Crónica del Kalorama Madrid 2024: sobreviviendo al gafe

Por El Último de la Fila 0

Parece que los últimos intentos de montar nuevos festivales en la capital no vienen con un pan bajo el brazo sino con una buena tormenta. Ya lo sufrió el Primavera Sound en su primera y única edición el año pasado, teniendo que cancelar su primera jornada, y este verano le ha tocado el turno al Kalorama Madrid; ese evento confirmado para reajustar el cartel de su hermano portugués tras la cancelación del Cala Mijas el pasado mes de abril.

De primeras el recinto de Ifema a finales de agosto no era el lugar idílico que uno piensa para poder disfrutar de tres jornadas que, en su apartado musical sí lucían la mar de apañadas. Eso a pesar de un cierre descafeinado de cartel tras la cancelación de The Smile, el interesante proyecto de Thom Yorke y su compañero en Radiohead Jonny Greenwood. Aún así, el poder disfrutar de la gira conjunta de Death Cab for Cutie con The Postal Service, ver a LCD Soundsystem en Madrid 17 años después, Massive Attack, The Prodigy, la pujanza de Raye o Peggy Gou, Ezra Collective o Jungle, hinchados como cabezas de cartel, bien merecía el esfuerzo de pasarse por el parking de la feria de muestras.

Sea porque aún no habían regresado de sus vacaciones o porque el tiempo parecía torcido, la jornada del jueves mostraba un aspecto algo desangelado en cuanto a público. Unas 8.000 personas se congregaron para disfrutar del que a mi modo de ver era el mejor de los días. El primer plato que nos llevamos a la boca, sin poder llegar antes, fue el de The Kills. Con su último disco, God Games, publicado hace casi un año, el dúo se dedicó a desgranarlo en gran medida mientras iban intercalando alguna que otra referencia al pasado, terminando con su celebrado “Future Starts Slow”. Siguen pasando los años y sus discos y me siguen diciendo lo mismo: nada.

Sin embargo los siguientes en aparecer, Death Cab for Cutie, sí que me hicieron sentir algo de cosquilleo; el propio de poder disfrutar de uno de los discos que más escuché su momento: Transatlanticism. Desde que los viera algo de pasada en la carpa del lejanísimo FIB 2001, presentando The Photo Album, no había podido estar enfrente suya, y el jueves pasado pude quitarme una espinita a medias. Sí, el disco es genial y en el directo se podía recoger todo ese cariño que condensa, sin embargo el sonido al comienzo fue demasiado tibio (vamos, que podías hablar con quien fuera a tu lado sin gritar) y por otro lado la interpretación careció de un mínimo de cercanía. El grupo salió, tocó, el disco en correctísimo orden, y se fue. Ben Gibbard apenas comentó una anécdota sobre una de las canciones (que si “Passenger seat” tenía que ver con las primeras relaciones sexuales en un coche) y pedió que esperásemos unos quince minutos hasta que saliera con su otro proyecto, The Postal Service. La lluvia hice un leve acto de presencia pero no dio algún toque épico. Les faltó alma.

Con The Postal Service el público sí que vibró más. El aire festivo de Give Up, con la noche más entrada, hizo que el respetable corease gran parte de sus temas. Es cierto que tocar los discos de principio a fin en orden le quita algo de magia al asunto, y más cuando los dos grandes pilares del mismo, “The District Sleeps Alone Tonight” y “Such Great Heights”, son los que lo abren. Al menos aquí regalaron una interesante versión del “Enjoy the silence” de Depeche Mode.

El productor francés Folamour sirvió como interludio entre el doblete de Gibbard y el gran plato del día: LCD Soundsystem. House fresco y bailable que para muchos fue la banda sonora mientras se buscaba un puesto de comida.

Para cuando llegó la media noche éramos bastantes los que llevábamos esperando un buen rato la salida del bueno de James Murphy y su séquito, salida que se produjo bajo las notas de “Real Good Time Together” de Lou Reed. El ansiado regreso del grupo a la capital, como decía antes, 17 años después fue la constatación del dicho “el que tuvo, retuvo”. Lección magistral de una banda engrasadísima, con una precisión a prueba de bombas, con un repertorio que pisó sus cuatro álbumes de estudio. “You Wanted a Hit” y “Tribulations”, como arranque de una fiesta que se alargó más de una hora y media, sonaron intensas, sobre todo el celebrado single de su debut de 2005. Intentando darle continuidad a la fiesta, coronada como de costumbre por una enorme bola de discoteca, Murphy apenas dedicó algunos agradecimientos al público con varias presentaciones de sus compañeros de escenario. “Tonite”, de su último LP American Dream (2017), se enlazó con la coreada “I can change”. Hubo momentos para volver al pasado con “Yr City’s a Sucker” o “Daft Punk Is Playing at My House” o a un presente prometedor si nos guiamos por su último single de 2022, una “new body rhumba” inesperada por mi parte, pero disfrutada como si fuera un clásico de los estadounidenses. “Dance Yrself Clean”, con su singular organillo, la emotiva “New York, I Love You but You’re Bringing Me Down” y “All my friends”, tema que en directo gana por mil, pusieron el broche a un concierto sobresaliente.

