Frank Carter y sus The Rattlesnakes se plantaron este lunes en la sala Mon de Madrid para lo que en un principio parecía, cuando se anunció la gira, un concierto de presentación de su último álbum Dark Rainbow (International Death Cult, 2024), y que se acabó convirtiendo en una despedida tras conocerse el cese de actividad del proyecto hace un mes. Los británicos ponen fin a una carrera que en nueve años ha parido cinco álbumes, pasando de un enérgico debut, Blossom, hasta esta última obra donde parecen coquetear con los aires de los Arctic Monkeys de Suck it and see.

La noche arrancó fuerte con unos Kid Kapichi que ya fueron sus teloneros en la visita a la misma sala allá por 2019. En esta ocasión venían con su tercer LP There goes the neighbourhood, el cual exprimieron bien para la escasa media hora de la que dispusieron. Jack Wilson, frontman carismático donde los haya y vestido con una camiseta del Real Madrid que dijo que le había costado más de cien euros, se mostró bastante activo y comunicativo. Entre bromas por ser demasiado británicos o proclamas por una Palestina libre (muy celebradas), descargaron una repertorio bastante directo: “Let’s Get to Work”, “Rob the Supermarket”, “Can EU Hear Me?” o la celebrada “Smash the Gaff” para cerrar. A ver si para su tercera visita a nuestro país son ellos los principales y podemos ver cómo se las gastan con más tiempo, porque tienen un pintón de lujo.
Llegadas las nueve de la noche hicieron acto de presencia con la cálida “Can I Take You Home”. Al núcleo duro de seguidores parecía no molestar ese cambio de sonido que con el paso de los años la formación ha ido trabajando. Una toma de contacto para seguir adentrándonos en el ‘oscuro arcoiris’ de su último LP con “Honey”. El ya mencionado aire oscuro de ‘los monos’ se hace patente en temas como este, el cual hizo que el ambiente de la sala se caldease. A Frank se le notaba sueltecito, tomando temperatura y “Tyrant Lizard King” fue el paso previo a su siempre recurrente bajada al público para ya prenderle fuego a todo. Si a las primeras de cambio como quien dice teníamos a Carter en medio de la sala pidiendo el mayor “mosh pit” posible el personal no pudo resistirse. Empujones, saltos alrededor suyo mientras caían “The Drugs”, “Kitty Sucker” o la mítica “Devil Inside Me”, donde no dudó en auparse entre el público para regalarnos uno de las instantáneas de la noche.

Unos instantes para tomar aire, que Frank se subiese al escenario, y se pusiera a congregar a todas las chicas que quisieran disfrutar de un pogo exclusivamente femenino mientras tocaban “Wild Flowers”. No fueron pocas las que quisieron sumarse a la iniciativa.
Podría parecer que el ritmo bajaría pero la vitaminada “My Town” siguió con las revoluciones por todo lo alto. Al igual que sus compatriotas teloneros, Carter no dudó en apoyar la causa palestina contra el genocidio que están sufriendo. Llegados a este punto nos acordamos de otros “inconformistas” como Sleaford Mods que en su momento se pusieron de perfil en este sentido cuando visitaron La Riviera hace un año.
Con “Self Love” y “Brambles” mostraron su cara más domesticada, en esta última aprovecharon para que nos mirásemos entre nosotros y bailásemos con nuestras parejas o personas allegadas. Momentos de pausa para el arreón final con las flechas del amor de Cupido (“Cupid’s Arrow”), la coreada “Lullaby” o la emotiva “Thunder”. Todo pasó muy deprisa. Llevábamos una hora raspada y el grupo tenía ganas de seguir exprimiendo el tiempo. Sin la típica salida del escenario para salir al momento, encararon el cierre con Dean de nuevo a los teclados en “Man of the Hour”, para encender de nuevo al público con “Crowbar” y sobre todo con una “I Hate You” cantada casi en su totalidad por el respetable. Una despedida por todo lo alto; un hasta siempre para uno de los proyectos más icónicos de la escena punk británica de la última década.
Galería de Frank Carter & The Rattlesnakes en Madrid










