Los Sara Fontan tienen algo hipnótico. Aún recuerdo cuando los vi por primera vez en directo, en el AMFest 2019: nada más terminar el concierto tuve claro que necesitaba volver a verlos. Por cómo suenan, por esa forma de comunicarse más allá de las palabras, por esa música que surge, que va más allá de etiquetas y de cajones estancos, que parece llevarte a un espacio propio al que jamás habías llegado, en el que no habías profundizado. La sensibilidad más original.
Algo que originalmente sólo se podía vivir en directo, pero que el año pasado cambió. Los Sara Fontan publicaron su primer disco, Queda Pendiente (Aloud Music / Gandula Discos, 2023). Diez canciones fascinantes que no dejan de crecer en directo, tanto aquí, en cualquier sala o en el Monkey Weekend, en el Encobert, el Tangent… como más allá de nuestras fronteras, como ha ocurrido en el ArcTanGent del año pasado, el Sharpe Festival o el Haldern Pop.
¿Próximo reto? Un concierto inspirado en una de las obras icónicas del expresionismo alemán, Fränzi ante una silla tallada de Ernst Ludwig Kirchner. Será el próximo viernes 20 de septiembre en el Museo Thyssen (Madrid), dentro de la programación Momentos Alhambra | Tardes Thyssen 2024.
Una buena ocasión para descubrirlos si es que aún no los has escuchado. Mientras, te invitamos a hacerlo a través de esta entrevista que les hicimos a Sara Fontan y Edi Pou.
Recuerdo que allá por 2018 escuché hablar de Sara Fontán por primera vez. Fue en el Sound Isidro, en un concierto en la sala El Sol en el que actuabas con Za! y con 13 Year Cicada. Pero eras tú sola. ¿Cómo surge el convertiros en dúo, en Los Sara Fontan, y cómo ha ido evolucionando?
Sara: Surge porque él y yo teníamos un grupo en ese momento, que era Big OK, con Paul Fuster, y más allá de ese grupo, yo tocaba sola. Y hubo momentos de «oye, acompáñame, yo sola ahí…», « bueno, pues toca esta canción, uno o dos…»… Hacía una colaboración, por cercanía, por intentarlo, pero eran realmente mis canciones. Y cuando se acaba Big OK fue como que esta energía, de tocar en grupo, si ahora yo sigo tocando sola, esto no lo tengo por ningún lado. Entonces ahí fue ya un poco más de intentar hacer un híbrido, de lo que era Big OK y lo que era Sara Fontán, y juntarnos para poder… pero es de ahí.
De nuevas parece que choca, sobre todo cuando se lo cuentas a alguien que jamás te ha escuchado que es tocas el violín con pedales, pero porque siempre pensamos en el violín con una concepción clásica. Y no precisamente un violín eléctrico, que la verdad es que cuando los veo me cortan un poco el rollo.
Sara: El instrumento es el instrumento pero es que no lo han hecho bien, porque las guitarras eléctricas son preciosas, y lo ves como otro instrumento. Los violines han quedado como muy feos. El instrumento es tan bonito en sí, estéticamente, y lo tenemos tan metido. Un violonchelo, un violín, que tardó tantos siglos en conseguir ese instrumento que de repente se queda como… bueno.
Sería más cómodo para muchas cosas que fuera un violín eléctrico.
¿Y cómo llegaron los pedales?
Sara: Pues poco a poco, por culpa vuestra, de ti (señalando a Edi) y del Pau. Hacíamos el Caballo Ganador, que es una orquesta de impro donde hay alguien que conduce la impro. Y en los ensayos, el Pau, el otro Za!, dijo «tía, prueba, enchúfate aquí». Era más su rollo experimental, y era como «si esto lo probamos con un violín…» Y aquello fue como «uuuh, espera un momento, aquí puedo tener otro instrumento».
Claro, porque cuando te escuchamos tocar es como si hubiera varios, porque se van sumando capas.
