wednesday. Una nueva oportunidad de disfrutar de las bondades de su Rat Saw Good tras presentarlo en el Primavera Sound 2023. Si en aquella ocasión sufrieron de lo lindo con el sol, en esta la caída de la noche se agradeció, y temas como “Hot Rotten Grass Smell”, “Bath County” (menuda joya), “Got Shocked” o “Bull Believer” sonaron con toda la mala leche que requerían, dejando entrever ya que el escenario Jarl iba a ganar al Fistro en cuanto a sonido se refería. Mención también a su aplaudido discurso en favor de Palestina.

Parada técnica para reponer energías mientras Protomartyr actuaban y así coger con ganas a Metz. Si no me fallaba la memoria hacía nueve años que no me ponía delante de los canadienses. Demasiado tiempo, lo sé. Por suerte los de Ontario (banda que más veces ha actuado hasta la fecha en el festival) ofrecieron el mejor de los conciertos de mi breve experiencia canelera. Desde aquí un beso y un abrazo al técnico de sonido que exprimió al máximo el escenario, y otro para los músicos que lo dieron todo. La ya manida expresión del rodillo es la que no para de venirse a mi cabeza mientras intento darle sentido a estas líneas. Los temas de su “accesible” Up on gravity hill fueron dinamita en directo, y los clásicos “Get Off”, “Headache” o “The Swimmer” sonaron para volarnos la cabeza. Dudaba si tocarían la chiclosa “A Boat to Drown In” y fue la última. Más no les podía pedir. Que no pase tanto tiempo para volver a verlos.

Todavía con el subidón en el cuerpo tocaba coger buen sitio para ver al que fue uno de mis hypes el año pasado: Model/Actriz. Podría decirse que fueron los causantes de mi asistencia al festival tras no poder verlos en su visita el año pasado al Primavera Weekender y hace un par de meses en el Primavera Sound. No sabía qué esperar de su directo y finalmente resultó ser una fiesta de lo mas divertida. Es verdad que lo que predomina en Dogsbody son los aires oscuros e industriales, pero en directo Cole Haden, jefazo, canaliza toda esa energía para crear una pista de baile increíble. Bajándose a cantar, bailar y besar al público casi desde la primera canción Haden se erigió como el frontman del CanelaParty 2024 y sus compañeros como unos escuderos de primera. Ese directo en sala deber de ser una locura.

La mítica jornada del sábado, “El Día de los Disfraces”, volvió a ser duro en cuanto al calor y humedad. Hasta que el sol nos comenzó a bajar no se pisó el recinto. Que si una carreta de rocieros, una parada de bus anclada en la puerta, mucho olímpico suelto… la imaginación de los asistentes es digna de admirar, y que las bandas sepan jugar también con los disfraces pues se agradece, pero tan solo las nacionales. Se ve que este año los extranjeros tuvieron pocas ganas de broma. Así, Cala Vento rindieron homenaje a tu hit “Ferrari” para salir encorsetados con sendos monos de la escudería italiana. Su concierto sirvió para repasar su discografía provocando un pogo casi continuado dentro los tres cuartos de hora que tocaron. Desde la mencionada “Ferrari”, pasando por “Un buen año”, el homenaje a Sr. Chinarro con “Del montón”, “Abril”, “Teletecho” o su nuevo himno de cierre, “Conmigo”, con Joan volando sobre las cabezas de los asistentes. Sinónimo de fiabilidad, al igual que Triángulo de Amor Bizarro. Otros que salieron disfrazados: Rodrigo de Leiva, Isa de Ayuso (volvió a recordarnos a su época cañera contra Esperanza Aguirre) y Rafa de vete tú saber, pero su peluca duró apenas un tema. Los gallegos, inmersos en terminar la gira de Sed para comenzar a celebrar sus dos décadas de carrera, dieron un concierto rocoso, tirando más de sus dos últimos discos pero con algún guiño al pasado como suele ser habitual. La dupla “Barca quemada” y “De la monarquía a la criptocracia” es por méritos propios de los mejores cierres de conciertos que se pueden disfrutar en un concierto. En el Canela el éxtasis fue exponencial.

Antes del pitote de los gallegos pudimos ver unos voluntariosos Home Front con sus post-punk, por momentos gritón, o unos Superchunk apostillando el tópico de que la veteranía es un grado, y que muchas de las bandas que han pisado en algún momento el festival han bebido de ellos. Aprovechando la gira de 30º aniversario de Foolish no faltaron clásicos de la talla de “Driveway to driveway” o “The first part” nada más arrancar, pasando por otros hits como “Skip Steps 1 & 3”, “Throwing Things” o canciones más cercanas en el tiempo como “On the floor”.
Me llamó bastante la atención la apuesta de Crack Cloud, banda que el año pasado con los problemas meteorológicos tuvo que cancelar su concierto. El colectivo canadiense, con una imagen relacionada con su reciente álbum Red Mile en la pantalla, desarrolló su heterogénea propuesta con toques kraut que, si bien en un primer momento desconcertó, finalmente caló siendo una sorpresa más que positiva.
Con las fuerzas justas llegué al concierto de Sheer Mag. De veras lo siento pero no conecté en ningún momento. Mucho cliché, mucha buena intención pero cero daño. Quizás no fuera mi momento. Todo lo contrario que Ibibio Sound Machine, que sin esperarlo montaron una fiesta funk de lo más llevadera. El último concierto que te pudieras imaginar en un Canela, pues sí. Hubo incluso una conga que se paseó por las primeras filas.
Cuando Show Me The Body salieron a tocar la fiesta y la humedad del 85% ya habían podido conmigo. Tocó retirada. ¿Hasta el año que viene? Ojalá.
Fotos por Javier Rosa y José Andrés Albertos.