El viernes fue un día gris para el Kalorama, ya que si el jueves la lluvia hizo acto de presencia de manera casi anecdótica, al día siguiente una fuerte tormenta provocó el cese de la música cuando casi estaba acabando el show de un Yves Tumor tirado al rock glam con múltiples pregrabados, ocupando el lugar que debería haber usado Fever Ray, cancelada pocas horas antes. Pensando que aquello serían cuatro gotas mal contadas dejó a los asistentes calados y a una organización reaccionando con rapidez facilitando la entrada a uno de los pabellones de Ifema. El problema fue que muchos decidimos salir del recinto y buscar cobijo fuera, vamos, irnos a casa a cambiarnos por completo. Cuando la música volvió al recinto pasada casi una hora desde su suspensión (se suspendieron los conciertos de raye y Soulwax) yo me encontraba en la otra punta de la ciudad paseando a mi perro sobre un asfalto seco mientras los más valientes pudieron disfrutar de, al parecer, otro alocado show de The Prodigy. Es lo que tienen las tormentas de verano. Además de unos pocos de litros de agua sobre mí también me llevé otro directo anodino de Gossip. Fuera de sus dos celebrados singles, el grupo de Beth Ditto carece de todo interés.

El sábado decidí, ya sin problemas laborales, pasarme pronto por el recinto. Los neoyorquinos Monobloc se ganaron el interés de los más madrugadores con su pop-rock con un cierto aire a unos The Strokes más épicos y menos bailables. Ya desde estas primeras horas el caudal de gente se notaba bastante mayor que el de las dos jornadas previas. Una marea humana que hizo que la experiencia festivalera no fuera tan cómoda: largas colas para pedir en barras o en los baños, así como en la pequeña zona de comida. Ojo, que el festival no permitía la entrada de comida como ya lo hacen otros tantos.

Los británicos Ezra Collective pusieron la nota bailable con su jazz fusionado. Una apuesta que les ha servido para llevarse el año pasado el Mercury Prize, y el pasado sábado a una buena legión de nuevos oyentes. Nunca bajarse a tocar al público es mala decisión, y con su espectáculo se dio fe de ello.

Si la lluvia del viernes provocó la cancelación de Raye al menos el sábado el público pudo disfrutar de la propuesta soul de Olivia Dean, una de las artistas emergentes del género en tierras británicas. Buenas sensaciones, tanto de los temas de su debut Messy como de algún nuevo single como “Time”.

Desde la famosa espantada que provocaron en el Mad Cool 2018 uno va con pies de plomo a un concierto de Massive Attack. No sabes por dónde pueden salir o qué setlist ofrecerán, puesto que desde que nos sorprendieran con su EP Eutopia en 2020, nada nuevo hemos podido llevarnos a la boca. Pero dicho esto, tengo que afirmar que este fue de las mejores veces, si no la mejor vez que he podido disfrutar de su directo. Un espectáculo con un claro mensaje político: criticando explícitamente toda la masacre de Israel al pueblo palestino, no desde hace unos meses, si no desde hace ya casi medio siglo. No faltaron referencias a la guerra en Ucrania o teorías conspiranoicas mientras iban desglosando buena parte de su mejor material: ya no solamente los grandes temas de Mezzanine como “Inertia Creeps”, “Teardrop”, “Risingson” o “Angel”, pasando por otros clásicos como la imborrable “Unfinished Sympathy”, “Karmacoma” o la inesperada presencia de Young Fathers (ojalá hubiesen actuado ellos durante el festival) interpretando “Gone” y “Voodoo in My Blood” del magnífico EP Ritual Spirit, así como “Minipoppa”. Un espectáculo audiovisual cuidado al milímetro y donde la presencia de Elizabeth Fraser de Cocteau Twins fue más que celebrada en distintos momentos de la noche, pero sobre todo en “Song to the Siren”, aplaudida versión de Tim Buckley, padre del mítico Jeff Buckley. Sin temor a equivocarme fue el CONCIERTO del festival.

Tras semejante terremoto espiritual el jolgorio de Jungle fue algo imperceptible. La verdad es que nunca me han parecido gran cosa, un grupo de 3 o 4 singles y poco más, pero el público presente se lo gozó a tenor de las reacciones a cada canción que los británicos presentaban, con lanzamiento de balones hinchables incluido. Al menos la guinda de “Keep Moving” moló.

Tras ellos fue el turno de Sam Smith, pero el cuerpo no dio para más y tocó retirada, esperando que una cita la mar de interesante en su propuesta musical pueda asentarse en el calendario estival, solventando algunas deficiencias, y poniendo alguna que otra vela para que en el caso de haber una segunda edición las condiciones climatológicas sean más propicias.