Sara: Se abrió una galaxia completa. El primer día que me enchufó un delay, un DD-7 que aún uso ese pedal, fue como «¡hostias!». Entonces durante muchos años tocaba solo con un pedal con grupos. Y luego ya me puse una distor y empezaron a echarme de los grupos. «Tía, estás haciendo mucho ruido, quieres hacer tú tus cosas, haz tus cosas…», «no, no, yo no quiero hacer mis cosas, yo quiero tocar aquí, pero hacer mis cosas aquí», «ya, pero esto no está encajando…»
Y sí, yo toco el violín que es un instrumento impuesto: funciona así, se toca así, y se hace así. Entonces los pedales es como que te creas TU instrumento, a tu medida, con tus necesidades. Entonces primero tienes uno y luego crees que necesitas. «Me gustaría tener este sonido». Entonces pruebas. «No, este no me funciona, lo quito, voy a probar con este otro». Y muchos colegas, guitarras, me iban dejando. «Ah, este no hace lo que yo necesito». Y ahí hasta tener dos instrumentos.
Realmente es mucho más complejo lo de los pies que lo de las manos. Toco cosas que me son cómodas de tocar, no me complico especialmente la vida con el violín, pero con los pedales sí que tengo que concentrarme mucho más, porque es un poco más aleatorio.
Edi: También hay que ser mucho más preciso.
Sara: Sí, pero con el violín igual. Ya es otro recorrido de precisión que ya lo tenía asimilado, que con los pedales fue un aprendizaje más poco a poco.
¿Entonces qué nivel de improvisación hay? Porque hay que veros de cerca, para ver esa complicidad que se genera sobre el escenario. Esos gestos que marcan ese paso más allá.
Edi: Totalmente. Creo que, si buscáramos una analogía con un juguete, sería como que nos construimos nuestra casa, con nuestras carreteras, con lápices, y cada vez que tocas una canción te construyes tu propia estructura. Entonces, ¿cómo cruzas la calle que está hecha con lápices a la derecha? Pues mirándonos de «venga, ahora, más flojo, más fuerte, o voy a seguir, voy a continuar unas vueltas más con esto, o corto ya».
Sara: Claro, de ahí esa complicidad. La improvisación está ahí, en la duración
Edi: En la dinámica.
Sara: Establecemos un lugar y aquí encima cuánto rato estamos. Más o menos tienes una percepción del tiempo, pero hay veces que el público estar superengrescado y es como «vamos a darle tres vueltas más a esto, que están bailándolo». El otro día, en Elektra, no sé cuándo, lo estiraste, lo estiraste, y fue como «vale, vale, porque el público estaba superdentro». La estructura es entre 2 y 6, y fueron 9, porque estamos con esa atención.
Edi: Ya no hay, que sí que la había cuando Sara estaba sola. Había más improvisación libre.
Claro, porque siendo dos puede llegar a ser un desastre.
Sara: Sí, sí. Porque cuando tú empezaste a tocar los temas eran los dos últimos, que eran los más cerrados. Porque yo al principio me hacía un guion que era como «impro sobre no sé qué». Ni armónicamente, ni de tempo, ni de melodía: sabía lo que iba a hacer. Era utilizar estos dos recursos.
Edi: Y que iba a durar dos minutos.
Sara: Lo que sí me ponía era un reloj, para saber más o menos. «Porque esto el público creo que lo va a aguantar, no más de cinco minutos».
Claro, porque en la impro puedes caer mucho en tú estás buscando, estás buscando, y te olvidas un poco del otro. Así que sí me lo marcaba, como «esta parte a ti te gusta mucho», o «esta parte te aburre mucho pero porque ya has hecho muchas impros sobre ella». Pero el que ha venido hoy, nunca lo ha oído, así que dale cuatro minutos, dale un poco de tiempo, no te quedes en un minuto y medio por tu propio aburrimiento, sino que dale espacio. Pero ahora ya en la impro, hay muchos solos.
Edi: La duración, la dinámica…
Sara: Sí, con eso jugamos.
Edi: Cambios juntos de este rollo.
Sara: Sí, porque «me has marcado un cambio imposible, no sé ni dónde está el 1, quiero cambiar ya». Me entra un impetú a veces de «ya, fuera, lo siguiente». Y bueno, también hay que leer al otro.
Un día le hablaba a un amigo de vosotros y le pasé vuestro vídeo en Betevé. Y antes de escucharlo me preguntó que cómo definiría vuestro sonido, que qué hacíais. Yo dije que música total. Y tras escuchar el disco sigo pensando lo mismo.
Sara: Exacto, exacto, hacemos música. No hay un género, hay muchos. Si te pones a ponerle etiquetas a cada canción, tampoco sé si es el objetivo.
Edi: Es que nos atraviesan muchos estilos distintos. Venimos de mundos distintos, y entonces hay esa voluntad de explorar muchos estilos y que a ver cómo intentamos aplicar esto que nos gusta, con nuestros instrumentos, con nuestras limitaciones, a ver qué nos sale. De repente, hacer una versión de un clásico de la ópera a intentar hacer algo más kraut.
También es que, como todo sale a partir de la impro, en el local, tampoco hay tanta perspectiva de vamos a hacer este estilo, sino que vas tocando y es «hostias, me ha salido un… pseudorreggeaton».
Sara: Es un poco escuchar hacia dentro. En vez de imponerte, de decir «tengo un grupo de punk y vamos a hacer punk», pues no, es que ahora me sale una música así. Abrazar también lo que uno tiene dentro, por sacar sin limitarlo. Que sí, que a veces yo tengo un pensamiento de «buah, es un caos, de no hay una línea» y pienso en pintores, en Picasso por ejemplo, de tuvo una época así, luego otra.. Y nosotros estamos con todas a la vez, todo el rato, que lo mismo dentro de unos años podríamos rehacerla y colocar todas la minimalistas, todas las electrónicas, todas las más jazzeras-rockeras, todas las emotivas… Pero creo que va más por cuestiones emocionales.
Más allá de la improvisación, también hay en Los Sara Fontan esa indagación que va más allá de la música. Algo que se puede apreciar en lo que hacéis con Cocanha y Tarta Relena.
Sara: No, no, ahí no hay nada de improvisación, ninguna. Bueno, yo hago. Quiero decir: hay una serie de drons, que sé que yo hago esa nota y cómo lo filtro, pues me lo invento por qué no. Pero siempre hay que vigilar muchísimo, con las voces… Ahí sí que hay que tener un cuidado con los otros, por lo menos por mi parte, que soy muy de venirme arriba y las tipas me miran con cara de «me estás cambiando la afinación».
Hay que vigilar otro tipo de cosas, de «vale, puedo filtrar este sonido mientras no les cambie la afinación, no sea muy ruidoso, lo es donde está pactado que lo sea» Es muy complejo afinar sobre esa bases que no hay: ellas cantan todo a capela, las Tarta Relena sobre todo, porque Cocanha llevan sus timbales, que les marcan un bordón muy claro, y ahí hacen sus polifonías.
Edi: Ha sido bonito este proyecto también porque cada uno ha aportado su forma de ver la música. Porque teóricamente sobre el papel hacemos cosas muy distintas del resultado final: las Tarta cantan a capela, Cocanha hacen folk renovado pero con instrumentos folk y voz y ya está, y nosotros texturas, música que no sabes muy bien de qué época es y si pertenece a una tradición o a otra. Pero bueno, ahí está la parte más matemática mía, la parte más textural de Sara, la parte de recoger repertorio folk de las Cocanha, y la parte más de la precisión y el preciosismo vocal de las Tarta Relena… y así, todo juntado, ha sido un proyecto muy bonito, y un proceso que también lo es.
Nos hemos entendido mucho, hemos aprendido mucho a currar con más gente, a escucharse.
Sara: Claro, sin imponer. Porque nadie decía que quería hacer su música, eso no ha pasado. Surgían ideas, se compartían, se probaban… Hay que ceder mucho sin tener la sensación de que cedes, sino de que estás aprendiendo, intentando generar algo conjunto.
Y ya después de esta experiencia llega vuestro primer disco Queda pendiente (Aloud Music, 2023). ¿Cómo surge después de vuestra decisión inicial de que Los Sara Fontan sólo existían en directo? Un grupo de los que no quieres perderte ningún concierto porque de alguna manera querías volver a escucharlos una vez los descubres.
Sara: Pues por eso, para que te lo puedas escuchar en casa.
Edi: Es uno de los motivos.
Sara: Para que no quede sólo en el recuerdo, para que no sea tan efímero, porque ya después de años de haber probado el funcionamiento sin grabar, que ya ves que funciona, que se puede hacer, pues por contradecirnos. Hasta aquí hemos llegado con esta idea, la hemos explotado hasta donde ha sido emocionante y donde nos excitaba hacerlo así. Y ya tener una casa donde hemos podido grabar, hacernos mayores, no tener hijos, algo hay que dejar, nos vamos a morir, quién va a tocar esto luego…
Que alguien lo pueda escuchar cuando yo ya no lo pueda tocar, o yo ya lo no quiera tocar porque también hay mucho del repertorio que era Sara Fontan, ese híbrido entre Sara Fontán y Los Sara Fontan, eso no existe ya. Tú lo tendrás en tu recuerdo pero no está grabado, no existe. Entonces cuando ya todas las canciones están compuestas por los dos tenía mucho más sentido, de «sí, ya somos un grupo». Esto ya tiene otro tipo de estructura, las improvisaciones están en otro lugar.
Edi: Exacto. Tiene más sentido grabar porque antes era cómo grabamos esto, esta cosa tan improvisada, tan informe. En cambio, yo creo que las canciones, las músicas que estamos haciendo más últimamente sí que tienen más una estructura que puede ser capturada. Esta casita de muñecas ya la puedes grabar: una versión, tiene un sentido. Quizás, de la otra forma, tendríamos que haber grabado y editado cada directo, que cada uno era de su padre y de su madre.
Y porque al fin y al cabo siempre podrás improvisar en directo de alguna forma, según como sientas al público.
Sara: Sí, y siempre texturalmente. Mis pedales no los llevo cuadrados, con midis, presets… yo lo hago manualmente, entonces nunca sabes bien bien cómo va a sonar. Hay mucha memoria de cómo están los botones colocados, y esto sigue siendo una parte muy improvisada. Los delays nunca están igual, la sonoridad va mutando un poco dentro de que, claro, lo vas concretando poco a poco.
Más allá del sonido, el siguiente reto es el título, Queda pendiente. Te paras a pensar sobre él y es pura polisemia. Puede ser una cuesta, lo que está por hacer, lo que puede surgir…
Edi: Totalmente.
Sara: Es eso.
Edi: Se nos ocurrió precisamente por eso, por la polisemia que dices. Hay varias explicaciones que nos gustan. Una, por esa sensación que tenemos todas las personas que viven en este mundo, de esa situación de nunca llegar a todo lo que tienes que hacer: siempre queda algo pendiente. Por otro lado, era una cosa que quedaba pendiente, que nunca habíamos hecho un disco y esa sensación de que todo lo que íbamos haciendo se diluye y después qué queda de lo que hemos hecho durante estos últimos cinco años. Podíamos darle un formato físico a ese recuerdo. Y después a nivel de civilización, de esa sensación de que vamos cuesta abajo, de que vivimos tiempos póstumos, de crisis climática, de guerras, de crisis…
Sara: De crisis de valores, de crisis de todo…
Edi: Y que no parece que veamos el final sino que la pendiente sigue.
También pensaba en que era una pendiente vuestra, de cómo vuestros inicios sólo eran en directo a ese momento en el que parece que queda pendiente que se queden con vuestro nombre, con ese ansia por veros.
Sara: Pero eso era supermotivador. Era precioso porque cuando íbamos tocando y alguien venía no porque lo hubiera escuchado en una entrevista sino porque alguien se lo había dicho. Se generaba como una comunidad muy bestia de «he confiado en el criterio de mi amigo que me ha recomendado que venga», y ese «joder menos mal que he venido porque me lo ha dicho no sé quién…» Es un subidón particular porque no es tu criterio sino el de alguien que te lo ha dicho: entonces se genera como una confianza entre humanos muy bonita.
Y lo sigue siendo, se mantiene. Ahora lo que pasa es que hay gente de «ya os he visto y he vuelto, pero vuelvo con otro amigo…» Lo bueno es que ahora al amigo de turno le pueden decir «escúchatelo». Puedes hacerte una idea pero sí, yo creo que hay que vernos en directo.
Siempre vais más allá. No hay más que ver el juego y el dibujo de María Medem con el que lanzasteis el primer adelanto del disco. ¿Cómo surgió esa idea?
Sara: Era algo que hablábamos con Sergio. «Sí, hay que sacar un single, ¿vais hacer un videoclip?» Ahí sí que no estábamos… Y de repente fue «pues hagamos un juego». Que la gente tenga que hacer un test y que tengan que dedicarle ni que sea un mínimo de atención porque si no al final es como en Instagram, que consumes un trozo y ya está.
Bueno, pues por lo menos van a tener que saber cuáles son nuestras preocupaciones. Volcamos toda una serie de ideas, que también lo hace la gente con sus videoclips, con sus letras… Así que al obviar todo esto es como «bueno, nosotros también le damos a la sesera de otra manera». Y entonces, lo colocamos así y p’alante.
Edi: También es una forma de presentar esta música más acompañada, poner ese contexto como decía Sara. Después de que se subieran las canciones a las plataformas, hacer una cosa fuera de ellas que está guay y aprovechar todos los recursos que tenemos a mano en internet y no sólo ceñirse a la dictadura del streaming en Spotify, que es una herramienta útil pero hay muchas otras, que no dependen sólo de una gran empresa.
Sara: Y que vas poder jugar siempre. Puedes entrar ahora y echarte una jugadita a ver qué te sale.
Y eso que hay preguntas que cuestan, porque muchas veces te quedas pensando en cómo te ves a ti misma. Es un juego autorreflexivo.
Sara: Claro, pero tienes que elegir, te tienes que posicionar. Parte del juego es eso. Hay preguntas que de repente lo ves muy claro, porque tú eres aquella respuesta, pero hay otras que son como «ah, yo soy todas esas respuestas». Tienes que tomar un decisión, porque todo en esta vida no se puede tener, tomas la decisión y tiras para allá.
¿Y cómo fue la experiencia con la ilustradora María Medem?
Edi: Fue muy bonito el proceso con ella, porque entendió muy bien la propuesta.
Sara: Que no era fácil.
Edi: No es fácil, ni es típica. Ella hizo una ilustración para cada una de las canciones que elegimos del disco, y también si las miras de forma seguida es como una viñeta también, una historia.
Sara: Sí, lo intentas, vuelas, caes, y bueno, ya me tranquilizo, es como un salto así al vacío. Ella lo entendió muy rápido, la verdad. Porque esto fue por Instagram: «hola María, somos Los Sara Fontan, queremos hacer un juego…» bueno, o no sé cómo le escribí, y contestó, ah, vale, estupendo, este es mi teléfono, hablamos un día y vemos hasta donde podemos llegar y cómo lo podemos hacer. Y tal cual, porque no nos conocíamos
Edi: Fue precioso ver cómo alguien con su talento pone en papel, en colores y en formas una música. Ver cómo se imagina una canción, qué guay.
Sara: Bueno, le dimos en cada canción, porque sí que escogimos nosotros las cuatro canciones, palabras. «En esa canción para nosotros es esto y esto», adjetivos para que ella pudiese conectar lo que representaba sonoramente aquello, porque igual esto también es tan amplio…
Pero sí, a mí me sorprendió cuando vi que había una historia, porque le dije que lo mismo molaba generar un pequeño relato, y lo generó.
Un pequeño relato que cuando ves la última viñeta, según como tengas el día lo ves de forma diferente.
Edi: Sí, ahí también está la polisemia.
Y seguimos hablando de la polisemia, de los títulos de las canciones, de dónde venían, qué significaban. “Ío”, “JJ.OO”, “Cuerno de Alce”… Miles de sugerencias que surgen y que merece la pena descubrir poco a poco, sin mediación de ningún tipo. Por eso lo mejor es que lo escuches, que juegues con lo que plantean en su web, que vuelvas a escucharlo, y sobre todo, no perder ninguna oportunidad de ver a Los Sara Fontan en directo.
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Foto de portada: Tamara de la Fuente.
